El utilero…

Futbolistas, cuerpos técnicos, dirigentes, hinchadas, son los nombres que “salen” enseguida cuando a alguien se le pregunta por los protagonistas de un espectáculo futbolístico, aclarando que estamos hablando de esto en épocas normales y no en esta que estamos atravesando, donde en lo primero que pensamos en el Covid, pandemia, a puertas cerradas, testeos y tantas cosas, mucho más ligadas a la salud que al juego en sí.
Dejando de lado la situación que atravesaños, queremos destacar que ayer, 10 de noviembre, se celebró el Día del Utilero, en reconocimiento a quienes cumplen una función tan silenciosa como importante.
Son esas personas que suelen estar muchísimos años en un mismo club, sin importar quien dirija la comisión directiva, que pasan muchas horas realizando las tareas, la cual muchas veces no se limita a lo ocurre dentro de los límites del campo deportivo, sino que se lleva a la casa, donde ponen en marcha el lavarropas para dejar impecables las prendas utilizadas durante el fin de semana.
Es de esos trabajos que, sin amor, no se pueden realizar de la mejor forma. Porque el utilero es, en la gran mayoría de los casos, simpatizante del club donde cumple su labor, tanto o más que cualquier otro porque los jugadores no siempre llevan en el corazón los mismos colores que la camiseta, los dirigentes cumplen su ciclo y en más de un caso no siguen en funciones directivas, los técnicos no duran tantos años… pero el utilero siempre está.
Lejos de querer destacar a unos sobre otros, en nuestro medio hay dos que merecen un lugar en un hipotético “podio” de los utileros, por la cantidad de años que hace que están, por identificarse plenamente con el club donde se desempeñan y por representar cabalmente esta profesión, que no es solamente encargarse de preparar botines, medias, pantaloncitos y camisetas.
Es “renegar” para recuperar todas las camisetas porque se corre el riesgo de no tener el juego completo para el próximo partido, es hacer rendir al máximo lo que tiene a disposición para que alcance para todos, cuidar cada elemento para que dure mucho tiempo, es también aceptar ciertos requerimientos de algún jugador, mimando un poco a cada uno de sus futbolistas para que a la hora de salir a la cancha se sientan los mejores vestidos del planeta.
Cuando hablábamos de esos dos utileros, nos referimos a Miguel Marcantoni, de Newbery, y Fabián Folli, de Argentino, personas que siempre encontraremos en el estadio de lunes a lunes. Hay muchos que hacen esa labor y nombraremos a algunos más para reconocer la labor de todos: José María Galeano en Juventud, Tito Velázquez en Boca y Valentín Franco en El Huracán.
Sabemos que es odioso empezar a dar nombres porque nos están faltando unos cuantos, pero preferimos nombrar a unos cuantos, a modo de ejemplo de lo que significa ser utilero. Esa persona que en rarísima ocasión aparece en una crónica deportiva pero que, sin dudas, es una parte muy importante de la estructura de un club deportivo.

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