Darle a los niños drogas psiquiátricas es veneno, no tratamiento

Escribe: Thomas Szasz (*).
Cuando las autoridades escolares le dicen a una madre que su hijo está enfermo y se le tiene que administrar drogas, ¿cómo va a saber ella que eso es simplemente una mentira? ¿Cómo va a reconocer esa madre que lo que los «expertos» llaman «deficiencia de atención por trastorno de hiperactividad», simplemente no es una enfermedad?

Ahora bien: tal madre no es una experta en la historia de la psiquiatría; ella no sabe que los psiquiatras han utilizado durante cientos de años términos médicos, de diagnóstico, para estigmatizar y controlar a la gente.

Les voy a dar unos cuantos ejemplos dramáticos: Cuando en EEUU los esclavos negros del sur se escapaban corriendo por su libertad, no es que corrieran porque querían ser libres, no... ¡Ellos sufrían de una enfermedad llamada «escapemanía»! por la palabra «escapar», deseos de huir de la esclavitud, y la palabra «manía». No lo estoy inventando; fue un diagnóstico legítimo, tal como lo es hoy el «trastorno por deficiencia de atención».

Las mujeres, que constituyen la mitad de la población de la humanidad, si fueran lo suficientemente «tontas» como para rebelarse en contra de la dominación del hombre, bueno... pues tendrían una enfermedad muy seria llamada «histeria», originada en un desorden del vientre. Ninguno de estos comportamientos fueron nunca una enfermedad. Por supuesto que no son una enfermedad, así como tampoco lo es el «trastorno por déficit de atención».

Ninguna conducta, ningún comportamiento impropio puede ser una «enfermedad». Eso no es lo que las enfermedades son. Así que no importa cómo se comporte un niño; no hay nada para examinar. Si está enfermo, bueno... entonces debe haber una ciencia objetiva relacionada con ello, que puede ser diagnosticada por un médico y con pruebas objetivas. Esa es la razón por la que cuando vas a un médico te sacan sangre y te hacen rayos X. Ellos no quieren oír nada acerca de tu comportamiento.

Cuando yo iba a un médico en mi escuela, hace sesenta años, sólo había un puñado de enfermedades mentales. No creo que hubiera más de seis o siete. Ahora existen más de trescientas, y cada día se «descubren» otras nuevas.

Etiquetar a un niño como mentalmente enfermo no es más que estigmatización. Darle a los niños drogas psiquiátricas es veneno, no tratamiento.

Durante mucho tiempo he mantenido la convicción de que el psiquiatra de infantes es uno de los más peligrosos enemigos, no solamente para los niños sino también para los adultos que creemos y nos importan las dos cosas más preciosas y más vulnerables de la vida: los niños y la libertad.

Ahora bien: pregunto de nuevo, ¿cómo los padres podrían proteger a sus niños de un Estado Terapéutico basado en una alianza entre el Gobierno y la psiquiatría? Básicamente, pienso que en el análisis final, sólo podrían hacerlo desengañándose a sí mismos; deshaciéndose de la idea de que el quejarse, la infelicidad o el comportamiento inapropiado del niño, signifiquen que está teniendo una enfermedad mental. Por supuesto que hay muchos de estos niños, y en efecto, todos los niños tienen estas cosas en algún momento; pero no están enfermos. Es absolutamente falso, y lo que ellos llaman «tratamiento» es simplemente una mentira.

Las enfermedades son «mal funcionamiento» del cuerpo humano, bien sea del corazón, de los riñones, del cerebro y cosas por el estilo. La fiebre tifoidea es una enfermedad; todos saben eso y no se lo cuestiona. La «fiebre de primavera» (spring fever, alude al incremento estacional del apetito sexual) tampoco es una enfermedad; todos sabemos que es una frase coloquial. ¡Es una metáfora! Un pequeño pedazo de poesía. Pero ahora parece que ha dejado de serlo; ahora todo es una enfermedad...

La tarea que tenemos hoy para combatir la coerción psiquiátrica es muy importante. No todo el mundo piensa así; por lo menos no lo hace la cantidad de gente que sería necesario. Por eso es una tarea noble, una tarea que debemos llevar a cabo sin importar los obstáculos que se nos presenten. Debemos perseverar.

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El autor:

(*) Thomas Szasz nació el 15 de abril de 1920 en Budapest, Hungría. Fue profesor emérito de psiquiatría en la Universidad de Siracusa en New York, crítico de los fundamentos morales y científicos de la psiquiatría, y uno de los referentes de la antipsiquiatría. Es conocido principalmente por dos de sus libros: «El mito de la enfermedad mental» y «La fabricación de la locura», un estudio comparativo de la inquisición con el movimiento de salud mental, en los que planteó sus principales argumentos. Co–fundador de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos (CCHR), un organismo de control de la salud psiquiátrica y mental. Fue profesor emérito, autor de 35 libros orientados hacia la crítica de la psiquiatría y la industria de la salud mental. Para más información, visita http://www.cchr.org.

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