Mal de los rastrojos – Antecedente de epidemia y comportamiento social

Escribe: Ana Anderson.
Rojas, 30/03/2020

Mal de los rastrojos – Fiebre hemorrágica argentina. Antecedente de epidemia y comportamiento social.

Entre los años 1956 y 1964 aproximadamente, Rojas y su zona se vieron azotadas por una enfermedad viral con una mortalidad de aproximadamente un 30 por ciento que, después se descubrió, transmitían los roedores, y que con los tratamientos adecuados de acuerdo a las patologías de cada paciente, disminuyó al 3 por ciento.

Las autoridades provinciales decidieron enviar desde La Plata a un equipo de investigadores a trabajar para combatir la epidemia. Así llegaron mis padres a Rojas, con otros tres profesionales.

El doctor Jaschek, el doctor Guarinos, el doctor Palatnik, el doctor Anderson ( mi papá) que era químico especializado en sangre y la doctora Kienzelmann de Anderson (mi mamá), bioquímica.

Según me contaron, fueron años de trabajo sin horarios y sin descanso. Los profesionales tuvieron que ser alojados en las habitaciones de la planta alta del hospital, donde años antes vivían las Hermanas que asistían al hospital, porque ya ni siquiera podían volver a sus casas. El personal del hospital aprendía, se involucraba y dejaba su vida atendiendo y asistiendo a los enfermos. Se sumaron cantidad de valiosos voluntarios también.

Sin darse cuenta, organizaron un equipo ganador y, a pesar de las vidas que no pudieron salvar, la epidemia fue vencida y con los años hasta se llegó a tener una vacuna.

También sé que en el año 1963 (cuando yo tenía cinco meses), mis padres, Jaschek, Guarinos y Palatnik, participaron en un congreso de enfermedades tropicales en Rio de Janeiro. Allí pudieron intercambiar sus trabajos con científicos rusos que habían tenido una epidemia similar. En años posteriores, siendo yo una nena de cinco o seis años, recuerdo a mi papá armando charlas con diapositivas y proyector para recorrer pueblos como Vedia, Lincoln, Laboulaye, que compartían con Rojas su misma matriz productiva, trabajando en la prevención para combatir al roedor, porque casos aislados de la enfermedad, aún existían. En aquel momento lo que todos entendieron es que era fundamental la prevención.

Muchos recordarán esos tiempos donde la solidaridad invadió nuestra sociedad; es buen momento para contarles su experiencia a sus hijos y nietos.

Hoy, con las tecnologías modernas y gracias a un mundo hiperconectado, podemos prevenir la tragedia.

Hoy es al revés. La prevención la tenemos que hacer ya. Tenemos que ordenar nuestras necesidades y prioridades, hacer una lista y tratar de salir una vez por semana, y tomar los recaudos de higiene al llegar a casa (desinfectar productos, ropa, zapatos y lavarnos bien las manos). De ese modo, el virus dejará de circular entre nosotros.

Hoy el aislamiento es la mejor vacuna.

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