75 años después, «Pandemia» Fernández quiso mandar al peronismo de vuelta a casa y no pudo

El gobierno pretendió desactivar la presencia popular en las calles con un jueguito «online» y el movimiento obrero le respondió con una movilización masiva.


Ayer fue 17 de octubre; se conmemoraba nada menos que el 75° aniversario del nacimiento del peronismo; y a pesar de que el gobierno encabezado por Alberto Fernández –al que ya muchos apodan «Pandemia»1, aludiendo al principal soporte político de su gestión– pretendió mantener a sus bases entretenidas con un jueguito «online» –la plataforma «75 octubres»–, fueron otra vez, como en 1945, los obreros sindicalizados quienes tomaron masivamente las calles y ratificaron que son actores políticos reales, no informáticos.

La convocatoria para desactivar la presencia del peronismo en las calles partió desde el más alto nivel del gobierno nacional. «Este 17 copamos las redes», difundían por sus cuentas de Twitter, Facebook e Instagram los principales funcionarios del gobierno de «Pandemia», entre ellos el Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y el ministro del Interior, Wado de Pedro, instando a la utilización de la plataforma «75 octubres».

Sin embargo, dos motivos conspiraron contra la voluntad desmovilizadora del gobierno. Una, que un ataque informático inutilizó la plataforma con la que se pretendía mantener a los sectores populares en sus casas jugando al peronismo; y la otra, mucho más importante: que numerosas organizaciones sindicales, sociales, barriales, etcétera, decidieron que no iban a regalar la conquista del espacio público lograda hace nada menos que setenta y cinco años, y la movilización se realizó con autos, camionetas, camiones, colectivos, bicicletas y motos, puestos de choripán y de «merchandising» justicialista, tal como es tradicional en este sector político–social.

El gobierno, así como la cúpula del Partido Justicialista, reaccionaron rápidamente. Nadie podría acusarlos jamás de ser lentos de reflejos. Así, convirtieron discursivamente al fiasco en un acto de apoyo. Pero puertas adentro se sabe perfectamente que, esta vez, la alternativa expresada por Eva Duarte de Perón se inclinó hacia «con la cabeza de los dirigentes».

La movilización central fue en Buenos Aires, pero hasta allí llegaron delegaciones de muchas provincias del país y, por supuesto, de ese conurbano desde el que el 17 de octubre de 1945 emergieron los «cabecitas negras», «el subsuelo oscuro de la Patria«, los «descamisados», los trabajadores y obreros industriales que así le daban vida a este particular laborismo argentino. Hoy, cuando la moral burguesa ha enchastrado prácticamente a toda la sociedad; días en que consumir parece lo único importante, y en que la política ha quedado reducida a elegir cada dos años una boleta en la góndola de ofertas electorales de un shopping, los trabajadores vuelven a meter una cuña en el suave girar de los engranajes del discurso hegemónico.

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1: Pese a lo que puede leerse en muchos lugares sobre la «desgracia» que le ocurrió a Alberto Fernández, cuando muy poco después de asumir como presidente de la nación fue declarada una pandemia y «debe gobernar en ese contexto», la realidad es que esa pandemia es el principal soporte político de su gobierno. El estado de excepción dispuesto fue lo que le permitió continuar con procesos antinacionales y antipopulares iniciados durante la gestión de Mauricio Macri, algo que muy probablemente no podría haber logrado tan fácilmente, de haber continuado viva la política. A saber:
–Reconocer la monstruosa deuda externa acumulada entre 2016 y 2019, más de la mitad de la cual fue saqueada y fugada del país. Los «aplaudidores profesionales» debieron conformarse con el lastimoso argumento de que los acreedores otorgaron algunos meses de gracia para empezar a pagar.
–Congelar las tarifas de los servicios públicos. Esto es exactamente así: las tarifas fueron «congeladas» en valores siderales, que nada tienen que ver con costos de producción ni con razón económica alguna, sino con la decisión del gobierno de Macri de sustraer de la sociedad todos los recursos que fuera posible, a fin de que funcionarios gubernamentales y sus amigos empresarios especularan en la timba financiera y, finalmente, se hicieran de los dólares que luego se llevarían a sus paraísos fiscales (ver punto anterior). En criollo: siguen robándonos lo mismo; no se les permite incrementar el botín.
–Continuar deteriorando los ingresos de la población. Mientras las empresas han gozado de todo tipo de beneficios, se les ha permitido aumentar sus precios y precarizar las condiciones laborales de su personal, los incrementos promedio de los salarios ni siquiera alcanzan a la inflación. Los precios suben, incluidos algunos regulados por el Estado como los combustibles o los de artículos de primera necesidad (vía incremento de los «precios máximos de referencia»); así, el ingreso de la población en general se reduce en términos reales cada día más.
–Y varias más, relacionadas con el modelo de país que este gobierno intenta imponer (o mejor, intenta dejar que impongan), que será tratado en otra oportunidad.

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