El diagnóstico está, falta la cura…

Días pasados el Club Boca Juniors publicó en las redes sociales una propuesta verdaderamente interesante, a través de la cual propicia acciones que tienden a reducir y, si fuera posible, eliminar la violencia de los espectáculos futbolísticos.
La intención es obviamente muy saludable, y aunque poder llegar a ver los resultados puede demorar bastante tiempo y hacerse difícil, todos los protagonistas del deporte deben realizar su aporte en pos de que las jornadas deportivas sean eso y no que, de pronto, un partido de fútbol se transforme en una contienda pugilística.
Bajo el lema de “Fútbol sin Violencia”, la directiva xeneize propone implementar un sistema de sanciones para jugadores, cuerpos técnicos, hinchas y simpatizantes que protagonicen o sean partícipes de hechos de violencia dentro y fuera del campo de juego en cualquiera de las intervenciones de los planteles que representen a la institución.
En una sociedad donde somos “hijos del rigor” ya que por la vía de las palabras no siempre terminamos de entender las normas, el club estipula normas disciplinarias que van desde la suspensión del ingreso a la institución para dirigentes, socios, hinchas y simpatizantes, como el adicional de suspensiones a aquellos jugadores y cuerpos técnicos que sean sancionados por el Honorable Tribunal de Disciplina de la Liga Deportiva de Fútbol por participar en hechos de violencia dentro de las canchas (la pena adicional será de exactamente la misma cantidad de fechas otorgadas por el tribunal).
En la voluntad de cada entidad estará la clave para adherir a esta iniciativa ya que si a un futbolista el HTP le aplica, por ejemplo, cinco fechas de suspensión por algún hecho de violencia, su entidad difícilmente otros cinco partidos sin jugar, con la ventaja deportiva que ello significaría.
Pero estas composiciones de lo que podría pasar son solamente eso y puede ocurrir que realmente se tomen esas medidas. Quizás una forma de desalentar la violencia dentro del campo de juego sería pedirle al Tribunal de Penas que aplique las penas máximas, poniéndose bien riguroso especialmente cuando los comportamientos inapropiadas vengan de los dirigentes, que deben ser los primeros en dar el ejemplo, o de los simpatizantes, a quienes les “dolerá” más que a nadie que su estadio sea suspendido o que el club reciba una fuerte multa cuando los simpatizantes se porten mal.
Boca destaca en su comunicado que “con esta medida, se busca contribuir al terrible flagelo que vive hoy nuestra sociedad y que se ha transformado en una verdadera bomba a punto de estallar sin distinguir estrato social, ni de edades, ni sexo”.
El diagnóstico está. Es inocultable que la sociedad está enferma de violencia, pocos toleran la diferencia con el vecino y de las palabras a la agresión hay una barrera muy finita, con un grado tal de intolerancia que cualquier chispita basta para encender un gran incendio.
Seguir opinando de esto le correspondería a sociólogos, psicólogos, psiquiatras y vaya a saber cuántos especialistas más, pero está más que claro que todos debemos aportar un granito de arena. Los futbolistas, los dirigentes, los hinchas, los periodistas, la conducción de la Liga… todos podemos hacer algo para apuntalar esta plausible propuesta de Boca, que es lo que todos queremos, sin dudas.
Cual enfermo que es atendido y diagnosticado, sabemos lo que nos pasa. Es hora de ponerse a hacer algo y empezar a generar acciones que propicien las buenas conductas, el respeto y el saber que un resultado de un partido no es algo sustancioso, solamente un momento de felicidad o de bronca en el devenir de nuestras vidas, donde las cosas verdaderamente importantes pasan por otro lado…

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