Así, no…

El domingo futbolístico en nuestra ciudad ha dejado un episodio de esos que siempre debe consignarse, del mismo que tiene que ser calificado como grave, y repudiable desde todo punto de vista que tenga con el fair play o la caballerosidad deportiva.
En el duelo entre Jorge Newbery y Carabelas, cuando se jugaba el tiempo de descuento, se produjo una gran batahola entre jugadores y cuerpos técnicos de ambos equipos, que se trenzaron en una batalla que duró unos minutos y que quedará grabada en el recuerdo – malo – de quienes estuvieron en el estadio de Barrio Progreso y de todos los que aman este deporte.
La cuestión fue que tras la expulsión de un futbolista visitante, un player del banco de suplentes local saltó a la cancha y allí se inició una pelea que fue más allá de empujones e insultos y que tuvo patadas voladoras y hasta un protagonista con una severa conmoción que obligó a su hospitalización. O sea que no se anduvieron con chiquitas en cuanto a la magnitud de los golpes…
La reflexión que cabe hacer en este momento es que, como se dice, la violencia que impera en la sociedad se traslada a todos los ámbitos y hoy por una discusión de tránsito alguien termina muerto, o dos tipos se agarran a piñas por alguna cuestión que en otro momento solamente se hubiera arreglado con palabras y, por qué no, con un pedido de disculpas honesto. Ahora no, si no resuelve a las piñas parece que sirve, que esa es la única manera de resolver los entredichos.
No vamos a juzgar de quien fue la culpa, quien provocó el lamentable episodio en terreno rojinegro porque, como otras veces hemos planteado, no podemos hacerlo ya que no estuvimos en el lugar, aunque sí pudimos observar las filmaciones caseras de algunos hinchas, donde se puede apreciar, insoslayablemente, que la cosa se fue muy lejos de lo aceptable, si es que se puede aceptar algún tipo de violencia en el deporte.
De poco sirven los lamentos a esta altura y, si bien sería bueno que quienes golpearon reconocieran su error y pidieran disculpas en sus propios clubes y a los adversarios, debemos mirar para adelante y tratar de entender que esta no es la manera de resolver los diferendos. El fútbol se define por goles, por la calidad individual y la conjunción colectiva, no se trata de ver quien es el más fuerte. Para eso es más recomendable dedicarse a otros deportes, como el boxeo, para canalizar la furia de otra manera, aunque la esencia de esa disciplina tampoco es esa, porque más allá de darse trompadas arriba de un ring y hay reglas para respetar. Y no siempre los “bravos” abajo del cuadrilátero son buenos arriba…
La concurrencia de público a las canchas va en merma, un poco tal vez porque los equipos no se han reforzado como otras veces (obviamente producto de los problemas económicos) y los partidos no son tan lindos, y otro tanto precisamente porque para muchos pagar una entrada puede significar achicar gastos en cosas más fundamentales para su familia. Y si en vez de la pelota rodar se empiezan a brindar escenas de pugilato, entonces el rumbo empezará a tomar un camino muy lejos del que debe ser, con la consecuencia lógica de tener aún menor cantidad de espectadores.
Y si bien en los últimos años se han registrado algunos hechos parecidos, de menor, igual o mayor gravedad, el fútbol rojense no se caracterizaba por estas cosas, con lo cual hay que empezar a trabajar para volver a la calma y que cuando se hable de algo, que sea de resultados, de vencedores y vencidos en la contienda deportiva, no contar quien dio más trompadas o patadas voladoras…

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