Periodismo, información y chusmerío

Consumir las fantasías de un mentiroso puede producir placer; pero repetir tales falacias como si de verdades se tratase, suele rebajar al que comenta hasta los rastreros niveles de la gilada. Aunque más no sea por amor propio, y sin dejar de reconocer que leer boludeces puede tener su encanto, conviene ser cuidadoso y pensar antes de afirmar temeridades.

Periodismo, información y chusmerío

Unos cuantos años atrás, cuando este columnista cursaba la carrera de comunicación en la Universidad de La Plata, se hizo pública una encuesta por demás de curiosa: Había un diario, "Crónica", que era el más leído en la ciudad. Y también había un diario que ostentaba el menor grado de credibilidad entre la población: el mismo, "Crónica".

¿Cómo entender este fenómeno? ¿El diario más leído era a la vez aquel al que la gente menos le creía? Cabe sospechar, entonces, que el gusto de "la gente" no es tanto informarse, como leer historias llamativas, curiosas, paradojales, morbosas inclusive, antes que la aburrida verdad.

El placer que provoca leer fantasías no es algo que vaya a resultarle extraño a nadie: el éxito que a lo largo de los siglos han venido cosechando el cuento, la novela y otros géneros de ficción, relevan de la necesidad de demostrarlo.

¿Qué papel debería jugar el periodismo, entonces, en este marco aparentemente adverso? La respuesta es simple: el mismo de siempre. Informar y opinar, respetando los estándares de calidad como ha hecho a lo largo de toda la historia, a pesar de que los lectores medios (y algunos "periodistas", por desgracia) no conozcan tales mecanismos.

La existencia de un solo lector dispuesto a informarse con seriedad justifica el esfuerzo de ejercer cabalmente el periodismo, aún si por cada uno de ellos hubiera otros mil prestos a escuchar fantasías y a multiplicarlas como si fueran verdades.

PERIODISMO Y REDES SOCIALES VIRTUALES

Claro que este rol, el del periodismo serio, se ve hoy dificultado por verse obligado a actuar en el seno de una sociedad interconectada todo el tiempo a través de las redes sociales virtuales, un fenómeno que merece un párrafo aparte.

El significado de las redes sociales virtuales ha sido puesto en cuestión, por estos días, en nuestra ciudad. ¿Son un canal de información, proyectándose hacia un futuro en el que eclipsarán al periodismo? ¿O son puro pasado, una mera actualización tecnológica del antiguo y siempre execrable "chusmerío"?

Esta pregunta no será respondida aquí, pero vale dejar opinar a uno de los más reputados lingüistas del siglo XX: el italiano Umberto Eco. "En el viejo periodismo, por muy asqueroso que fuese un periódico, había un control. Pero ahora todos los que habitan el planeta, incluyendo los locos y los idiotas, tienen derecho a la palabra pública. La televisión ha promovido al tonto del pueblo, con respecto al cual el espectador se siente superior. El drama de las redes sociales es que han promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad. Es un problema muy grave, que aún no está solucionado", afirmaba Eco.

Las redes sociales virtuales no "estupidizan" a la gente; son neutras en ese sentido. A lo sumo, ponen en evidencia ciertas características de la sociedad que habían permanecido ocultas; como bien advirtió Nietzsche, "plantas propias de aguas cenagosas que no salen a la luz hasta que existe la ciénaga a la que pertenecen".

EL PROBLEMA Y LA SOLUCION

El problema expresado en el título, el de anteponer chusmerío a información, es algo que hoy en Rojas se manifiesta de la manera más cruda, agravada, inclusive, por el hecho de que existen chismosos que, utilizando formatos característicos de medios de comunicación y disfrazados de periodistas, confunden a la población con productos propios "del tonto del pueblo" elevados a la categoría de verdades. Internet permite esto, no así el medio impreso (tal lo afirmado por Eco).

La solución para enfrentar esto, lamentablemente, no está del lado del periodismo sino del suyo, señor, señora, señorita, joven que está leyendo esta nota. Si le produce placer leer fantasías, y no piensa tomarse el trabajo de constatar dentro de algunos meses si efectivamente sucedió eso que hoy le anticiparon que ocurriría, está en todo su derecho. Que lo disfrute. Pero tenga en cuenta que sólo usted es capaz de "filtrar" los datos que recibe, para determinar cuáles son los serios y cuáles los cuentos de hadas o de ogros.

Consumir las fantasías de un mentiroso puede producir placer; pero repetir tales falacias como si de verdades se tratase, suele rebajar al que comenta hasta los rastreros niveles de la gilada. Aunque más no sea por amor propio, y sin dejar de reconocer que leer boludeces puede tener su encanto, conviene ser cuidadoso y pensar antes de afirmar temeridades.

Gear SA

Clyfer