Manual de ayuda al suicida y al que pasea por la 45

...que vienen a ser más o menos la misma cosa. O bien: cómo a veces un absurdo puede ser caratulado como "una cuestión cultural".



La costumbre adquirida por muchos rojenses de pasear a pie o en bicicleta por la ruta 45 constituye de hecho una conducta suicida, más allá de que algunas miradas puedan catalogar a este absurdo como "una cuestión cultural".

El hecho concreto es que la 45 es una ruta provincial, esto es, una vía de tránsito interurbano rápido, que si bien aún es poco utilizada, ello se debe a que no ha sido terminada su pavimentación; pero todo indica que lo será pronto, con lo cual los riesgos aumentarán exponencialmente para quienes la confunden con un paseo público.

La ruta 45, como cualquier otra, consta de una cinta asfáltica por la que a duras penas pasan dos vehículos en sentidos opuestos, y cuenta con dos banquinas que no son veredas de plaza sino un área de emergencia que debería estar siempre despejada para poder cumplir cabalmente con su función.

La banquina es el lugar al que un vehículo "se tira", lo ocupa abruptamente ante cualquier tipo de contingencia que puede estar vinculada con cuestiones de tránsito, con problemas mecánicos, con la presencia de algún animal, o de un pozo... y muchísimas más. Obviamente, es deseable que en la décima de segundo en que ocurre alguna de estas emergencias, la banquina no esté ocupada por un vecino trotando.

El absurdo se ve potenciado por otra realidad: Rojas cuenta con un extraordinario espacio para la realización de actividades físicas como las que muchos desarrollan en la ruta 45: la Pista de la Salud. Es un lugar seguro, que tiene infraestructura, servicios, y todo lo que hace falta. En cambio, la ruta sólo ofrece riesgos, algunos serios que, como se ha dicho, se multiplicarán una vez que la pavimentación esté terminada y el tránsito se vea intensificado.

Esta realidad hace imprescindible el inicio inmediato de una campaña de concientización tendiente a explicarle a muchos vecinos de Rojas que una ruta y un paseo público presentan diferencias sustanciales, y que por una cuestión de salud, sobre todo, conviene utilizar a cada uno para aquello para lo que es más apto.

No sería raro que el absurdo de pretender que ir a correr a la ruta es "una cuestión cultural" terminara con reclamos de lomos de burro, cosas del tipo que, se sabe, suelen prosperar gracias a que la demagogia no le teme al ridículo. Ojalá que no.

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