A 25 años de regalarnos el glifosato, hoy nos trae el "chancho viral"


Felipe Solá planea festejar ese cuarto de siglo consiguiéndonos un problema nuevo. Pero debe quedar claro que la contraposición entre agroquímicos y ganadería industrial nos aparta del verdadero y necesario debate: el de una nueva matriz productiva.

Por:
Marcelo Tamasi.
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Faltan muy pocos meses para que se cumplan veinticinco años desde que el ingeniero agrónomo Felipe Carlos Solá, por entonces secretario de Agricultura de la Nación, firmara sin esperar ni los dictámenes jurídicos ni los técnicos la resolución 167/96 que autorizó la siembra en el país de soja transgénica resistente al glifosato. Un cuarto de siglo más tarde, justamente ahora, el mismo funcionario, en su rol actual de ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de la Nación, se apresta a "regalarnos" un nuevo problema: la instalación de incontables criaderos industriales de cerdos.

Las intensas discusiones que se dieron durante los últimos veinticinco años, en los cuales se transformó la agricultura en agronegocio y la producción de alimentos en multiplicación de capital, amenazan con reiniciarse ahora en torno de una nueva cuestión. No obstante, es imprescindible ser muy claro con esto: el debate sobre la soja o los chanchos está siempre referido a producción primaria, una trampa de la que los argentinos necesitamos escapar si es que queremos tener futuro.

¿QUÉ DICE LA CIENCIA?

Veinticinco años son muchos, pero no fueron suficientes para que la ciencia lograra establecer más allá de cualquier sombra de duda los daños que podría causar el glifosato. Existen estudios y comprobaciones que pretenden demostrar tanto su inocuidad como su peligrosidad, todos atendibles; pero la realidad es que no sabemos hasta qué punto existe riesgo en su utilización.

No obstante, lo que sí es una certeza es el problema causado por el volumen de uso al que se ha llegado. La enorme cantidad de glifosato que año a año es vertida al suelo constituiría de por sí una agresión, aun en el caso de que se tratara de un producto inocuo para la salud y el ambiente. La indefinición, por otra parte, nos obliga a pararnos en el peor escenario posible, no en el que hoy estamos (fingir que no pasa nada).

Sobre los chanchos tampoco hay todavía consenso científico; opiniones hay muchas, pero pocas certezas sobre los efectos que podría causar el hecho de aumentar la producción actual, de unos seis millones de animales, a los cien millones que se pretende.

Lo que sí está claro –y aunque no es una pregunta científica sino política igualmente debería ser tenida en cuenta–, es ¿por qué China pensó en trasladar su producción porcina, que practica desde hace décadas, a las antípodas?

La carne de cerdo es la más consumida del planeta; y en China se comen casi la mitad de esa producción. Ese país posee los criaderos que necesita para abastecer a su población, pero esto le ha generado múltiples problemas. Se sabe que varios de los virus que han causado pandemias provienen, precisamente, de los criaderos de cerdo. El más conocido es probablemente el H1N1, la "gripe A" o "gripe porcina"; pero hay varios más, algunos de los cuales son de descubrimiento reciente.

Por otra parte, es sabido que el año pasado los chinos perdieron una cantidad importantísima de animales (se habla de hasta 200 millones) por el avance de una enfermedad viral oriunda de África. Aparentemente, el país asiático ha decidido "tomar el toro por las astas" (o el chancho por la cola) y trasladar su producción porcina lo más lejos posible. Argentina, con el firmador serial de resoluciones Felipe Solá dispuesto a abrirles la puerta, podría ser uno de esos destinos. Para entender la magnitud de lo que se pretende, cabe mencionar que en China existen algo más de 400 millones de cerdos, y se planea criar en Argentina unos 100 millones. Una enormidad si se considera la magnitud relativa de ambos países en cuanto a superficie, población, etcétera.

¿NECESITAMOS "COMPRARNOS" ESE PROBLEMA?

La respuesta a la pregunta del subtítulo es: ¡No! El debate que arrastramos desde hace veinticinco años sobre "producción agropecuaria basada en insumos", y el que nace ahora sobre cría intensiva de cerdos en establecimientos industriales, en realidad constituyen la misma discusión: el modo de producción primaria.

Lamentablemente, si nos limitamos exclusivamente a debatir sobre producción primaria estaremos obviando el tema principal, que es la necesidad imperiosa de diversificar la matriz productiva del país. Por supuesto que es necesario definir cuál será la agricultura del futuro (toda vez que la "basada en insumos" está próxima a agotarse, según hay amplia coincidencia), y también una política ganadera. Pero esto no debe ocultar de ninguna manera la planificación y promoción de formas de producción acordes al momento actual, que combinen nichos industriales con desarrollo tecnológico, y fundamentalmente sean capaces de brindar fuentes de trabajo, algo para lo que la producción primaria es impotente.

Habiendo llegado a este punto, por favor, tratemos de evitar que se introduzcan en la charla los "36.000 puestos de trabajo" con los que fingen encandilarse ciertos promotores del proyecto "chancho viral". En la Argentina faltan 5.000.000 de puestos de trabajo; 36.000 son una insignificancia que de ninguna manera justificaría los riesgos de iniciar un tipo de producción cuyos peligros son desconocidos, y que es potencialmente catastrófico.

Qué va a pasar con la agricultura y la ganadería es algo que necesitamos definir, como país; pero mucho más necesitamos, como se ha dicho antes, planificar y promover otras producciones capaces de brindar trabajo y darle a la Argentina un perfil productivo superador del que muchos pretenden imponerle; el mismo que Belgrano ya criticaba hace doscientos años. Seguir confiando en la producción primaria como "salvación" del país; continuar exportando granos y carne mientras importamos productos tecnológicos, es lo que nos llevará al fracaso como nación. Y ese fracaso no será gratis; lo pagarán nuestros hijos y nietos con miseria, sufrimiento y muerte.

Clyfer

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