Imposible en terreno virtual, el teatro espera por el reencuentro


"Es muchísimo más amplio que la realidad; hay lugar para todos", sostuvo Victoria Boveri, actriz y directora que brindará capacitación en el TAFS (cuando se pueda).

El teatro no es una actividad que pueda realizarse de manera virtual; exige poner el cuerpo, y vincularlo con los del resto de la compañía e inclusive con los de los espectadores, cuya presencia es una exigencia propia de la disciplina. Por ello, el taller de formación que dirige Victoria Boveri y venía funcionando en el TAFS hasta que comenzó el aislamiento obligatorio, quedó paralizado y se prepara para volver con todo cuando las condiciones sanitarias lo permitan.

Este taller venía cosechando éxitos. Vicky Boveri está formada, y transmite su conocimiento, en el marco de la escuela creada por el maestro Raúl Serrano. La formación consta de tres niveles, y el primero se había desarrollado sin problemas durante 2019. El segundo nivel, con esos alumnos, comenzó el 1 de marzo, y cuando todo estaba listo para sumar un nuevo primer año, llegó la cuarentena, y con ella la suspensión.

Consultada sobre las características de su taller, que continuará ni bien se pueda, destacó Boveri que "estoy muy entusiasmada porque pudimos darle continuidad al grupo, que es lo que nos interesa desde el punto de vista formativo, y por ahí es lo más difícil de lograr. Es complejo que en lugares como Rojas esto se tome como una carrera, o como un trabajo; por ahí cuesta esa continuidad que necesita tener la formación. Pero estoy feliz de que el primer nivel completo haya pasado al segundo".

Sobre el encuadre pedagógico del curso, señaló Boveri que "es el de la Escuela de Teatro de Buenos Aires que dirige Raúl Serrano, donde yo me formé y también trabajé. Transmito esa metodología en tres niveles: el primero, inicial, para personas con o sin experiencia. Algunos pueden tener alguna experiencia, pero no en el método, por eso se incorporan aquí; y los que no tienen ninguna, por supuesto, éste es su nivel para comenzar".

¿Por qué suele ser tan difícil concebir que el teatro no es un pasatiempo, sino que puede convertirse en un modo de vida? "Por supuesto que la actuación es un trabajo; no es novedad. Tenemos un sindicato que tiene cien años. Claramente es un trabajo, pero eso por ahí no se entiende bien en las comunidades chicas. Cuando uno se forma y se dedica, es un trabajo y además, muy gozado. Dentro de la propia formación están incluidos los contenidos, con un trabajo físico determinado, cuestiones que predisponen al goce en lo que se está haciendo. Es un arte autónomo, y por ende, tiene que ver con lo estético, con lo poético, con lo visual y demás. Pero insistimos en la formación porque es la única herramienta que va a dar la real conciencia del trabajo que significa".

"Por supuesto que alguien podría decir que hace teatro para pasarla bien, para poder expresarse, y demás. Siempre digo, en las charlas informativas, que por supuesto que la van a pasar bien, van a transformar su expresión, pero no como objetivo en sí mismo, sino como parte de la formación técnica del actor. Va a ocurrir eso porque uno trabaja con su propio cuerpo, con sus emociones, con su existencia toda, la entrena y aprende. Y quiero hacer una salvedad: la idea es superar la discusión sobre el talento, si se lo tiene o no; el teatro es un trabajo, es una metodología, es el cuerpo y sus posibilidades, y esas posibilidades se entrenan. Es entrenable la atención, la concentración, la disponibilidad, el desarrollo lúdico, la interacción con los demás... y todos los cuerpos, de todas las edades y los tamaños, tienen lugar en esta actividad. No existe un cuerpo modelo. El teatro, como rama del arte, es un lugar muchísimo más amplio que la realidad misma, y por lo tanto hay lugar para todos los cuerpos. Nunca es tarde para aprender, para formarse, y para despuntar este trabajo tan gozado por quienes la realizamos. Tan gozada, porque nadie nos quiere pagar porque somos felices haciéndolo, y les parece que con eso bastara para alimentarnos. Nuestro espíritu, por supuesto que sí, pero es la lucha que tenemos. A través de la formación se llega a la concientización sobre eso. A la complejidad que tiene el teatro como arte autónomo", concluyó.

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