Hacia un cambio cultural que salve vidas


Instalaron un banco rojo en la plaza San Martín, en memoria de "las mujeres asesinadas por quienes decían amarlas".

Hay cosas que, de puro sencillas, pueden parecer intrascendentes o ineficaces; y, sin embargo, son útiles para el logro de algún objetivo.

El banco rojo instalado ayer en la plaza San Martín por la agrupación Vivir sin Violencia, en conjunto con los departamentos Ejecutivo y Deliberativo de la municipalidad, indudablemente es uno de esos actos sencillos pero útiles.

El asesinato de mujeres a manos de sus parejas –o ex– existen, y si bien no son el único tipo de crimen que se comete, y tampoco el más significativo en términos de cantidad, difiere de los demás en que obedece a una tipología, y por lo tanto es pasible de un abordaje que permita, inclusive, su prevención.

Este tipo de delito, sobre el que actualmente se considera el agravante de "femicidio" según la legislación vigente en la Argentina, existió y sigue existiendo, sencillamente, porque fue normalizado.

Hacia el siglo XIX, y primera mitad del XX, era "normal" que un hombre engañado, por ejemplo, ejerciera violencia sobre "su" mujer, e inclusive la matara. La ley lo sancionaba, pero la sociedad, no.

Hay que recordar que en esos tiempos, una mujer era poco más que un adorno en la vida de su compañero, y quizás menos importante para él que alguno de sus animales, como el caballo. Que posteriormente el gaucho se haya convertido de jinete en automovilista no cambió el fondo del asunto: la mina era "suya", él la mantenía, la cuidaba, y era su dueño. Propiamente, una mascota.

Claro que después, en pleno auge, el capitalismo industrial decidió que era una picardía desperdiciar a la mitad de la mano de obra con la que se podía contar, dejándola que se dedicara exclusivamente a su hogar y su descendencia.

Así, muchas mujeres emergieron de las cuatro paredes de su hogar y se integraron al mundo laboral, aunque no lograron de entrada que su nivel de explotación fuera similar al que sufría el hombre. De hecho, aún no lo consiguió: las mujeres continúan siendo más explotadas.

Pero lo que no cambió es la consideración de "normal" del maltrato, que inclusive puede llegar a la muerte. Las que salieron de su casa descubrieron que ya no eran sometidas únicamente por sus compañeros, sino que ahora, en la calle, sufrían lo mismo de parte del remisero, del cajero del banco, del colectivero, del kiosquero y hasta del ocasional transeúnte que les pasaba cerca.

HACIA UNA NUEVA NORMALIZACIÓN

Que la mujer se haya convertido en un actor más de la economía, la política y lo social, trascendiendo su antiguo papel de mero aditamento del hombre, dio el puntapié inicial para el cambio cultural que no sólo es deseable; también es inevitable porque se enmarca en la transformación del propio capitalismo, que ya no es industrial (aunque éste es otro tema de discusión).

La cuestión es que estos cambios culturales son lentos, y lamentablemente, el tiempo que pasa se mide en cadáveres. Por ende, es necesario ayudarlos, aportarle impulso a tales miradas nuevas, y en ese sentido avanza el banco rojo de la plaza (entre muchas otras cosas).

Está claro que los cambios culturales, la mirada de "lo normal", no se construye con leyes; y que la pretendida aptitud preventiva del endurecimiento de penas ya demostró ser un absurdo cada vez que fue convocada.

Por eso son valiosas estas iniciativas, como la del banco rojo; también otras que pertenecen a la misma agrupación Vivir sin Violencia, como la puesta en escena de la obra de Patricia Palmer "Mujeres que cocinan con huevos" (una comedia, llega a la conciencia por medio de la risa, quizás el método más efectivo que existe); y acciones realizadas por otras organizaciones, como publicación de material alusivo, charlas de concientización, actividades en escuelas, etcétera.

El "asesinato de mujeres a manos de quienes decían amarlas" se terminará, o al menos se convertirá en uno más de los de comisión eventual (dejando de ser norma), precisamente, cuando ya no sea "normal". Y en este sentido avanzan, acelerando el proceso, todas estas acciones de los grupos defensores de los derechos femeninos.

LA INSTALACIÓN DEL BANCO ROJO

El banco rojo fue instalado en la plaza San Martín durante un acto realizado ayer por la tarde, con la presencia de las integrantes de Vivir sin Violencia, del intendente Claudio Rossi, de otros funcionarios y concejales, y de muchas personas que se acercaron interesadas en participar.

Fue cortada simbólicamente una cinta, y hubo palabras de Rossi y de la titular de la entidad organizadora, Raquel Miguens.

Poco después la concurrencia se trasladaba al centro cultural Ernesto Sabato para presenciar una charla sobre el tema titulada "Violencia, una problemática que nos afecta a todos", brindada por la licenciada Adriana González (trabajadora social con posgrados en salud y comunicación; autora del libro "Violencia familiar, personas en riesgo").

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