"Lo que hicieron demuestra que pueden lograr lo que quieran"


En unas pocas semanas aprendieron una nueva disciplina, la ensayaron y clasificaron para un mundial. Veinte bailarinas de Everest se van a Punta del Este. Lo contó Marisol Benítez.

¿Puede alguien vivir dedicándose a hacer lo que quiere? La verdad, resulta difícil. Las personas que conforman la sociedad actual han sido formadas en un contexto que, se diría, casi que está diseñado para todo lo contrario.

Sucede que somos sujetos; y la subjetividad que nos constituye, si bien es producto de una gran cantidad de factores, obedece principalmente a unos pocos, determinantes, como son los medios de comunicación, la escuela y la familia.

Los medios no han sido pensados para formar a nadie, y de hecho, lo hacen únicamente como el resultado inevitable de su influencia cada vez más grande, pero reproduciendo el sentido común que es fruto de los procesos de normalización social: la "normalidad".

La escuela sí ha sido pensada para crear subjetividades... adecuadas para un sistema social, político, económico, cultural y productivo de un siglo atrás. Tal sistema comenzó a morir hace no menos de cuarenta años, y desde hace treinta, no existe más. La institución escolar, no obstante, continúa ejerciendo su rol disciplinador y represivo (el único que le resulta posible, por otra parte), con disfraces que se van adecuando a los discursos hegemónicos de época, pero sin cambiar aquello que en última instancia no puede ser cambiado porque está en sus genes,su estructura y su liturgia.

¿Qué decir, entonces, del rol de la familia, en el marco de semejante desconcierto? Que es desorientación pura, generalmente resuelta con la repetición de esquemas aprendidos de sus mayores, lo cual lleva a fracaso tras fracaso, toda vez que la realidad se encarga de desenmascarar cualquier ilusión. La escuela prepara para obedecer a quien ya no da órdenes; la "normalidad" social impone una cultura del trabajo imposible de ejercer en el capitalismo avanzado, cuya reproducción es financiera y no productiva; y los padres y madres, que aún en el peor de los casos sospechan que la escuela ya no sirve, que los medios de–forman, y que deben preparar a un niño–joven que se verá obligado a desempeñarse en un mundo incomprensible, improvisan tratando de resistir, en una batalla muy difícil de ganar. No es imposible, pero casi.

Sin embargo, muchos andan por el mundo escapando de esa trampa y ayudando a otros a que lo hagan. A veces por conciencia, otras por intuición; sea por lo que fuere, lo hacen. Avanzan en ese sentido.

Este comentario fue inspirado por palabras de la directora de la academia Everest, Marisol Benítez, en oportunidad de referirse a la posibilidad que pudieron concretar veinte chicas de esa institución, que irán a competir en un certamen mundial de danzas en Punta del Este, Uruguay. La competencia es de una disciplina diferente de la que estas jóvenes practicaron durante toda su vida; sin embargo, duros ensayos y un talento también natural pero principalmente adquirido, permitieron que fueran admitidas.

"Pasar de danza lírica a reggaeton no es sencillo, pero lo que hicieron demuestra que pueden lograr todo lo que quieran", dijo Marisol Benítez; y aclaró: "tuvimos que empezar a ensayar reggaeton, hacer un video, una clasificación vía online, fueron cuatro encuentros y clasificaron con ochenta puntos".

"Quiero recalcar que esto no es una actividad más, sino una forma de vida. Exige muchas horas de trabajo, de dedicación, y en los difíciles momentos que estamos viviendo las chicas están contenidas, están realizando algo que les gusta", enfatizó Marisol Benítez.

Pueden lograr todo lo que quieran. No es una actividad más. Por supuesto: es la actividad que las convierte en sujetos, la que da sentido a sus vidas. Las chicas no son "alumnas", son bailarinas; y destruyen, a sabiendas o no –tanto da– una de las fantasmagorías fundantes de la institución escolar: que uno es "un estudiante", que "se está formando" para vivir después, mañana, algún día, en otra vida, ¿quién lo sabe? Lo único cierto es que hoy, no. Estas jóvenes dan por tierra con esa falacia: son bailarinas, es lo que les gusta, y muy posiblemente seguirán siéndolo durante toda su vida. Al menos, si es que logran gambetear los estereotipos ya obsoletos que intentará imponerles la institución escolar, y los obstáculos que inevitablemente planteará la "normalidad" social a cualquier iniciativa propia, creativa, diferente de los dictámenes del sentido común. ("Agarrá la pala"; la síntesis perfecta del despropósito).

"Es un mundial; no es fácil llegar, pero nosotros estamos acostumbrados a trabajar mucho por lo que queremos hacer", ratificó Marisol Benítez. Bien por ella y por las chicas. De cosas como ésta, sin lugar a dudas, se nutrirán los nuevos modos de formar a las jóvenes generaciones, esas herramientas en las que en algún momento habrá que ponerse a pensar para reemplazar a las antiguas que, como fruto de su anacronismo, terminan produciendo más daño que beneficios.



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El Portal de Rojas aclara que esta nota es una interpretación propia de los dichos de Marisol Benítez, y de ninguna manera significa que ella comparta o esté de acuerdo con las opiniones vertidas.

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