Robo en calle Kennedy: ¿Comenzó la campaña?


El delito se suma a una larguísima lista de hechos de presumible "inseguridad preelectoral" ocurridos a lo largo de los años.

Un robo cometido este lunes en calle Kennedy entre Mitre y Perón, con todos los ingredientes necesarios para generar conmoción social, trae a la memoria innumerables casos similares, ocurridos a lo largo de los años, siempre en épocas preelectorales. Esto, que no es más que una hipótesis –sería imposible conseguir pruebas al respecto–, se ve, no obstante, sostenido por la abrumadora cantidad de hechos de inseguridad, siempre crecientes en momentos previos a una elección; a veces, delitos impactantes; otras, "olas delictivas" que colocan a la sociedad en un estado de zozobra permanente.

El Portal de Rojas ha creído conveniente traer a colación algunos de tales hechos, todos ocurridos en este siglo, y no con la intención de ofrecer una lista completa, sino con la de poner de manifiesto la nutrida seguidilla de "delitos preelectorales", una enumeración incompleta que, de acuerdo con los distintos "modus operandi" detallados, podría servirle a alguien más informado para intuir, al menos, los colores de las camisetas de los circunstanciales responsables.

La primera mención corresponde a la época del primer cambio de signo político de este siglo en Rojas (2003/2004). Se produjo un robo con violación a una pareja de ancianos, lo cual motivó la que quizás fue la marcha por seguridad más concurrida de nuestra historia reciente. Tuvo que asistir el jefe policial de entonces, comisario Jorge Muiño, a dar explicaciones (ya que en un primer momento la causa había sido caratulada "robo y lesiones leves".



Tiempo antes habían existido otros robos resonantes, previos a elecciones, como los cometidos en Molinos Cabodi, el banco Río (en pleno horario de atención), y en los domicilios particulares de los empresarios Ricardo Almar y Mariano Cela, entre otros.

El atraco al banco Río, cometido en marzo de 2003, fue paradigmático por su espectacularidad. Dos sujetos que habían llegado a bordo de una moto mediana ingresaron sin llamar mayormente la atención, a cara descubierta; amenazaron con un revólver al guardia privado y, tras advertir a los clientes y empleados que estaban en presencia de un robo, se apoderaron de dinero en efectivo y se dieron a la fuga circulando en contramano por la calle Mitre. En menos de dos minutos sustrajeron unos 3.000 pesos, que en esa época, si bien no era una suma enorme, constituía un botín atractivo.

El de Cabodi, perpetrado en septiembre de ese mismo año, fue parcialmente frustrado. Un grupo comando de seis personas ingresó a las oficinas, violó una caja fuerte a soplete y se apoderó de cuantiosos valores, pero fue sorprendido por la seguridad y se produjo un tiroteo. Dos de los malvivientes fueron capturados (uno de ellos, herido), mientras que los otros cuatro huyeron, llevándose 7.000 dólares y dejando abandonado un bolso con patacones y cheques. De haber logrado su objetivo, el botín habría ascendido a unos 357.000 pesos.



Dos años después, 2005 (año electoral, medio término), consignamos un caso en el que la violencia afectó a un colega periodista, Pedro Benítez, director del entonces semanario El Medio. Dos sujetos en auto, posiblemente llegados desde La Plata –según trascendería después– se hicieron presentes en su domicilio en horario nocturno para amedrentarlo. Como no estaba presente, averiguaron datos preguntando a su familia y luego salieron a buscarlo para amenazarlo. La intimidación incluiría, en distintos momentos, llamadas telefónicas y envío de emails.

El 2007, año de recambio de cargos ejecutivos, no dejó en nuestros archivos ningún caso puntual resonante pero sí, en cambio, una multitud de robos y hurtos en comercios y casas de familia, algunos con la modalidad de "escruche" y otros a mano armada, todo lo cual generó una gran sensación de inseguridad en la comunidad. Se produjeron reuniones y reclamos a las autoridades, que solicitaron –y obtuvieron– la llegada del Grupo de Apoyo Departamental y de la DDI para enfrentar la preocupante situación. El impacto social estuvo dado en esta oportunidad por la significativa multiplicación de casos.

En 2009, si bien las elecciones fueron puramente legislativas, tuvieron un significado político importante ya que fueron las primeras tras las movilizaciones del "campo" y los intentos por cambiar al gobierno peronista de entonces. Como se recordará, en la provincia de Buenos Aires, un hasta muy poco tiempo atrás desconocido Francisco de Narváez le ganaba al mismísimo Néstor Kirchner en las legislativas. Ese año tan convulsionado en la política no lo fue menos en lo relativo a la inseguridad: arreciaron los robos, sobre todo contra comercios; por ejemplo, algunos que tuvieron gran exposición mediática sufridos por Macarena González, sobrina de una ex funcionaria de amplia trayectoria –que luego sería también candidata a intendente, Graciela González–. Curiosamente, el comercio estaba ubicado en Kennedy entre Mitre y Perón. La situación motivó autoconvocatorias y reclamos al municipio y a la policía. Pero todo se calmaría después de octubre.

Llegaría luego el 2011, que no trajo grandes trastornos electorales a nivel nacional pero sí en Rojas, donde se produjo el segundo cambio de signo político de la década (después de que la "crisis" de 2001 se llevara puesto al gobierno radical). El entonces vecinalismo, luego massismo, se impuso frente al gobernante Frente para la Victoria y a la UCR, en una elección precedida por los consabidos hechos de inseguridad.

Ese año los hubo particularmente graves e impactantes, de los cuales consignamos dos: el que tuvo lugar en la joyería Caballini, cuyo propietario recibió un balazo que le rozó la oreja y lo colocó a centímetros de convertirse en el primer muerto en ocasión de robo de la historia reciente de Rojas; y el sufrido por la familia Canelo, en cuyo domicilio ingresaron cuatro malvivientes en horario nocturno, con el rostro cubierto, y mantuvieron cautivos a los moradores durante varias horas. Inclusive los amenazaron, maniataron y golpearon en reiteradas oportunidades, para retirarse más tarde llevándose 20.000 pesos en efectivo y joyas.



La historia más cercana nos trae delitos claramente vinculados con lo político. Ejemplo de ello son los sufridos por el actual intendente municipal, Claudio Rossi, a quien en 2013 le balearon su camioneta –de lo que dieron cuenta los orificios que quedaron en los vidrios y en el espejo retrovisor–, y en 2015 le incendiaron su quinta de barrio Bicentenario.





Un párrafo aparte merece el atentado perpetrado en el mismísimo edificio de la municipalidad, en el año 2013, luego de la elección pero cuando aún no estaba definido el resultado. La votación fue muy reñida y el triunfo del massismo (que finalmente se concretó por 19 votos) dependía de la suerte del acta de una sola mesa, que había sido inicialmente invalidada por la justicia. Por esos días fue denunciado el vandalismo cometido al atardecer, cuando autores ignorados produjeron un gran desorden, rompieron algunas tazas, desparramaron yerba y dejaron carteles con amenazas de muerte contra el intendente de entonces, Martín Caso.





También existieron por esos días las consabidas "autoconvocatorias preelectorales por seguridad": en 2013 en el hotel Victoria –con la asistencia de autoridades municipales y policiales, y representantes de las empresas más importantes de nuestro medio–; y en 2015, en la plaza San Martín.



De todas esas movilizaciones quedaron en el camino numerosas propuestas, entre ellas la reactivación del Foro de Seguridad, la conversión en fiscalía de la Ayudantía Fiscal, y el cambio de jurisdicción de la Policía Departamental –de Pergamino a Junín–. Pero todo se diluyó pasadas las elecciones, con la consecuente desaparición de las "olas delictivas". Así, ni peticionantes ni receptores de las demandas mantuvieron los temas en la agenda pública.

¿"INSEGURIDAD ELECTORAL" DE 2019?

El robo perpetrado contra una conocida y apreciada familia este lunes, apenas pasado el mediodía, a mano armada y a cara descubierta, hizo recordar a unos cuantos que este año hay elecciones, y son para cargos ejecutivos.

Por si quedara alguien que no conociera este hecho que tuvo amplia difusión pública, cabe consignar que el lunes, en una vivienda ubicada en calle Kennedy entre Mitre y Presidente Perón –pleno barrio Centro–, cuatro sujetos armados y a cara descubierta amenazaron a un pintor que estaba trabajando en el lugar, inmovilizaron a los propietarios, se apoderaron de dinero y otros elementos, y se dieron a la fuga sin que hasta el momento haya noticias sobre su identidad o paradero.



La denuncia fue realizada por vía telefónica poco después del robo, alrededor de la hora 14. Inmediatamente acudió personal de la Estación de Policía Comunal Rojas y también la ayudante fiscal del distrito, Nora Fridblatt, dándose así comienzo a la investigación.

Según la información oficial, para intimidar a los moradores los delincuentes utilizaron un arma de fuego (de puño), y se llevaron 3.000 pesos, una tablet marca Apple Ipad y un teléfono celular.

De más está decir que este hecho ha provocado un fuerte impacto en la comunidad, dadas sus características: el momento (apenas pasado el mediodía), el lugar (zona céntrica), las víctimas (una pareja de personas mayores, sumamente conocidas), y el "modus operandi" (con armas y a cara descubierta), todo lo cual suele provocar en el vecino común emociones que quizás estén ausentes en otros delitos de gravedad similar, o inclusive mayor, pero carentes de tales condimentos.

Obviamente, es imposible obtener pruebas sobre el carácter "preelectoral" de ciertos delitos que conmueven fuertemente a la sociedad; pero la evidencia es contundente y otorga, al menos, el derecho a sospechar que el juego sucio existe en la política, y que forma parte de la "realpolitik", ésa en la que a Montesquieu no se le ocurrió pensar o, en todo caso, no la citó por escrito.

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