Agro: una concentración que avanza


El proceso no es nuevo, pero en los últimos años se va profundizando como fruto de una presión económica cada vez mayor, en simultáneo con la inexistencia de un tratamiento diferenciado para con los productores más chicos.

El proceso de concentración de la producción agropecuaria no es nuevo, pero en los últimos años se va profundizando como fruto de una presión económica cada vez mayor, en simultáneo con la inexistencia de un tratamiento diferenciado para con los productores más chicos. En menor medida, los medianos sufren el mismo problema.

Datos proporcionados por la Federación Agraria Argentina indican que el grado de concentración al que se ha llegado ya es de por sí alarmante: apenas el 20 por ciento de los productores (en su mayoría, empresas) produce el 80 por ciento del total, mientras que el otro 20 por ciento es fruto del 80 por ciento de quienes se dedican a esta actividad.

Pero si alarma el punto al que se ha llegado, más todavía lo hace advertir que la concentración, lejos de revertirse, sigue profundizándose a velocidad creciente. Y para esto, que no es fruto de la fatalidad sino de decisiones diseñadas y ejecutadas al más alto nivel, existen numerosos motivos, algunos más evidentes que otros.

Las causas de la concentración son, básicamente, aquellas que asfixian económicamente al pequeño o mediano productor y lo obligan a vender su tierra, o a alquilarla a los grandes "pooles" de siembra, ante la imposibilidad de hacerla producir por sí mismos.

La asfixia proviene de aspectos fáciles de advertir: una gran presión impositiva que no diferencia entre grandes y chicos; lo mismo ocurre con las tasas, por ejemplo, por mantenimiento de caminos; el precio de los insumos, los combustibles y las maquinarias; los costos administrativos, las tarifas del transporte, etcétera.

Es sabido que la producción agropecuaria argentina está destinada principalmente a la exportación. Y si bien el tipo de cambio hoy está significativamente alto –en función de los precios internos de la economía–, esto a los productores le importa poco porque los insumos necesarios para la producción también están dolarizados. Inclusive los combustibles, algo que parece difícil de entender en un país que cuenta con abundantes recursos naturales para producirlos. Así, según consideran en Federación Agraria, el chacarero trabaja "a nivel de subsistencia".

LA TARIFA DEL TRANSPORTE, UN INDICADOR

Lo que sucede con las tarifas del transporte de la producción agropecuaria es sumamente revelador para conocer más claramente la realidad del sector, y los métodos perversos de la concentración.

El 18 de febrero pasado se reunió en La Plata la Comisión Asesora del Transporte de la Producción de Agro, a los fines de analizar un incremento tarifario con vistas al inminente traslado de la cosecha gruesa.

Del encuentro participó el presidente de la filial Rojas de Federación Agraria, Carlos Marveggio, junto a otro dirigente nacional de la entidad y a representantes de CARBAP, CONINAGRO, Sociedad Rural Argentina, el Centro de Acopiadores de Cereales, dirigentes del sector transportista y funcionarios del ministerio de Infraestructura de la provincia de Buenos Aires.

Según explicó Marveggio tras la reunión, la FAA "en soledad" planteó la necesidad de segmentar las tarifas del transporte, beneficiando a los productores más chicos. Una postura a la que no adhirió el resto de las entidades "del campo"; que fue tibiamente apoyada por algunos de los transportistas; y que los funcionarios estatales recibieron con frialdad, afirmando que "la van a estudiar", sin que nadie tenga muchas esperanzas en que realmente lo vayan a hacer.

¿Esto significa que hay una altísima probabilidad de que los productores chicos tengan que pagar lo mismo que los grandes para transportar su producción? Para quienes creen esto, lamentablemente, hay una mala noticia: los chacareros no pagan lo mismo que los estancieros o los "pooles": pagan más.

No es un tema nuevo: Los grandes productores, generalmente empresas que explotan enormes extensiones, negocian la tarifa con los transportistas y obtienen un 10, un 15 o un 20 por ciento de descuento. Esto es habitual y relativamente sencillo si alguien va a contratar treinta camiones para trasladar granos. El pequeño, que contrata dos camiones, no tiene capacidad de negociación alguna: paga la tarifa plena. Y los transportistas, que saben que deberán conceder alguna "caída" a los grandes (para mover, como se ha dicho, el 80 por ciento de la producción), ya se han cubierto a la hora de establecer la tarifa. Como es fácil advertir, los productores chicos pierden por todos los flancos. A la larga, muchos terminarán "tirando la toalla".

En ese marco tan complejo, también resulta difícil entender el motivo de que la Federación Agraria, que agrupa a pequeños y medianos productores, articule sus acciones con las entidades que representan a los grandes. Es evidente que sus objetivos estratégicos no sólo no coinciden: son opuestos. Los reclamos federados se quedan en meras declamaciones, mientras la presión política real responde a los intereses de los grandes, con los chicos como carne de cañón.

Así es como avanza la concentración en el campo argentino.

*******

La foto que ilustra este editorial está publicada bajo una licencia Creative Commons 3.0, y pertenece al colectivo La Tinta (https://latinta.com.ar).

Gear SA

Clyfer