Sobre la sopa de letras "Macri gato", sus repecusiones


O bien: por qué los propagandistas del "no quiero política en las escuelas"... hacen política en las escuelas.

La inclusión de la frase "Macri gato" y otras por el estilo en una sopa de letras escolar por parte de un profesor de secundaria desató una tormenta de declaraciones públicas, a todo nivel (ahora que las redes sociales lo permiten), y mayoritariamente podrían resumirse en la expresión "yo no quiero política en las escuelas".

Muchos fueron por más y manifestaron su desacuerdo con que "haya política en las instituciones, ya sean educativas, deportivas, culturales o las que fuere".

Esa pretensión, por supuesto, es utópica; y si se pensara que describe una situación real, además es falsa. Denota más una expresión de deseos que una realidad; una de las fantasías habituales que el ser humano se inventa para no enloquecer ante la verdad desnuda, tal como señalaba Nietzsche: "el hombre ansía la verdad por sus consecuencias agradables, ignora el conocimiento puro, y es hostil frente a las verdades susceptibles de efectos perjudiciales". Y también: "Las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son".

La verdad es que la política forma parte de absolutamente toda acción humana (como también la moral, por poner otro ejemplo), y que en última instancia, pretender erradicarla de algún ámbito significa, lisa y llanamente, hacer política orientándola en beneficio de quien circunstancialmente ejerce poder sobre los demás.

A esta altura, el polemista defensor del "statu quo" argüirá: "política sí, pero no partidaria" (otorgándole esa entidad etérea de lo que pertenece a las abstracciones más inaccesibles, pero que jamás tendrá un efecto concreto sobre las acciones reales de los hombres y mujeres de carne y hueso). Pues bien: esto también es falso, y es facilísimo demostrarlo.

Una de nuestras instituciones educativas principales es la universidad. Su rector es elegido por el Consejo Superior.

El Consejo Superior, conducción de las universidades, está integrado por representantes de los "claustros": de docentes, no docentes y alumnos. Y esos representantes han surgido de elecciones democráticas, cuyas listas tienen una fuerte identificación partidaria, cuando no pertenecen directamente a un partido político.

Los propios estudiantes eligen a las conducciones de sus centros con listas de candidatos partidariamente identificados. Recuérdese, por ejemplo, a la Franja Morada, la rama estudiantil del radicalismo, que participa de todas las compulsas electorales con su propio nombre y el escudo de la UCR, y conduce o ha conducido numerosos centros y federaciones.

En el nivel secundario ocurre lo mismo. Quizás todavía no en Rojas, ya que ese movimiento es muy nuevo (la mayoría de los centros de estudiantes fue creada el mes pasado, septiembre de 2018); pero inevitablemente marcharán en ese sentido.

También ocurre con entidades de otro tipo como los colegios profesionales (médicos, abogados, etcétera).

Las veces que en la Biblioteca Pública Municipal de Rojas hubo más de una lista aspirando a ganar puestos en la comisión directiva, los candidatos han estado partidariamente identificados.

Esto es: la pretensión de dejar la política afuera de las instituciones de cualquier tipo, inclusive la política partidaria, es una fantasía, pero no inocente: es el resultado de la acción política de quienes han logrado crear sentido común, sembrando en ciertos individuos la convicción de que "hay que dejar afuera a la política" para poder conservar el poder que, tal como nos enseñó Michel Foucault, "no se tiene sino que se ejerce"; o sea, es efímero.

Este columnista quiere aclarar que, en principio, está en absoluto desacuerdo con la inclusión de las frase "Macri gato" en un material escolar, y así lo ha manifestado en todas las oportunidades en que ha tratado el tema en conversaciones cara a cara con alguien.

Y señala "en principio" porque como el columnista no es juez, ni fiscal, ni perito, sino periodista (como podría ser comerciante, remisero, productor agropecuario, camionero, arquitecto, enfermero o cualquier otra cosa), no le corresponde juzgar algo cuyos detalles más profundos, inclusive, ignora.

Que el periodismo se haya convertido en un tribunal que juzga y revolea condenas es una aberración de la modernidad, de la que este columnista no es responsable. El Portal de Rojas no se va a subir a ese carromato nefasto. Y mucho menos a la "condena social", que pertenece lisa y llanamente al resbaladizo terreno del chusmerío.

Claro que el desacuerdo de este columnista no se fundamenta en que "no hay que hacer política en las instituciones", o en la abominable frase "con los chicos no" −que sin afirmar taxativamente nada, connota todo tipo de calamidades, contribuye a la creación de sentido común mediante un proceso guiado de normalización y, en última instancia, no tiende a eliminar la política sino a dirigirla en beneficio de quienes generan ese sentido común−.

El desacuerdo primordial de este columnista con las sopas de letras cuestionadas radica en que la frase "Macri gato" no constituye política; es un mero agravio, que no apela a la razón sino a la pasión, carece de todo argumento lógico, y también podría decirse que atenta contra el desarrollo saludable del debate político, alineándose con la postura pretendidamente opuesta: la acción política disfrazada de antipolítica que opera a favor de quienes circunstancialmente están ejerciendo poder.

No cabe dudar de la sinceridad de quienes proclaman "no quiero política en las instituciones". Crear sentido común es eso: generar convicciones íntimas y reales. Pero sepan que, en realidad, ésa y otras declaraciones por el estilo son profundamente políticas. Quienes prohíben a un alumno ir a la escuela con la cara de Urquiza estampada en la remera, luego le dirán en el aula que Mitre fue un prócer. Negando la posibilidad de que se hable sobre el tema, los propagandistas de la antipolítica... están haciendo política en las escuelas.

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