La violencia también llegó a nuestro fútbol

En el transcurso de esta semana, el tema principal de los comentarios deportivos ha sido, precisamente, una cuestión que poco tiene que ver con el hecho de jugar a la pelotita.
La cuestión ocurrió tras la primera final del torneo local, en el estadio de Juventud, cuando se armó una batahola a la salida del reducto albirrojo, primero con un incidente entre futbolistas que pareció terminar ahí pero explotó afuera, en el sector por el cual ingresaron los simpatizantes visitantes, donde se produjo un triste episodio entre hinchas de ambos clubes y jugadores y allegados a Argentino que acompañaban al plantel.
La batahola, que incluyó empujones, trompadas y piedrazos, dejó a un lado lo deportivo, que debería ser siempre lo más importante, aunque en esta oportunidad casi no se habló del partido, que fue muy entretenido y con muchos condimentos, para dejar casi todo el espacio para los comentarios al problema acaecido en la salida del reducto de Barrio Nehuenche.
Analizando lo acontecido, se podría llegar a una primera conclusión y decir que se podría haber evitado, al menos morigerarlo con una diferente disposición de las hinchadas (los de Argentino salieron por el lugar donde durante mucho tiempo lo hicieron los de Juventud). Es verdad que es muy difícil evitar que alguien arroje un objeto contundente o que tire una piña, pero con otro criterio el tema tal vez podría haber sido diferente.
Ahora todo está centrado en lo que puede ocurrir en la revancha, duelo que la Liga, que viene fallando seguido en muchos aspectos, programó para jugarse en cancha de Boca, el lugar que ha tenido como anfitrión a Argentino, que tiene su estadio suspendido para partidos de las divisiones superiores. Desde la Comisaría hicieron una inspección de las instalaciones y marcaron una serie de obras que deben realizarse, por cuestiones de seguridad, que no podrán ser llevadas a cabo en tan poco tiempo, con lo cual se debe salir a buscar otro escenario.
Al respecto, habría predisposición de parte de Newbery para alquilar su estadio y en ese caso no habría inconvenientes, más allá de que seguramente la Policía también efectuará un recorrido por ese predio para ver si todo está en orden, cosa que, por lo que se sabe, es así.
No se sabe la fecha (se jugaría el lunes, vaya a saber por qué no el domingo) ni el escenario de lo que puede ser la definición del título 2017, porque, como el reglamento lo indica, si Argentino gana en los noventa minutos o por penales, será el mejor del año. Juventud necesita imponerse para forzar una finalísima, que será a un solo encuentro en cancha neutral.
Los colegas periodistas se han expresado en estos días, marcando su opinión sobre lo ocurrido, coincidiendo la gravedad del episodio, en la falta de garantías serias de que no volverá a ocurrir y, más que nada, en el cúmulo de cosas que han ido ocurriendo en el momento de tomar decisiones. En nuestras editoriales hemos marcado más de una vez que el año pintaba lindo, que el barco parecía haber tomado buen rumbo pero, llegando al cierre de la temporada, la brújula liguista está funcionando mal.
Si en la cancha hay goles, penales no cobrados, goles mal anulados, patadas de todo calibre y lo que forme parte del juego, está bien. Es parte del deporte y es el árbitro el que debe sancionarlas, aunque, para agregar otra gotita de combustible al incendio, hay que decir que, siendo benévolos, el nivel de los jueces no ha sido bueno.
Adherimos, desde El Portal, a lo expresado por los periodistas de El Nuevo y Radio Rojas, de quienes hemos conocido sus conceptos leyendo sus páginas o sintonizando el dial, y a lo que seguramente piensan otros que realizan esta tarea y quienes, de pronto, nos hemos transformado, para algunos, en los responsables de muchas de las cosas que suceden. Si el Tribunal de Penas le da muchas fechas de sanción a un jugador, culpa del periodismo. Si el hombre de negro se equivoca, culpa del periodismo. Lo único que falta que nos digan es que somos los culpables cuando un defensor pifia un rechazo, al arquero se le escapa la pelota o el delantero erra una chance abajo del arco.
El peor “pecado” que los dirigentes de la Liga y de los clubes han cometido este año es querer minimizar los inconvenientes. Al lado de este pequeño monstruo que amenaza llegar para quedarse, no importa tanto si el campeonato tiene diez, quince o mil fechas, tampoco es tan relevante si se les ocurre jugar en invierno a las diez de la noche.
Lo peor es esconder los problemas debajo de la alfombra. No se ve pero está, latente, con posibilidad de salir en cualquier momento y transformar una liga tranquila, con buena conducta en general, en un terreno donde resulte más tentador quedarse en casa mirando una película que ir a la cancha.

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