Así, no

Lo ocurrido en la jornada del domingo en el estadio del Club Argentino es, sin dudas, uno de los hechos más graves en la breve historia de la Alianza Deportiva del Noroeste, alianza que recién está transitando su segundo año de existencia y que, hasta este día, había registrado un solo episodio negativo de gravedad.

Ocurrió en Agustina, con una masiva agresión de jugadores del club de esa localidad al árbitro del partido, en esa oportunidad Carlos Arel, casualmente también colonense como Silvio Gatti, el agredido en Barrio Unión tras el partido que los albicelestes perdieron frente a Singlar, resultado que selló su eliminación, producto de un sistema de competencia que pocos entienden y que no gusta demasiado, aunque eso es un tema secundario al lado del hecho que nos incumbe.

Se trate de Argentino o del club que sea, siempre está mal y es condenable un episodio de violencia, que está en el otro extremo del carril por donde debe transitar una competencia deportiva. La caballerosidad, el respeto, el saber perder (y ganar) deben ser prioridades para todos los que forman parte de un espectáculo deportivo, llámese jugadores, técnicos, dirigentes, simpatizantes, o el que sea.

Luego de una tarde de cierta furia en ocasión de la caída ante Social, esta vez nada hacía prever que se desataría la tormenta… pero pasó. Nadie sabe cuál fue el motivo para que un jugador local desatara su bronca contra un asistente del elenco de Ascensión, piedra basal para que a partir de allí otros que sumaran a la gresca, algunos buscando hacer “justicia” por mano propia y la mayoría, por suerte, intentando calmar los exaltados ánimos.

Pero lo más serio fue lo que pasó bastante tiempo después del silbatazo final, con la historia ya consumada y los ánimos presuntamente más tranquilos. Al retirarse los árbitros del vestuario, fueron interceptados por un grupo de hinchas y jugadores, recibiendo uno de ellos un brutal golpe que lo mandó al Hospital con una herida de consideración en su rostro.

¿Y todo por qué?. Por una posición adelantada que el asistente había marcado cuando Argentino había llegado al empate, en una jugada polémica donde el equipo dueño de casa no pudo conseguir el gol a raíz de la decisión arbitral. Resultó llamativo que al cabo del encuentro y de los incidentes del terreno, la terna se fue de la cancha sin problemas y recién fue blanco de la ira de la gente del club sw Barrio Unión un buen rato más tarde, cuando todos podrían pensar que las pulsaciones ya estaban en un ritmo más normal.

Lo sucedido es algo que debe ser rechazado desde todo punto de vista ya que, como hemos dicho, el deporte entendido como tal transcurre por otros carriles.

Ahora llegará el momento del análisis de los informes de los jueces, de la Policía, de los veedores, del descargo del club y de los futbolistas que hubieren sido mencionados en la crónica de los hombres de negro, elementos que el Tribunal de Disciplina evaluará para tomar una determinación y aplicar sanciones, que deberían ser importantes teniendo en cuenta el tenor de lo acaecido.

Escuchando algunas opiniones, algunos tienden a minimizar lo que pasó, intentando “justificar” la agresión a partir de lo que ellos consideran un error arbitral, lo cual es literalmente un despropósito. Con ese criterio, cada error de un árbitro sería el preámbulo de una trompada, o de una patada, o de cualquier tipo de ataque, con lo cual, de entrar en ese torbellino de locura, nos obligaría a pensar en dejar de organizar campeonatos de fútbol y destinar los campos de juego a recitales, domadas o a la siembra de soja.

También nos parece saludable que la Alianza no busque “esconder” lo que pasó, diciendo que “son cosas del fútbol”, como si fuera algo normal. Si estamos ante una organización seria, las decisiones deberían ser de ese tono, tomadas sin apuro pero con altura, ajustadas a reglamento de punta a punta, castigando con la fuerza de la ley deportiva sin importar de quien se trate, porque esta vez los responsables tuvieron un color de camiseta pero antes fueron otros y tal vez mañana –ojalá que no– también sean diferentes.

Y otra cosa que serviría para mostrar determinaciones maduras, es lo que pueda decidir la institución, que ha visto dañada su imagen, ese nombre lleno de gloria, al punto de ser el club que más veces fue campeón en el fútbol rojense. La comisión directiva no debería pasar por alto este hecho, sancionando a los responsables para que el resto de los asociados y simpatizantes tengan en claro que no da lo mismo portarse bien que portarse mal.

Cuando las resoluciones hayan sido tomadas, estaremos en condiciones de sacar las mejores conclusiones, sobre todo en lo que respecta a la calidad de la Liga que tenemos y de la Alianza que se ha formado. Sabremos, sin dudas, si se trata de una estructura seria, responsable y comprometida con el deporte, o solamente es un rejunte de voluntades unidas para cumplir con una disposición del Consejo Federal y presumir ante los demás diciendo “mirá que lindo torneo tenemos”.

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