La irresponsabilidad mata; y en Hunter estuvo a un paso

Rojas ha estado cerca de pasar un fin de año llorando muertes evitables. Cerca, muy cerca, debido a la irresponsabilidad de algunas personas. Y si ese altísimo riesgo no se convirtió en catástrofe fue, como dijo el Jefe de Bomberos de Inés Indart, Sergio Bellone, "porque Dios nos iluminó como casi siempre hace".

La cuestión es que varias personas de nuestro medio decidieron, en medio de las graves inundaciones que se viven en toda la región, salir a navegar en kayak por el río desbordado, una aventura que terminó de la manera que más probabilidades tenía de suceder: con naufragios, caída de personas al agua y una de ellas (un bombero) que permaneció "desaparecido" en la fuerte correntada, en una noche con visibilidad cero, durante unos veinte minutos. Finalmente, por fortuna (no por otra cosa), pudo salir del río por sus propios medios y con la ayuda de colegas.

La cuestión es, entonces, cómo actuar para evitar que estas situaciones se produzcan. El escritor y político británico Edmund Burke escribió en sus "Reflexiones sobre la revolución francesa" que "el primer derecho del hombre en una sociedad civilizada es el de estar protegido contra las consecuencias de su propia necedad." Y sí: es la sociedad la que debe proteger a sus miembros, aún de "las consecuencias de su propia necedad"; y debe hacerlo utilizando su herramienta organizativa más importante, que es el Estado.

Pedirle responsabilidad al irresponsable; exigir que sea consciente el inconsciente, se parece más a una queja vana que a un modo eficaz de operar sobre la realidad. El estado, que es el principal responsable de que la necedad del vecino no termine perjudicándolo a él mismo y a otros (como estuvo a punto de suceder en el puente de Hunter), no puede limitarse a "recomendar" a la gente que no se acerque al río cuando está en las condiciones en que estaba el viernes: debe crear las herramientas legales que le permitan encauzar las conductas para que no se desvíen hacia derroteros peligrosos, y sancionar a quienes por irresponsabilidad o cualquier otro motivo no debidamente justificado pongan en riesgo su propia vida o la de los demás.

Alguien podría señalar que la frustrada travesía en kayak, abortada por un naufragio y un encallamiento, provocó la pérdida de la lancha de Bomberos. Esto es verdad: la entidad tenía una embarcación, y hoy no la tiene, habiéndola perdido en el operativo de rescate de personas que se encontraban en el río a causa únicamente de su irresponsabilidad.

Desde El Portal de Rojas, por el contrario, preferimos sentir el alivio de que tanto los irresponsables como los bomberos que cayeron al agua durante el rescate, y sobre todo el que fue arrastrado por la correntada y estuvo veinte minutos "desaparecido" mientras se temía por su vida, hoy puedan estar leyendo estas líneas y manifestando su acuerdo o desacuerdo con ellas. Vivos. Podrían no estarlo.

El bombero arrastrado por la correntada salvó su vida, posiblemente, a causa de su gran experiencia y conocimiento sobre cómo actuar en tal circunstancia. Pero no puede obviarse que aún así, las probabilidades de que se hubiera golpeado al pasar por debajo del puente y hubiera terminado ahogado fueron muy altas. Toda la experiencia del mundo no garantiza la supervivencia en situaciones como la que le tocó enfrentar.

Es obvio que nadie, y mucho menos una persona irresponsable, podría prever todas las derivaciones posibles de una conducta tal como la de salir a navegar por un río desbocado, con corrientes variables e impredecibles, con obstáculos impensados y hasta objetos de cualquier tamaño arrastrados por la correntada. Es más: el sujeto inconsciente seguramente está convencido de que las cosas ocurrirán como él las imaginó, y no como las leyes naturales han dispuesto.

Justamente por eso, y en concordancia con lo escrito por Burke, "para proteger al inconsciente de su propia necedad" es necesario que el Estado legisle, prohiba las conductas como las asumidas por quienes realizaron esta travesía, y sancione a los infractores. Porque es posible, y ojalá nos equivoquemos, que la próxima vez no tengamos tanta suerte y haya gente que no pueda levantar la copa en su siguiente Fin de Año.

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