"Si los chicos se emborrachan y se drogan es porque hay adultos interesados en que lo hagan"

Una charla con la psicóloga Silvina Fernández, ante la inminencia de los festejos del Día del Estudiante y la llegada de la primavera.

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El próximo miércoles, 21 de septiembre, llegará la primavera y con ella las actividades que en nuestra ciudad desde hace muchos años organizan los jóvenes para recibirla y festejar, en concordancia, el Día del Estudiante.

Si bien estos festejos llevan décadas y nunca se han caracterizado por ser especialmente "sanos", en los últimos años se ha observado un incremento en la cantidad de problemas que surgen de la celebración y que afectan, principalmente, a la salud y la seguridad de los propios jóvenes. Nadie ignora que en el festejo del último "día del amigo", que al igual que el primaveral se realiza en los montes aledaños a la ruta 188, hubo un número significativo de internados por intoxicación alcohólica, un caso de violación (con una causa en marcha y un procesado), y consumo de todo tipo de drogas, desde las "livianas" hasta las más "duras".

¿Cómo debería actuarse ante estas situaciones, de manera de permitir los tradicionales festejos, pero evitando "efectos secundarios" que cada vez aparecen como más serios y riesgosos? Para analizar este tema El Portal de Rojas dialogó con la psicóloga Silvina Fernández, actual Directora de Atención Primaria de la Salud, y permanente trabajadora social, con gente de todos los estratos sociales. Como ella misma señala, es una "directora itinerante". Ni siquiera tiene oficina en la Secretaría de Salud, y suele vérsela en el CIC de Progreso o en cualquiera de los CAPS.

El disparador de la charla fue el mencionado al principio de esta nota: los episodios ocurridos durante la celebración del día del amigo, y su posible repetición el día del estudiante a punto de llegar. Sin embargo, Fernández sostiene que tales sucesos son síntomas, efectos de una realidad que hay que corregir; y en eso hay responsabilidades compartidas por todos: Estado, familia, instituciones, sociedad en su conjunto.

"Hay dos cuestiones para tener en cuenta: una es la esencia de la juventud, sus características, que cuando más pautas o reglas se le ponen, es una invitación a que las transgredan. Pero es una cuestión evolutiva, lógica: los adolescentes tienen que "luchar" para ganar su terreno, su autonomía. Aunque lo que sí es importante es que los adultos estén ahí. Los chicos necesitan "pelear" contra algo, porque es una etapa de la vida en la que están construyendo su identidad y rompen los vínculos; pero no del todo, para no quedar desamparados", explicó Fernández.

"La otra cuestión tiene que ver con esas cosas que en la sociedad actual están exacerbadas. Por ejemplo, la intolerancia a la frustración, la inmediatez, todo tiene que ser ya, todo debe ser intenso... pero esto no es patrimonio exclusivo de la juventud. Todo el mundo está con el teléfono en la mano, mandando mensajes, y si no está en línea o no contesta de inmediato, llamamos. Todos estamos en cierto "aceleramiento" e inmediatez, y todo eso ha ido en detrimento de la tolerancia a la frustración. Es uno de los grandes problemas que tenemos como sociedad: cada vez estamos más frágiles. Hay intolerancia a la frustración, a la incertidumbre, nos cuesta dar tiempo para que las cosas sucedan, la perfecta condición para que aumente la ansiedad", añadió.

-Hasta aquí, el fundamento teórico de la situación. Ahora, ¿cómo respondemos?

-Hay muchos aspectos para tener en cuenta. Uno es lo que se está haciendo desde el Municipio, por ejemplo. Tanto desde el área de Deportes como de Juventud y de Cultura, están trabajando junto con los chicos para que ellos puedan crear su propio festejo, tener sus propias ideas sobre cómo quieren festejar, de una manera cuidada, sin riesgos, o con el menor riesgo posible. El Municipio está ofreciendo lugares seguros, y en todo caso, no va a poder imponerles qué hacer ni donde, pero sí facilitarle algunos recursos, económicos, espacios... esa es la idea. Se están haciendo reuniones con representantes de las distintas escuelas, y yo creo que ése es el camino. Los adolescentes son muy creativos, muy participativos, y hay algo que necesitan, que es reconocimiento, valoración y respeto. Brindándole estos espacios, las cosas pueden mejorar.

-Al ser la de Rojas una sociedad tan pequeña, numéricamente hablando, es como que hay un solo ambiente al que los chicos se vinculan; y ese ambiente no es sano. Posiblemente exista una falta de alternativas que no se da en ciudades más grandes. ¿Cómo crear y convertir en interesantes para los jóvenes esas nuevas alternativas?

-Justamente, creando alternativas para que los chicos puedan elegir. En un sentido, el hecho de que un festejo como el del amigo o de la primavera, todos los chicos de Rojas se vean convidados a participar es bueno, porque habla de la integración. El tema del alcohol y de las drogas es un fenómeno gravísimo que estamos atravesando desde hace mucho tiempo, y no sé si se resuelve con separar a los chicos. Mi posición es que, lamentablemente, hay muchos intereses a los que les conviene que todos los chicos se droguen y tomen alcohol. No es el interés de los chicos, hay adultos interesados en que eso ocurra, y los chicos son las víctimas. Todos nuestros chicos tienen la droga y el alcohol al alcance de la mano. Ellos lo han tomado como un modo de vida, de relacionarse, y también funciona un mecanismo de exclusión, como que si no lo hacés, te quedás afuera. Charlo mucho de eso con mis pacientes, y con mis propios hijos. ¿Qué pasa si no tomás? Un vaso tenés que tener en la mano... y aparentemente las gaseosas no existen más en los lugares donde van. Es lamentable. Pero la solución pasa por crear alternativas. Si en Rojas hay pocas, es nuestra función y nuestra responsabilidad crearlas. Aunque en realidad las hay, en deportes, en cultura, y ahora están ofreciendo como posibilidad la de contratar bandas, cosas así. Que el tiempo no sea un tiempo vacío en el que sólo se puede tomar; que haya otras posibilidades. También es posible que aquellos que están más comprometidos con tales alternativas como el teatro, la música, el deporte, "contagien" al resto. Los adolescentes necesitan pertenecer y parecerse, y también podemos contagiar buenos hábitos, que les permitan crecer saludablemente.

-¿Existen en la sociedad de Rojas expectativas de futuro para nuestros jóvenes? ¿Influye esto en la manera en que se comportan? ¿La incertidumbre de lo que les espera..?

-En cuanto al futuro, en Rojas hay una minoría que se va, y muchos de ellos logran su objetivo. Pero en esto es fundamental el rol de los padres. Los adultos tenemos que estar para que los chicos puedan rebelarse contra algo que existe. Los padres estamos en la primera línea, aunque también están ahí los profesores, otra gente. Los chicos, siendo muy jóvenes, tienen que elegir algo a futuro, y hoy en día parece que cuesta más, porque el mundo es muy cambiante, y todo el mundo piensa más en el consumo que en la vocación o el interés, como era antes. Los padres tenemos una función muy importante sobre todo para transmitir la cultura del esfuerzo. No del sacrificio, porque no se trata de sufrir; sí del esfuerzo, para que sepan que las cosas se consiguen "transpirando la camiseta". Todo es posible, pero hay que esforzarse, ser tolerante. Uno puede tener un objetivo, pero para lograrlo seguramente deberá pasar por instancias complicadas. En ese sentido es muy importante lo que los padres podamos transmitirle a nuestros hijos: si nos gusta lo que hacemos, si tenemos objetivos y los compartimos, el valor que tiene aprender para hacer lo que a uno le gusta, una profesión o un oficio. Hay que aprender y capacitarse, y hoy día a través de internet es posible contactarse con el mundo. Es relativamente sencillo aprender, pero hay que esforzarse. No sufrir, que es algo que a veces los padres transmitimos equivocadamente. Sí esforzarse y disfrutar de lo que hacemos. Si nosotros somos así, ellos lo verán como una posibilidad. Una idea a la que adhiero es la de que los seres humanos no somos "modelos terminados". Tenemos la gran ventaja de no estar nunca "terminados"; hasta el último día de nuestra vida tenemos la posibilidad de seguir creciendo y desarrollándonos, y eso es una ventaja fundamental. Cuesta mucho cambiar, eso sí; pero es posible, podemos lograr ese cambio, creciendo.

-Un tema siempre recurrente es el del rol del Estado y el de la familia; qué cosa le corresponde a cada uno en el cuidado de los jóvenes. ¿Cómo ve esta cuestión?

-Es un límite permeable, no tan definido entre la responsabilidad del Estado y la de la familia. Se cruzan distintos planos. Creo que tienen que quedar claras las funciones, porque cada uno de los actores tiene las suyas. Los padres, los funcionarios, los docentes, todos tenemos que tener claro cuáles son nuestras responsabilidades y no nos podemos "correr" de eso. Los padres tienen una obligación irrenunciable de orientar, de acompañar, y también de aceptar a los hijos, con sus fortalezas, sus debilidades, sus características. Muchas veces no saben qué hacer, esto es natural porque nadie se recibe de padre cuando nace un hijo. Pero pueden estar en contacto con otros padres, pedir ayuda profesional cuando se necesita, participar, estar cerca de los chicos para ver qué les pasa, todo eso es fundamental. Y el Estado, en sus diferentes roles (docentes, funcionarios y demás), no puede darle la espalda a los problemas. Cualquier chico de Rojas es hijo de todos; no importa a quién le pasa algo, es uno de nuestros hijos, y como Estado tenemos una responsabilidad. Además, estamos para eso: debemos actuar conociendo su realidad, acercándonos, viendo qué necesitan, y cambiando las alternativas dañinas por otras saludables. Cambiar es difícil, como decía, pero cuando uno crea alternativas, la persona va cambiando. Con la sociedad pasa lo mismo: hay cuestiones muy preocupantes, como son las adicciones, el abuso, la intolerancia a la frustración, síntomas muy serios de un "estado de salud" complicado de la sociedad. Pero la manera de hacer frente a eso es crear alternativas saludables, y como Estado creo que estamos embarcados en eso. Que haya espacios para desarrollar cualquier disciplina, artística, cultural, deportiva, intelectual.
Un chico que hace deporte, que toca algún instrumento, que estudia, que tiene amigos y una familia, bueno... está apoyado en una mesa con patas muy fuertes. Le van a pasar las mismas cosas que a los demás, pero el tema es cómo de fuertes están esas patas para soportarlo. Evolutivamente es más o menos lo mismo para todos; pero si la mesa tiene más patas, y son más fuertes, indudablemente va a superar las situaciones. La familia, los amigos, el deporte, el arte, la escuela, son patas sobre las que se puede superar cualquier cosa.

-Hablando siempre de la sociedad de Rojas, ¿será capaz de nombrar una utopía, algo que aunque pareciendo imposible, podría llegar a ser transformador, revolucionario para la juventud de nuestro medio?

-Yo soy ambiciosa y siempre tengo varias utopías... (ríe)... pero se me ocurre nombrar, dentro de mi área que es la salud, la idea de crear para la sociedad de Rojas otra "pata" fuerte y saludable. Quizás algún día podamos tener una especie de "polideportivo" gigante, con actividades culturales y deportivas accesibles y gratuitas, donde todos nos veamos invitados a participar y nos sirva inclusive para nuestra vida social. Hace poco tuve la oportunidad de viajar, y en un pueblito cercano a Madrid, donde vive una amiga, vi algo como lo que digo: un polideportivo que es un espacio que brinda el Estado a todos, y con unas condiciones y una calidad impresionantes. Uno quiere estar ahí y no en otro lugar. Es algo maravilloso, ojalá en Rojas alguna vez pudiéramos tener algo así, y que la gente de todas las edades pueda disfrutarlo.

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