El Programa de Salud Territorial, una iniciativa revolucionaria

Lo es, por lo menos en potencia; pero podría realizarse si se convierte, de mero plan subordinado al viejo concepto de salud pública, en la luz que ilumine el camino del sistema sanitario en su conjunto.

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Para comprender por qué el Programa de Salud Territorial anunciado recientemente por el gobierno municipal puede convertirse en revolucionario es necesario adentrarse primero en tres aspectos que lo fundamentan: El marco teórico e histórico en el que está inscripto; los antecedentes de experiencias similares en nuestro país; y su enorme potencialidad transformadora, asentada en un cambio de paradigma, que logrará realizarse en tanto y en cuanto deje de ser considerado como un programa más, un conjunto de prácticas y relatos subordinados al viejo sistema, y logre convertirse en la luz que ilumine el camino de la salud pública en su conjunto.

MARCO TEORICO E HISTORIA

Nuestro sistema de salud se originó, como casi todas las instituciones que conocemos hoy, en la primera etapa de la modernidad, la del industrialismo. La ilustración creó escuelas capaces de modelar obreros, cárceles para los díscolos, manicomios para los "anormales" (incapaces de amoldarse a la "normalidad")... y hospitales para los enfermos, entre otras.

En aquella Europa de fines del siglo XVIII no era fácil todavía "domesticar" a la mano de obra, convencerla de que realizara en un marco de encierro y obediencia las tareas que tradicionalmente se hacían con mayores libertades. Por ende: producir un obrero era un trabajo largo y costoso, y cuando éste se enfermaba, obviamente resultaba más eficiente y económico curarlo que fabricar otro. Ese es el origen histórico, basado en una visión economicista, del paradigma de la "medicina curativa" en la salud pública, hoy cuestionado pero aún vigente en muchas cabezas con poder de decisión.

Este paradigma de la "medicina curativa" consiste básicamente en crear un sistema capaz de realizar diagnósticos y aplicar tratamientos, que se dedica a esperar en el ambiente institucional (hospital) a que acuda el enfermo. Llegado el momento, existirán los medios para curarlo (laboratorios, salas de internación, quirófanos, etc.).

EL PRINCIPIO DE LOS CUESTIONAMIENTOS

Esta manera de concebir la salud pública comenzó a ser cuestionada en la primera mitad del siglo XX y, con más fuerza, en la segunda mitad. La obsolescencia de las instituciones propias del industrialismo, ya avanzada la segunda etapa de la modernidad (la que hoy vivimos) avivó tales críticas, que no sólo embistieron contra el paradigma dominante de salud pública sino también contra el educativo, el de la justicia penal y el de la concepción médica de la "salud mental", entre otros.

Como dato ilustrativo puede señalarse la mención que existe en el libro "La sociedad desescolarizada" de Iván Illich, escrito en 1971, de la existencia en Estados Unidos de "grupos de presión para favorecer la medicina preventiva y no la curativa". El cambio de paradigma aún era visualizado como una utopía, tal como aún hoy es percibida la idea de reemplazar las escuelas, las cárceles y los establecimientos psiquiátricos por sistemas que, al menos, sean medianamente eficaces para conseguir los objetivos que se pretenden; fundamentalmente, adecuados a la realidad actual, y no a la de una etapa histórica anterior.

A esta altura hay que reconocer que tal cambio de paradigma, del sistema "curativo" al "preventivo", tiene cierto predicamento entre la gente que conoce del tema: médicos y especialistas en políticas sanitarias. No obstante, del conocimiento, e inclusive de la voluntad por aplicarlo, hasta su efectiva implementación, hay un camino muy largo que no ha sido recorrido sino en una muy pequeña parte.

ANTECEDENTES

Algunos antecedentes existen en la Argentina; intentos de plasmar en políticas concretas el cambio de paradigma. Uno de ellos es la experiencia de Ramón Carrillo como Ministro de Salud de la Nación y su lucha contra el mal de chagas en las décadas de 1940 y 1950. Este médico es reconocido en el país como "el padre de la medicina social", y así lo llaman los "curativos" para bajarle el precio; como si se tratara de un intelectual pintoresco con "algunos valores"... cuando en realidad Carrillo puso en marcha mecanismos que podrían haber transformado la salud pública en la Argentina, los que luego se truncarían por cuestiones políticas.

Otra experiencia de este tipo fue iniciada por Floreal Ferrara en la década de 1980, cuando ocupó el cargo de Ministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires. Este médico creó un sistema muy parecido al Programa de Salud Territorial que plantea hoy la Municipalidad de Rojas: estaba basado en los equipos "ATAMDOS", integrados por profesionales de diferentes disciplinas (médico clínico, psicólogo, odontólogo, asistente social, etc.), que recorrían el territorio bonaerense golpeando las puertas de cada casa para confeccionar historias clínicas, evaluar factores de riesgo, asesorar a las familias y, llegado el caso, intervenir en cuestiones de infraestructura o de equipamiento de los hogares, haciendo posible así el mecanismo preventivo.

En la actualidad también hay experiencias de este tipo, aunque son pocas y muy desperdigadas en el territorio nacional. Una de ellas tiene lugar en la provincia de Salta, a la que viajaron el Co-Director del hospital Unzué Favio Crudo y la Directora de Atención Primaria de la Salud, Silvina Fernández, en momentos en que le daban forma al anunciado Programa de Salud Territorial.

EL PARADIGMA PREVENTIVO

¿Cómo funciona un sistema de salud a la luz del paradigma preventivo? Sencillo: haciendo lo necesario para evitar que la gente se enferme, en lugar de esperar la aparición de la enfermedad para, recién entonces, curar.

Puede entenderse mejor con un ejemplo sencillo: el equipo de salud, o el "agente sanitario" que actúa en la primera línea del PST, llega a una casa. Toma conocimiento sobre la situación sanitaria de cada integrante de la familia, pero a la vez evalúa las características de la vivienda, su infraestructura y los riesgos potenciales para la salud que pudieran existir. Por ejemplo: en el baño podría no haber lavamanos. Esta situación es potencialmente peligrosa, ya que gran parte de las enterocolitis y hasta enfermedades más graves como la hepatitis suelen estar originadas en la (mala) costumbre de no lavarse las manos luego de ir al baño.

El agente sanitario tomará nota de esta situación, asesorará a la familia y, llegado el caso, el Estado intervendrá para realizar los trabajos que pudieran hacer falta, a fin de que en ese baño exista el lavamanos y una instalación de agua corriente. Esto cuesta dinero, por supuesto; pero en la balanza también debe colocarse lo que se ahorrará en trabajo médico y de enfermería, en medicamentos, y en tiempo improductivo de cada miembro de la familia que, sin esta tarea preventiva, posiblemente enfermará. Además, y no es un dato menor, permanecer sano hace a la calidad de vida, y es difícil medir en plata tal condición.

El nuevo paradigma no reniega de los hospitales, por supuesto. No se plantea erradicar la enfermedad, un imposible; pero sí reducirla a su mínima expresión. Y para cuando haga falta, el hospital debe estar ahí, perfectamente equipado. Claro que probablemente alcanzará con instalaciones mucho más reducidas, especializadas y tecnificadas que las actuales.

LA POTENCIALIDAD

Vertebrar un sistema de salud en torno de la prevención, como se ha visto, implica tener una mirada diferente. "Mejor prevenir que curar" puede ser una verdad "de Perogrullo", pero llevarla a la práctica implica la necesidad de revisar muchas convicciones que hoy se dan por sentadas sin discusión. Y hay que discutirlas.

El Programa de Salud Territorial basado en el paradigma preventivo no significa, como se ha escuchado por ahí, actuar como nexo entre el hospital y las personas que por algún motivo no concurren. No se trata de ampliar el alcance de la medicina curativa, sino de poner en marcha mecanismos preventivos que tornen innecesaria a la curación, en el máximo porcentaje posible. El cambio no es cuantitativo sino cualitativo. Es otra cosa.

Es importante entender esto. Fundamental que lo conceptualicen, sobre todo, quienes tienen poder de decisión sobre asuntos relacionados con el funcionamiento del sistema de salud.

El Plan de Salud Territorial es una idea extraordinaria; potencialmente revolucionaria. El hecho de que a sus ejecutores, los "agentes sanitarios", no se les exija título alguno y, en cambio, sean seleccionados según su aptitud evaluada por los mismos impulsores del plan, es un indicio más de que se avanza por el buen camino.

Por supuesto que desde esta columna deseamos a ideólogos y ejecutores del Programa Territorial de Salud, profesionales y autoridades municipales, los mayores éxitos. Mientras, nos ponemos a disposición para lo que pudieran necesitar en materia de comunicación.

No es habitual que Rojas se ponga a la vanguardia de proceso revolucionario alguno. Su idiosincrasia es, como se sabe, mayormente conservadora. En este tema, no obstante, decidió "hacer punta". Una iniciativa que merece ser aplaudida, apoyada y sostenida por todos los rojenses, que sin dudas viviremos un poco mejor si finalmente es coronada por el éxito.

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