Un campeón no se discute

Se terminó el torneo local de primera división y, como ha ocurrido con bastante frecuencia en los últimos años, el que disfruta de la vuelta olímpica es El Huracán.

Una vez más el elenco de Barrio Belgrano se sube a lo más alto del podio del deporte más popular, confirmando -por si a alguien le hacía falta- la capacidad de un equipo que le ha dado a la institución una gran cantidad de alegrías, transformándose en un plantel que es, sin dudas, a todas luces ganador. Se le escaparon algunos títulos, es cierto, pero es insoslayable la supremacía de los aurinegros en por lo menos la última década del fútbol local.

Y a la hora del balance, se podrá hablar mucho de virtudes y defectos, de lo que hizo bien y lo que no logró concretar, pero en el momento de la verdad, cuando un evento queda grabado a fuego en la historia, los libros siempre dirán que en 2016 El Huracán anotó su nombre y nada lo moverá de ese sitial.

Si fue por penales, ganando ajustadamente, si hubo alguna jugada mal sancionada por el árbitro o lo que sea, eso cuenta sólo como anécdota, como parte del camino transitado para llegar al resultado final: el Globo campeón.

Decimos que a un campeón no se lo discute porque sobre esto hay infinidad de ejemplos, muchos en el más alto nivel: la “mano de Dios” de Diego existió pero en los registros de FIFA está asentado el nombre de Argentina como campeón 1986, el brasileño Tulio la paró con la mano ante Argentina en una Copa América para meter un gol y los vecinos ganaron, Thierry Henry utilizó su brazo para acomodar el balón en la jugada que le dio a Francia el pasaje al Mundial de 2010. Y como esas, infinidad de historias, más o menos alevosas, que no se cobraron y que hicieron posible un resultado, que al final es lo que queda asentado en la historia.

Después del festejo merecido, de estos días de gloria y alegría constante, seguramente para el entrenador llegará el momento del análisis, pero ya pensando en el torneo regional que se viene porque el certamen local se ha definido.

También merece un párrafo el subcampeón, Jorge Newbery, que fue de menor a mayor y contrariamente a las pocas chances que algunos le asignaban en estas finales, demostró estar a la altura, ganando el primer partido y perdiendo el segundo en una tarde donde no pudo sostener la diferencia para terminar sucumbiendo ante el que, por juego y números, fue el mejor de la temporada. Muchos jóvenes son la saludable apuesta de la institución rojinegra, y la idea es correcta si miramos que hace no mucho tiempo el club disfrutó de un tetracampeonato con un plantel íntegramente genuino.

Ahí deben apuntar los clubes, en la medida de sus posibilidades, y quedó demostrado en esta definición donde El Huracán puso en cancha a un elenco con totalidad de jugadores propios y Newbery, con contadas excepciones, casi lo mismo. De esta forma, se da lugar a los pibes que surgen de abajo y se consolida la base para prolongar los éxitos en el tiempos.

Como, por ejemplo, le pasó a los de Barrio Progreso a fines de la los 90 e inicios de la década pasada, y como le ocurre a El Huracán con esta maravillosa generación que no se cansa de ganar campeonatos...

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