"Dejo la llave en la maceta"

La modalidad de un robo ocurrido el fin de semana pasado pone sobre el tapete una costumbre que a todas luces ha venido a reemplazar a la tradición de dejar las puertas de casa siempre abiertas: el "dejo la llave en la maceta".

La crónica policial da cuenta de que "una vecina de Rojas, que reside en el barrio San Martín, denunció que un sujeto desconocido, de sexo masculino, ingresó el domingo sin violencia a su domicilio y se apoderó de 300 pesos que tenía en la cartera. Tras algunas averiguaciones, efectivos de la Policía Comunal y de la DDI lograron identificar al autor del hecho: se trata de un rojense, mayor de edad, que tiene antecedentes penales".

La información oficial es muy escueta; pero los datos más precisos indican que el delincuente ingresó a la casa tras tomar la llave que estaba en la maceta, y si fue descubierto se debió a su mala suerte: una persona allegada a la familia, que además es policía y conocía al sujeto por haber estado ya detenido, lo sorprendió justo en momentos en que salía de la vivienda y lo abordó, exigiéndole que le dijera qué estaba haciendo allí.

El ladrón, rápido para adecuarse a la situación, respondió que había sido contratado para realizar algún trabajo doméstico, lo cual podía ser verdad; el argumento no pudo ser rebatido por el policía, por lo cual lo dejó ir.

Sin embargo, esa mentira, como tantas otras, tuvo patas cortas. Una sencilla averiguación con los propietarios de la casa permitió determinar que no se había contratado a nadie para ningún trabajo, y además constatar el faltante de los 300 pesos, por lo cual el delincuente fue aprehendido.

"LA LLAVE EN LA MACETA"

El hecho relatado pone en evidencia cuán ineficaz es la decisión de "dejar la llave en la maceta" cuando nos vamos de casa. Creyéndonos genios de la intriga, estrategas capaces de dejar a Napoleón a la altura de un poroto, nos sumamos a una costumbre que ya se ha extendido al punto que todo el mundo sabe que si la puerta está cerrada debe buscar "la llave en la maceta", sucedáneo de las casas siempre abiertas de hace varias décadas.

Esta costumbre se ha extendido hasta el extremo de que no solamente se deja "la llave en la maceta" para permitirle el ingreso a otra persona que no tiene llave, sino que la utiliza gente con el único objeto de no tener que andar con el llavero encima, o ante el temor de perderlo o dejárselo olvidado en otra parte.

Lo que otrora fue un secreto a voces, hoy está a plena luz del día. El cartero trae una encomienda; toca a la puerta, en casa no hay nadie. De puro respetuoso no busca la llave en la maceta para abrir la puerta, dejar el paquete dentro, volver a cerrar y colocarla nuevamente en su lugar. De hacerlo, probablemente tendría éxito y se ahorraría un nuevo viaje.

Los ladrones, por supuesto, también forman parte de la comunidad y conocen esta costumbre. Es más: muy probablemente han dejado "la llave en la maceta" cuando salieron a robar.

Hace cuarenta, cincuenta años, nadie cerraba su casa. Las llaves se extraviaban, y era una odisea encontrarlas, por ejemplo, cuando la familia iba a ausentarse por muchos días y pretendía dejar la puerta cerrada. Hoy, bombardeo mediático sobre inseguridad mediante, nadie hace ya eso. La gente se protege y cierra cada vez que sale, aunque sólo vaya a estar fuera unos pocos minutos. Eso sí: deja "la llave en la maceta".

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