Ser periodista

Sinceramente no sé, ni me interesa demasiado el rótulo que le pongan a lo que hago, y que hacen muchos amigos y compañeros de tareas. Notero, cronista, informador, quizá periodista, si para ser considerado así no es condición excluyente haber estudiado esa carrera.

Contrariamente a lo que algunos creen, Rojas, por ser una ciudad chica, no es aburrida a la hora de hacer periodismo. Depende de las ganas, del ingenio, de la capacidad, del estímulo (léase remuneración), pero sobre todas las cosas pasa por el espíritu de periodista que cada uno lleve adentro. No somos muchos habitantes y los reportajes irremediablemente se repiten cíclicamente, aunque en realidad no debería decir “irremediable” sino afortunadamente porque significa que hay rojenses que sobresalen en lo que hacen ya sea en el deporte como en la cultura, la política, lo institucional y los distintos aspectos que hacen a la vida personal y de la comunidad.

Con el entusiasmo no alcanza, pero es un buen comienzo. Si le sumamos las intenciones y el esfuerzo por aprender, mucho mejor. Y aún mejor si le agregamos una formación universitaria, no de esos institutos de cuarta que sólo están para llenarle los bolsillos a sus dueños.

Ser periodista es un compromiso de aceptar reglas del juego donde los protagonistas son los demás. Nosotros no pateamos la pelota, no cantamos, no tomamos decisiones ejecutivas, estamos para contar lo que pasa y opinar, tenemos la obligación de investigar, de recabar la mayor cantidad de datos posibles antes de publicar una noticia.

Porque la credibilidad de un periodista es como la confianza en una pareja. Cada vez que informamos estamos arrojando una piedra y corremos el riesgo de romper el vidrio injustamente por no haber asegurado que la publicación se ajuste a lo ocurrido. Y después, con el vidrio roto, no hay retractación, fe de erratas ni corrección que vuelva la situación al mismo punto donde estaba antes de publicarse la noticia. Se pueden pedir disculpas y se pueden hacer mil aclaraciones, sirve y de buena gente hacerlo, pero lo mejor es estar muy seguro antes de verter algún concepto o contar un episodio.

Ya lo hemos dicho en una anterior editorial pero vale la pena remarcarlo: si usted, lector, busca chusmeríos, rumores, posibles acontecimientos sin confirmar, le recomendamos buscar otro medio. No va a encontrar esas cosas acá por nuestra página web, donde quizás pecaremos de extremadamente formales y respetuosos, pero preferimos eso a ser una loquitos lanzados a quienes no les importa un comino las consecuencias que puede traer aparejada una info alejada de la realidad.

Pasamos frío, nos mojamos, andamos pidiendo a alguien que nos lleve en el auto a cubrir algo, nuestros salarios no son los que quisiéramos (como les pasa a muchos trabajadores) pero no va a escuchar quejas de nuestra parte por todo eso. Así es nuestra tarea, no es solamente sentarse frente a la computadora y apretar teclitas, pero es lo que nos gusta y no renegamos de ello, por más que sepamos que hay otros empleos con mayores comodidades, del mismo modo que hay otros que exigen un sacrificio impropio de un humano.

Esto es lo que somos. Noteros, cronistas, informadores, quizás periodistas, pero ante unos “locos” enamorados de esta profesión...

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