No sobra política, sobra mezquindad...

Este editorial es apenas una reflexión nacida a partir de una declaración del Secretario Municipal de Seguridad, Miguel Angel Núñez, realizada en el Concejo Deliberante. Reunido con concejales, el funcionario dio explicaciones sobre muchas de las cosas que está haciendo en su área, y les pidió por favor que "no politicen la cuestión".

Al leer esto, uno concuerda de inmediato con el pedido, habida cuenta de la importancia de las cuestiones que subyacen detrás de esa palabra. Ahora bien: ¿cómo conciliar que estemos de acuerdo con el pedido de "no politizar", con la naturaleza incuestionablemente política del concepto "seguridad"?

Hablar de "seguridad" implica considerar derechos; y tales derechos no son naturales, como alguno pretendió alguna vez a lo largo de la historia, sino que son el fruto de la evolución de nuestra cultura, de los procesos de normalización que se dan en toda sociedad, inclusive de una moral que hemos ido construyendo a lo largo de los años.

El imaginario que se esconde detrás del concepto de "seguridad" implica el reconocimiento del derecho a la vida, a la integridad personal, a la propiedad privada... todas cosas que por más que nos lo parezcan, no son naturales sino... políticas.

¿Por qué nos parece bien, entonces, que se pida "no politizar" algo que es por esencia político? Resolver esta paradoja nos lleva al meollo de la cuestión: lo que está vaciado de contenido, bastardeado su significado, es justamente la política.

Cuando quienes se han erigido como "políticos" y están convencidos de que política es pelear por un carguito en el Estado; luego se reconocen discípulos de Maquiavelo y deciden que el fin justifica los medios; buscan más tarde los medios más adecuados, encuentran a Goebbels y eligen cómo mentir para que algo quede; y finalmente concluyen en que hacer política es publicar declaraciones en los diarios... entonces la política ha dejado de existir, reemplazada por la mera ambición; voluntad de rapiña antes que de poder; hipótesis de conflicto, no ya con aquello que podría perjudicarnos como comunidad, sino con el que podría disputar un lugarcito en una lista de candidatos.

De ahí el pedido de "no politizar" expresado por Nuñez, y también de ahí que coincidamos con tal solicitud.

Pero atención: estas confusiones interesadas no son gratuitas. El desprestigio de la verdadera política, resultado de estas actitudes mezquinas, es quizás el principal motivo de que como comunidad estemos estancados desde hace décadas.

Recuperar el verdadero significado de la palabra "política" es un imperativo, sencillamente porque la política es la principal, sino la única herramienta que tenemos para solucionar nuestros problemas como sociedad. Quien no lo entienda así mejor haría dedicándose a otra cosa.

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