La última Vuelta de Rojas

A meses de cumplirse las Bodas de Oro de la última Vuelta de Rojas de Turismo Carretera, quienes amamos esta tarea de hacer periodismo, esta labor de informar sobre un hecho o verter opinión acerca de un determinado acontecimiento, solemos indagar en los archivos, buscando datos que resulten interesantes, comentarios escritos en este caso hace muchísimos años, en pos de recordar episodios destacados en la historia deportiva rojense.

Los amantes de los “fierros” estarán de parabienes unas líneas más adelante, al leer un comentario sobre aquella carrera, acaecida un 21 de agosto de 1966 por los caminos del partido de Rojas y distritos vecinos, cuyo autor ignoramos pero que ha sido, seguramente, un maestro en esta tarea de explicar en palabras lo ocurrido en la vida real.

El texto es, sencillamente, impecable. Casi podemos decir que estamos viendo una transmisión televisiva, imaginando en nuestras retinas cada momento de esa competencia. Las condiciones de los caminos, el ruido de los motores, la velocidad, todo aparece en una narración de una calidad exquisita, aún para quienes no gustan mucho de los deportes “tuercas” porque no se trata solamente de una crónica de automovilismo deportivo, es una delicia periodística digna de ser leída por cualquiera.

No abundaremos en opiniones innecesarias ni comentarios que solamente harán demorar el paso a la lectura de lo que, sin exagerar, traspasa la labor de hacer una noticia para transformarse en una pieza literaria.

Acá va.

. . . . . . . . . . . . . . . . .

Cincuenta y ocho pilotos largaron la Xl Vuelta de Rojas sabiendo que les esperaba tierra suelta.

Decir simplemente "tierra suelta," puede entenderse como un encanto más de la categoría TC, pero si no hay viento para "llevársela a un costado del camino el asunto se hace muy difícil para los que vienen atrás del primero. Además, sucede que cuando se alisa la carpeta con la topadora "Champion", la ruta queda efectivamente como una mesa de billar, pero en cambio, el desplazamiento de las crestas de los huellones y de los desniveles más o menos notables equivale a dejar al descubierto clavos, huesitos, alambres y todas esas cosas capaces de atentar contra las cubiertas.

Por lo tanto, los primeros actores de este domingo fueron los doscientos treinta y dos neumáticos que se pusieron en marcha: 84 Pirelli "Super Sport", 62 Fírestone TW-170, 56 Pirelli "Cinturato", 10 Avon "Turbo Speed", 8 Good Year "Blue Streaik”, 8 Continental radiales y 4 Avon SP.

Como para confirmarlo, Héctor Rey destrozó una goma cerca de la largada antes de partir, ya que durante toda la mañana se cambiaron más de medio centenar de ruedas por desbandes y pinchaduras. En cuanto a la tierra, el dicho a la mañana temprano: "Pasar a alguien en el polvo va a ser una novela". Aproximadamente eso pensaban todos los que iban a largar. Para los que quisieron divertirse en el barro marplatense y se quedaron con las ganas, la novela iba a ser divertidísima, aunque para los demás tenia todas las características de un melodrama de esos que escuchan las señoras a la tarde.

Lo cierto es que en Rojas no faltó nadie de los que están bien ubicados en el "ranking" y ese parecía el mejor remedio para la enfermedad de abandonos que sufre la categoría.
El razonamiento fue simple: "Si abandonan algunos, al menos quedarán otros para que esta carrera no sea chata y anémica como las últimas". Claro que media hora después de largar ya se tenía la sensación de que las cosas no cambiarían con respecto a los domingos anteriores.

A pocos metros de la largada, Plinio Rosetto rompió el embrague, dejando un hermoso agujero en el pavimento. Roux y Menditeguy no pasaron por el primer control, Malnatti se había retrasado, Calamante abandonaba. No eran demasiadas bajas, pero prácticamente estaban dadas todas las condiciones para preguntarse: ¿A quién le tocará ahora?
Los ululantes chevroletistas dieron el primer grito de la mañana cuando Cupeiro lo pasó a Casa, apenas a 10 kilómetros de la largada, descontándole 2 segundos por kilómetro, y el segundo grito pocos minutos después, mientras los relatores de los aviones explicaban cómo Bordeu lo pasaba a Rienzi.

Hasta allí, el Chevy había caminado a más de 210 km/h de promedio con partida detenida, pero cuando bajaron a la tierra, donde parece mucho más frágil que sobre pavimento, los simpatizantes del Ford se tomaron la revancha al saber que Dante Emiliozzi recuperaba el primer puesto absoluto y por lo tanto los 23 segundos que le había descontado Cupeiro. Mientras sucedía esto, largaban los últimos: "Bamse", "Dany" y Héctor Conti.
En la primera pasada por Ferré, Dante Emiliozzi ya se había escapado 13 segundos de Cupeiro. Es muy probable que para conseguir los 133,109 km/h de promedio que marcó hasta allí haya tenido que pasar de las 6.000 rev/min que aparecen como el limite de seguridad en el F-100. Casa y Rienzi, en el quinto y sexto puesto detrás de Bordeu y Pairetti, afirmaban que el 8 en V, actualmente, solo marcha seguro a poca velocidad.

En los alrededores de la primera pasada por Rojas, los dos punteros abaldonaron, confirmando tos trágicos presagios. Dante y Torcuato decidieron parar al advertir defectos en el funcionamiento de la bomba recuperadora de aceite. El cárter se habla inundado y no quisieron romper el motor. Volvieron a Rojas despacito, hicieron lavar el automóvil en una estación de servicio y lo encajonaron tranquilamente en un camión.

Cupeiro y Duplán bajaron del Chevy para cambiar una goma, pero mientras el piloto ponía el crique en la trasera izquierda, el acompañante se disponía a desenroscar los bulones de la trasera derecha porque cada uno había escuchado el silbido de su lado. Conclusión, estaban las dos pinchadas. Ahora bien, como tenían un solo repuesto de la medida correspondiente (210 x 15) colocarlo de un lado con una 185 x 15 del otro, era arriesgar la salud del diferencial autoblocante y por ello prefirieron sacarse el casco y mirar la carrera. Si hay algo seguro en todo esto, es que de ahora en adelante, el Chevy va a cargar por lo menos dos ruedas de repuesto de cada medida.

Pairetti había ganado la primera vuelta y junto con Bordeu, Casa, Galbato y Di Palma, demostraba que para doblar en ángulo recto sobre pavimento no hace falta cortar la aceleración a los 500 metros, como la mayoría, sino que con un poco de cuidado se puede pasar el cartel de los 200 metros a fondo y después, entonces sí, tirar el ancla.
Polinori abandonó anunciando defectos en la presión del aceite, míentras Ángel T. Rienzi tomaba el segundo puesto de Casa y Tarducci, sin acomplejarse por el Nº13, marcaba 209,545 km/h en un tramo, colocándose cuarto.

Durante la tercera vuelta, Pairetti habia conseguido acumular más de ocho minutos de ventaja sobre el segundo, en el mismo sector de tierra donde en la primer vuelta casi se da la torta del siglo viajando en la tierra con Rienzi. A todo esto, el mismo Rienzi estaba ocupado pinchando cinco cubiertas y Casa habia tomado el lugar de escolta. Pero de los ocho minutos y fracción que le llevaba Pairetti a Casá la diferencia se redujo a 3 minutos 23 segundos en la tercer pasada, gracias a que paró dos veces (lm 45s en la primera y lm 32s en la segunda) para cambiar dos gomas. ¡Viva el clavo!

El Chevrolet de Arrecifes anda realmente muy fuerte y debió haberlo conformado a Pairetti, quien anunciaba a todo el mundo desde el amanecer que pensaba ganar la carrera de cualquier forma. Tal es así que en 80 kilómetros acumuló la suficiente ventaja sobre Casa como para poder marcar 145 km/h de promedio en un tramo y como para gastar otro minuto y 32 segundos cambiando otra goma. Y vivan los gomeros. Aparte, lo que Pairetti llama "tirarse con todo" en 1966 es bien diferente de lo que "llamaba "tirarse con todo" el año pasado.

La influencia de los automóviles finos, monoplazas, modernos y bien calculados que manejó aquí y en Europa, es demasiado clara como para poder disimularla con su temperamento, Pairetti podrá reconocerlo o no, pero maneja mucho mejor que en 1965.
Por su parte, Casa no pudo intentar un ataque a fondo y planeado porque se quedó sin frenos atrás y debía cortar casi a 700 metros de cada curva, pero volvió a demostrar que el F-100 no se rompe si no lo apuran. El acompañante de Casa "llevaba dos hojas de cuaderno manuscritas donde tenia anotado el cambio correspondiente a cada curva. Viéndolo desde afuera, Casa parece tan frío como se siente él mismo, pero no por nada puntea en el campeonato con cierta luz y consiguió el domingo el N° 1 del "Ranking". Simplemente le está sucediendo que maneja con la misma profundidad como profundas son las sensaciones que busca... y sabe encontrar.

Con Pairetti 1º y Casa segundo, pasó mucho rato antes de conocer al tercero. Podía ser Rienzi, pero fue Galluzzo, quien no entraba al parque cerrado desde la Vuelta de Lobos y esta vez pinchó una sola goma, aunque llegó con los amortiguadores del tren delantero horrorosamente doblados por el impacto recibido al aterrizar de un lomo de burro.

Cuarto entró Tarducci, cambió cuatro veces cubiertas pinchadas y dio casi toda la última vuelta en directa, porque se le rompió el perno que sujeta la palanca de cambios. Recién en el quinto lugar se clasificó Ángel Rienzi después de hacer varias decenas de kilómetros a paso de hombre. "Nunca pinché tantas cubiertas en mi vida", dijo en el parque cerrado. Luego mostró a todos las dos ruedas traseras y señaló que una era más chica que otra porque cuando se había quedado sin auxilio le prestaron un repuesto de medida diferente para que pueda llegar. Llegó, lógicamente con el diferencial hecho puré.

Del Chevrolet N" 29 se bajó sexto Héctor Figlioli, quien ya compite con Di Palma en sudor y cara de haber sufrido cinco gomas cambiadas y buen manejo. Y séptimo fue Luis Villa a casi una hora de Paíretti.

Gear SA

Clyfer