Para ser campeón no es necesario ganar

Hace minutos acabamos de recibir la información de lo que será la forma de disputa y el programa de partidos del Torneo Oficial, aprobados por la Liga de Fútbol en su última sesión.

En esta semana, si las condiciones del clima lo permiten, finalizará el Nocturno y pocos días más tarde, cumpliendo lo anunciado, empezará el certamen principal de nuestro medio, con la interesante novedad de sumar un octavo club y del cual saldrá nada menos que el campeón del año.

Tras analizar la reglamentación, se nos ocurrieron varios títulos para el editorial pero preferimos el que hemos publicado para graficar el aspecto principal de nuestra opinión acerca del método elegido para llevar adelante la competencia.

Resumiendo, el campeonato tendrá una etapa clasificatoria donde jugarán todos contra todos, ida y vuelta, es decir 14 fechas. Luego todos, del primero al octavo (sí, todos!!! pasarán a los cuartos de final, donde comenzarán los duelos de eliminación directa, a partidos de ida y vuelta con penales en caso de paridad en goles. Semifinales y final de la misma manera y una posible finalísima en caso de que el primero quede eliminado y no sea campeón directo.

Hace algún tiempo se programó un torneo donde los seis equipos (esa era la cantidad en ese momento) clasificaron y el sexto casi termina siendo el ganador del título, una cosa increíble e ilógica. Si después de enfrentar a todos los rivales, dos veces, una en cada cancha, un elenco termina ultimo, o penúltimo, y otros puestos de abajo también, quiere decir que no hizo méritos para pelear por el título.

Así de sencillo. Como si en el Mundial clasificaran los cuatro de cada grupo, o lo mismo en la Copa Libertadores. Si todos clasifican es casi jugar sin sentido, más allá de la ubicación, que da una ventajita de jugar con un clasificado en peor lugar.

Yendo al título de la nota, digamos que el campeón puede alcanzar ese honor sin ganar ningún partido. Se puede llegar octavo perdiendo todos los partidos y después empatar todos los que siguen, los de cuartos de final, semifinal, final y finalísima, definiendo a favor en los penales, con lo cual el mejor del año podría llegar a ser un equipo que empate 8 partidos y pierda 14.

Jerarquizar los torneos significa también dar calidad a los reglamentos. Que un primero no deba jugar con un octavo y en un par de tardes malas perder todo lo que hizo en casi una quincena de cotejos, más allá de tener una oportunidad más en la finalísima. Suena ilógico, y si quiere inédito e increíble, que el que salga segundo quede eliminado con el séptimo (para ser más claros, el penúltimo), lugar en el que podría quedar con apenas un par de empatecitos en toda la tanda de clasificación.

Tal vez a algunos dirigentes no les guste que los critiquen y enseguida salgan a responder que el que hace, se equivoca, lo cual es cierto, tan cierto como que el directivo, el funcionario, el que ocupa algún lugar en una institución, está expuesto a opiniones contrarias a sus decisiones y debe saber acerptarlas si son bien intencionadas.

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