¿Siempre será la gente la "variable de ajuste"?

Estamos en plena transición política, y funcionarios entrantes y salientes discuten sobre distintos temas que tienen que ver con el cambio. Una de las cuestiones centrales es, sin dudas, la de los trabajadores: si habrá plata para pagarles su sueldo y medio aguinaldo, si las designaciones y pases de contratados a planta permanente serán definitivas o pasibles de revisiones, y demás.

Es innegable que se trata de un tema de fondo. La Municipalidad de Rojas destina al pago de haberes unos cinco millones de pesos por mes, por lo que redondeando, hacia fines de año deberá pagar siete millones y medio (incluyendo el medio aguinaldo). Es mucha plata.

Pero esta realidad económica, y la entendible preocupación de las autoridades entrantes por saber si podrán cumplir con los compromisos, ni siquiera puede compararse con la zozobra que provoca la situación en los propios trabajadores.

Está claro que mientras para los funcionarios es una cuestión administrativa, para los trabajadores es nada más y nada menos que la posibilidad de saber si contarán o no con recursos para vivir y también, por qué no decirlo, para disfrutar merecidamente de las fiestas de fin de año.

Nadie discute que la intención de todos es evitar problemas y cumplir puntualmente con todas las obligaciones. Pero las discusiones existentes, las afirmaciones del gobierno electo sobre los desastres administrativos de la actual gestión, sumado todo esto a las declaraciones del Secretario de Hacienda Luis Miguel Caso sobre que, efectivamente la Municipalidad no tiene dinero, pero que eso se debe a incumplimientos del gobierno provincial, implican el reconocimiento de que los recursos no están y poco hacen para llevarle tranquilidad al trabajador.

Y hay otra cuestión: la de setenta presuntos nombramientos (pases de planta transitoria a permanente) que el gobierno de los hermanos Caso habría realizado recientemente, y que la futura administración de Claudio Rossi prometió revisar. Los trascendidos indican que ya habrían existido conversaciones en ese sentido, y que estaría acordado, por lo menos en parte, que algunos de esos trabajadores permanecerán en planta, respetándose las designaciones oportunamente hechas, mientras que otros no.

Claro que lo que no trasciende es cuáles de los trabajadores serán los "afortunados" que podrán conservar su puesto de trabajo, y cuáles no.

Estas situaciones, que generan mucha zozobra en el empleado municipal, parecen ser inevitables. Es obvio que no obedecen a la mala voluntad de nadie... pero existen, y son sumamente dañinas para la tranquilidad y la salud mental de mucha gente. Nuestra democracia, aún perfectible, debería encontrar la manera de que las transiciones se realizaran sin estos perversos efectos secundarios.

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