Los periodistas deportivos

Las actividades deportivas que desarrollan los rojenses tienen, en un casi ciento por ciento, un denominador común: el carácter amateur con que llevan adelante lo que en algunos casos es un pasatiempo, en otros el deseo de competir y ser el más destacado de nuestro medio o de otro nivel de competencia y en todos los casos la intención de abrazar una vida sana, mimando el cuerpo para sentirse mejor.

A la par de quienes transpiran la camiseta, a un costado de los escenarios de juego, están los cuerpos técnicos, los dirigentes, los simpatizantes... y los periodistas deportivos, que no corremos atrás de la pelota, no pedaleamos, no manejamos un auto, ni nada de eso, pero formamos parte del deporte desde nuestra no siempre tan sencilla posición de cronistas.

Ante todo, desde El Portal, uno de los medios más jóvenes de los muchos que tiene nuestro medio, debemos decir que sentimos que nuestra tarea se respeta, entendiendo por ello aceptar las críticas y agradecer los elogios, comprendiendo que no todo lo que se hace está bien, que todos los dirigentes cometen errores o planifican algo mal, del mismo modo que los periodistas podemos estar equivocados en alguna idea o le erramos al volcar en una nota lo ocurrido en alguna justa deportiva.

No hablamos por boca de nuestros colegas, de quienes sabemos que seguramente compartirán nuestros conceptos, porque no es nuestra costumbre generalizar ni hacer un “lobby” que en la práctica existe a medias, y prueba de ello es que cada uno hace su trabajo pero, salvo una cortísima experiencia ocurrida hace muchos años, no hemos podido nunca organizar un Círculo de Periodistas Deportivas, como existe en otros lugares, vaya a saber bien por qué.

Los periodistas deportivos no somos dirigentes. Algunos han sido deportistas pero ahora dedican su tiempo a estar en otra tarea, y algunos sí son o no simpatizantes del algún club, lo cual no invalida para nada el trabajo si este se hace con ecuanimidad, olvidando la camiseta querida al momento de opinar.

Se puede ser un datero, un redactor, un editorialista, cumplir cualquier rol dentro de esta tarea, pero lo que debe quedar bien en claro es que los roles son bien diferentes, le guste a quien le guste. Al directivo de una institución no le debe parecer un ataque personal cuando se marca algo que consideramos no está bien, porque no hay nada para leer entre líneas en nuestras notas. Lo que opinamos, como lo hacen otros colegas (tal vez todos no), no tiene nada que ver con algún interés especial en determinada cosa, sólo tiene que ver, sí, con el interés de sumar desde nuestro lugar un aporte para mejorar, tirando ideas, generando debates constructivos que “ayuden” a los dirigentes a ver cosas que no se pueden observar en el fragor de la batalla.

Siempre preferimos a aquel vecino que dedique su tiempo a hacer algo en una institución al que no hace nada, pero se sabe, como muchas veces se ha dicho, que el que hace, se equivoca, y a partir de esa premisa se debería comprender más claramente la tarea que realizamos. No somos criticones porque sí, no somos de esos que no saben de qué se trata pero se oponen. Tenemos por costumbre recabar información, averiguar lo más que se pueda, “masticar” cada elemento obtenido y recién después, opinar.

Y también somos amateurs, nos pagan por nuestra tarea pero nadie deberá pensar que es la profesión mejor remunerada del mundo. La hacemos porque nos gusta y en parte es nuestro medio de vida, soportando frío y calor cada domingo en la cancha, rebuscándonos para buscar algún amigo que nos lleve a cubrir alguna competencia, sin recibir siempre la gratificación que más nos gusta: que alguien nos diga que le gustó una nota, o que no le gustó pero igualmente respeta nuestra tarea...

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