La tecnología y el fútbol

Aunque difícilmente el tema pueda llegar a concretarse en nuestro medio por la sencilla razón de estar metidos en un medio donde el deporte es amateur, sinónimo de pesos que escasean y esfuerzo permanente de dirigentes abocados a generar ingresos para sostener las actividades, lo sucedido hace algunos días confirma lo que ya alguna vez abordamos en alguna editorial de El Portal.

La cuestión pasa por el uso de la tecnología en el deporte más popular, que insiste en sostener reglamentos y estructuras arcaicas por eso del “folclore”, algo que suena más a excusa repetida para esconder el poco afán de los dirigentes de empezar a cambiar las cosas y empezar a hacer un poco más justa una contienda deportiva.

El tenis, el rugby, el jockey y el básquetbol ya permiten la utilización de las cámaras de televisión para dirimir cuestiones del juego y ayudar a los árbitros a ratificar o corregir errores en sus decisiones. Hay algunas disciplinas donde el juez consulta casi en forma permanente según lo considere necesario (el caso del rugby) y otros donde cada jugador tiene una determinada cantidad de posibilidades de revisión (el tenis), o el caso del básquetbol, que limita casi exclusivamente la utilización de las cámaras a decidir si un lanzamiento sobre la “chicharra” fue antes o después de tiempo.

Es lógico que si la pelota no traspasó la línea de meta no sea gol o que no tenga validez si un lanzamiento que se hizo después que el reloj se clavara en cero o que si hubo pase para adelante, pero a pesar de algunos pequeños intentos como ocurrió en el Mundial, con cámaras que mostraban si el balón entró o no (nada más que eso), es una realidad que la tecnología todavía no está “amigada” con el fútbol. O mejor dicho, con los dirigentes que deben decidir dar ese paso, a nuestro entender muy importante para que haya mayor justicia.

El ejemplo más reciente es el “penal” que el árbitro Ceballos cobró, cuando la infracción se cometió dos metros afuera del área, con lo cual ese penal únicamente existió en la imaginación del hombre de negro, omnipotente señor que decide todo en un juego con 22 protagonistas adentro de la cancha, técnicos que protestan desde el minuto cero y suplentes que se suman a los reclamos, con lo cual pareciera ser una situación de uno contra todos.

Es hora de modernizarse, de entender que cada situación del juego se puede ver al instante y no hay que esperar al diario del lunes para enterarse de lo que pasó en cada partido...

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