¿Tribunal duro o blando?

Un tema del cual se ha venido hablando mucho en el ambiente futbolero de las últimas semanas ha sido el relacionado con las sanciones que viene aplicando el Tribunal de Penas de la Liga de Fútbol de Rojas.

Las quejas de algunos tienen que ver con lo que, entienden ellos, es una excesiva rigurosidad de parte de dicho cuerpo, que ha decidido, por lo que se desprende de sus veredictos, aplicar sanciones más elevadas de lo que suelen hacerlo otros tribunales, y esto comprende desde el fútbol amateur hasta el superprofesionalismo.

Podemos exponer muchos ejemplos pero vale comentar, por ejemplo, que en la Copa América al jugador chileno le dieron dos fechas por la desagradable acción cometida sobre un rival (no hace falta el detalle del lugar donde puso su mano), episodio que por estos lares se considera como una “viveza” y que en otras partes, como en Alemania, donde juega, consideran motivo suficiente como para prescindir de sus servicios por lo antideportivo de la falta.

Muy cerquita, en lo que hasta el año pasado eran compañeros de ruta en las competencias del ex Seis y ahora Cuatro Ligas, semanas pasadas se produjo un episodio lamentable cuando un técnico interceptó a la terna arbitral varias cuadras lejos del estadio donde se jugó el partido para reclamarles y, según dicen, agredir a los colegiados. Sería lógico pensar que tamaña incorrección le valdría un castigo ejemplar pero el Tribunal de la Liga del Oeste le aplicó solamente cinco (sí, 5) partidos de suspensión.

En Rojas el organismo que preside el abogado Esteban Di Camillo parece más decidido a aplicar sanciones que tengan el efecto que toda pena busca: que el infractor sienta la suspensión y evite reiterarla, y que el resto comprenda que salirse del reglamento no es lo mismo que no transgredirlo. Lo que dice “premios y castigos”.

El problema, creemos, pasa por los amplias facultades que el reglamento otorga a los tribunales ya que si bien se establecen las sanciones, se da amplio margen para el criterio. La legislación deportiva indica “de 2 a 10 partidos”, por decir algo, o “hasta 30 partidos”, dejando demasiado abierto a la interpretación y decisión de cada HTP la cantidad de fechas que se apliquen. Así, mientras un Tribunal puede disponer darle 2 fechas, otro bien podría considerar que la misma infracción merece 10. Y más allá de la opinión de cada uno, ninguna de las dos alternativas merecería objeción desde el lado de la legalidad.

Desde nuestro punto de vista, el Tribunal debería ser severísimo en casos de agresión a un árbitro, por ejemplo, o con faltas consideradas como graves, y más contemplativo cuando se trata de acciones productos del juego, como pueden ser una “patada” (siempre y cuando no tenga consecuencia de lesión para el adversario) o un reclamo moderado.

No es sencilla la tarea de impartir justicia, mucho más en un medio amateur, donde no existe la tecnología (léase TV) para apoyarse a la hora de evaluar si el informe de un árbitro se ajusta a lo acontecido. Y actuar de oficio no es tan simple porque, sin imágenes, todo termina circunscribiéndose a la palabra de uno contra el otro, con lo cual lo único válido es el informe del juez y sus asistentes. No es necesario aclarar que si bien el reglamento permite a un futbolista expulsado hacer un descargo, el relato del hombre de negro termina siendo siempre la base en la que se basa una suspensión.

Lo importante es que el Tribunal aclare, antes de empezar las competencias, la forma con la que se manejará: si aplicará el cincuenta por ciento, como ha pasado, si tomará en cuenta el mínimo previsto o lo que sea, porque informando en la previa de los campeonatos todos los protagonistas saben cuáles son las consecuencias ante una expulsión. Y eso parece haber quedado establecido con el tenor de las sanciones que ha venido aplicando.

Lo repetimos: no es tarea simple aplicar suspensiones en el deporte, de la misma que tampoco lo es en la justicia ordinaria porque una ley está hecha por los hombres y la ponen en práctica los hombres, con todo lo falible que indudablemente podemos ser en cada acto de nuestras vidas.

Gear SA

Clyfer