Defender lo nuestro...

El tema deportivo de la semana (y probablemente de unos cuantos días más) será el lamentable episodio ocurrido el jueves por la noche en oportunidad de la revancha del superclásico, que debió haber sido una fiesta de noventa minutos de fútbol y terminó siendo un bochorno por donde se lo mire. Porque se puede ser simpatizante de Boca, de River o de cualquier equipo, y es imposible ocultar que lo sucedido está más ligado a la delincuencia que a cualquier cosa parecida al deporte.

Como era previsible de acuerdo a lo que anticipaban los que saben del tema, el match se dio por terminado y así se definió el pase de los “millonarios” a cuartos de final. Fue en un escritorio, es cierto, pero es allí donde se dirimen las cuestiones cuando se salen del reglamento y en este caso, existiendo una agresión a futbolistas, lo más probable era que pasara lo que pasó. Lamentable para todos, para los de Boca porque se quedaron sin 45 minutos para jugar donde podrían haber revertido la serie, y para River porque sin dudas es más lindo eliminar al archirrival en la cancha.

Ante todo, debemos destacar la actitud de una buena parte de los simpatizantes boquenses (la mayoría), que reconocen lo incalificable del acto vandálico cometido por un puñadito de sus seguidores, algo que no debería repetirse. De la misma forma se debería haber obrado en muchísimas ocasiones donde hubo ataques a árbitros, jugadores o técnicos, como cuando en cancha de River le arrojaron un pedazo de madera a un jugador de Godoy Cruz o como cuando en el estadio de Central golpearon con un proyectil al técnico de Arsenal. Suspensiones que deberían haber sido más severas (quita de puntos, por ejemplo, para que duela en serio) y que sufrieron otros clubes de la B pero que, por ser chicos, no se siente cuando “patalean”.

El fútbol argentino pasa por un momento terrible, con dirigentes prendidos en cuanto negociado que aparezca, con barras bravas que manejan trapitos, merchanDefender lo nuestro...

El tema deportivo de la semana (y probablemente de unos cuantos días más) será el lamentable episodio ocurrido el jueves por la noche en oportunidad de la revancha del superclásico, que debió haber sido una fiesta de noventa minutos de fútbol y terminó siendo un bochorno por donde se lo mire. Porque se puede ser simpatizante de Boca, de River o de cualquier equipo, y es imposible ocultar que lo sucedido está más ligado a la delincuencia que a cualquier cosa parecida al deporte.

Como era previsible de acuerdo a lo que anticipaban los que saben del tema, el match se dio por terminado y así se definió el pase de los “millonarios” a cuartos de final. Fue en un escritorio, es cierto, pero es allí donde se dirimen las cuestiones cuando se salen del reglamento y en este caso, existiendo una agresión a futbolistas, lo más probable era que pasara lo que pasó. Lamentable para todos, para los de Boca porque se quedaron sin 45 minutos para jugar donde podrían haber revertido la serie, y para River porque sin dudas es más lindo eliminar al archirrival en la cancha.

Ante todo, debemos destacar la actitud de una buena parte de los simpatizantes boquenses (la mayoría), que reconocen lo incalificable del acto vandálico cometido por un puñadito de sus seguidores, algo que no debería repetirse. De la misma forma se debería haber obrado en muchísimas ocasiones donde hubo ataques a árbitros, jugadores o técnicos, como cuando en cancha de River le arrojaron un pedazo de madera a un jugador de Godoy Cruz o como cuando en el estadio de Central golpearon con un proyectil al técnico de Arsenal. Suspensiones que deberían haber sido más severas (quita de puntos, por ejemplo, para que duela en serio) y que sufrieron otros clubes de la B pero que, por ser chicos, no se siente cuando “patalean”.

El fútbol argentino pasa por un momento terrible, con dirigentes prendidos en cuanto negociado que aparezca, con barras bravas que manejan trapitos, merchandising y otros rubros, con futbolistas desleales que prefieren aplaudir a quienes provocaron una suspensión antes que solidarizarse con los colegas agredidos, y con políticos que miran para el costado y no hacen nada. Nada. Solamente hablar, hablar y hablar, prometiendo medidas que nunca llegan.

En medio de todo eso, está la gran mayoría de la gente que lo único que quiere es ir a la cancha o mirar a su equipo por la tele, pegar un salto cuando su divisa hace un gol o putear en arameo cuando pierde, pero a los que nunca se les ocurriría accionar de forma violenta. No pasa de la cargada al hincha del contrario, de la gastada criolla, o de “esconderse” de los amigos que simpatizan con el rival cuando el resultado fue adverso.

Ante este panorama verdaderamente desolador porque la enfermedad empeora y el médico no aplica la cura (si es que existe), debemos hacer fuertes en el pago chico, defender la limpieza de nuestro fútbol local, que podrá tener desprolijidades y desorganización pero que no está contaminado como todo lo que rodea a los clubes profesionales.

Las ligas del Interior son un bastión en la pelea contra los violentos, contra los que se escudan en una camiseta para salirse de la ley, porque acá los jugadores juegan con el corazón, los hinchas sufren con el alma y los dirigentes no piensan en llenarse los bolsillos sino que piensan en el bien de sus instituciones.

Por eso, como no va a ser muy difícil cambiar algo de lo que pasa en el nivel más alto de la competencia, defendamos, luchemos a brazo partido y pongamos lo mejor de cada uno para que “nuestro” fútbol no se llene de los mismos vicios.dising y otros rubros, con futbolistas desleales que prefieren aplaudir a quienes provocaron una suspensión antes que solidarizarse con los colegas agredidos, y con políticos que miran para el costado y no hacen nada. Nada. Solamente hablar, hablar y hablar, prometiendo medidas que nunca llegan.

En medio de todo eso, está la gran mayoría de la gente que lo único que quiere es ir a la cancha o mirar a su equipo por la tele, pegar un salto cuando su divisa hace un gol o putear en arameo cuando pierde, pero a los que nunca se les ocurriría accionar de forma violenta. No pasa de la cargada al hincha del contrario, de la gastada criolla, o de “esconderse” de los amigos que simpatizan con el rival cuando el resultado fue adverso.

Ante este panorama verdaderamente desolador porque la enfermedad empeora y el médico no aplica la cura (si es que existe), debemos hacer fuertes en el pago chico, defender la limpieza de nuestro fútbol local, que podrá tener desprolijidades y desorganización pero que no está contaminado como todo lo que rodea a los clubes profesionales.

Las ligas del Interior son un bastión en la pelea contra los violentos, contra los que se escudan en una camiseta para salirse de la ley, porque acá los jugadores juegan con el corazón, los hinchas sufren con el alma y los dirigentes no piensan en llenarse los bolsillos sino que piensan en el bien de sus instituciones.

Por eso, como no va a ser muy difícil cambiar algo de lo que pasa en el nivel más alto de la competencia, defendamos, luchemos a brazo partido y pongamos lo mejor de cada uno para que “nuestro” fútbol no se llene de los mismos vicios.

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