La genialidad de saber encontrar siempre el detalle intrascendente

¿No deberiamos reconocer como una genialidad esa capacidad que tienen muchos para encontrar siempre el detalle irrelevante, aún en las cosas más importantes? ¿Conspira contra ese justo reconocimiento el hecho de que sean, efectivamente, muchos los que la poseen?

La cuestión es que con reconocimiento o sin él, esa capacidad es convertida permanentemente en acción, y así es como cuando uno de tales "genios" escucha que fue hallada la cura definitiva contra el cáncer (por poner un ejemplo), inmediatamente dice -sí, claro... pero te tenés que poner una inyección, y el pinchazo duele-. Notable.

"Genialidades" de ese tipo hemos escuchado en estos tiempos, entre otras cosas, sobre dos temas que tienen su importancia: uno es la llegada de la UNNOBA a Rojas, hecho histórico porque más allá de que la ciudad ha tenido y tiene aún otras experiencias universitarias, es la primera vez que una universidad nacional abre una sede aquí. El otro es la recuperación del tren de pasajeros entre Junín y Buenos Aires (en realidad parte de Rufino), por la importancia que ello conlleva desde lo económico, desde la seguridad vial, y por qué no, también desde lo simbólico.

Sobre la llegada de la UNNOBA se han escuchado cuestionamientos con respecto al lugar donde funcionará la sede, la vieja estación del Nuevo Central Argentino. Más allá de que se trata de una construcción de extraordinaria calidad, que una vez refaccionada será infinitamente mejor que cualquiera de las edificaciones actuales -esas que ahora hacen con ladrillo hueco y materiales livianos que garantizan lo efímero de su presencia sobre la superficie del planeta- lo concreto es que a los "genios de lo irrelevante" les parece que el eje de discusión debe pasar por el estado del edificio antes que por la decisión histórica de radicar en Rojas una universidad nacional.

El otro tema, el del tren, es de similares características. Desde que en los años 90 el neoliberalismo cerró la mayoría de los ramales ferroviarios y levantó los servicios de pasajeros, su restitución ha sido un permanente y enérgico reclamo popular. Habiéndose conseguido el regreso del tren que une Rufino con Buenos Aires, pasando por Junín, no faltan los "genios" para quienes más importante que dicho logro es que una formación descarriló en uno de los viajes.

Ni siquiera parece importante que llegara a la consideración pública la alta probabilidad de que se haya tratado de un sabotaje, ya que ese ramal no está abandonado ni mucho menos; se trata de las vías que unen la Capital Federal con Mendoza, por la que nunca dejaron de pasar trenes cargueros que no descarrilan. Llamó la atención, por ende, que formaciones de cuarenta o cincuenta vagones, significativamente más pesados que las de pasajeros, viajen sin problemas por una vía por la que un tren liviano de cinco vagones no puede. Pero esto por supuesto que está fuera de la competencia de los "genios de lo intrascendente", y no hay por qué distraerlos de sus verdaderos -y valiosos- derroteros intelectuales.

Esta habilidad injustamente subestimada pero finalmente trascendente (por lo menos en función de su número) no ha pasado desapercibida en la historia de la humanidad; por el contrario, su huella puede reconocerse en la mayoría de los hechos atribuidos a la civilización. Aquellos a quienes les señalás la Luna y te miran el dedo no han pasado en vano por esta vida terrenal, y los resultados están a la vista. El mundo no sería el mismo sin su aporte. Algunos (por suerte, pocos) piensan que sería mejor; pero esto es inevitable. Disconformes hubo y habrá siempre.

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