Sobre recuerdos, aguas servidas y su olor nauseabundo...

Cuando era muy niño vivía con mi familia en la ciudad de La Plata, y viajábamos muy frecuentemente a Buenos Aires para visitar a mis abuelos.

El viaje, en tren; el viejo Ferrocarril Roca, en el que tardábamos una hora si teníamos la suerte de "pegar" el rápido. Pero en general nos tocaba el que iba "parando en todas", que tardaba una hora y media, y hasta dos horas en llegar. Lapso extenso e irritante para la paciencia de un niño de corta edad.

Había, no obstante, algo que indicaba la inminencia del final del viaje: un indicio, una señal de que la tortura terminaría y podríamos, por fin, poner pie sobre el andén de la estación Constitución. Me refiero al cruce sobre el Riachuelo, límite entre la Capital Federal y el partido de Avellaneda.

A medida que el tren iba acercándose al puente, un olor nauseabundo, penetrante, insoportable, indescriptible, a podrido y a cosas que no parecían de este mundo (ya que era imposible encontrarlas en otro lugar) nos iba invadiendo, produciendo sensaciones encontradas: por un lado, el desagrado propio de tener que respirar semejante cosa; pero por el otro, la alegría por la inminencia del final del viaje.

*****

Hace muy poco tuve oportunidad de volver a cruzar el Riachuelo, esta vez en auto, por el Puente Avellaneda; e inesperadamente sentí que me conmocionaba la ausencia de olor, la inexistencia de esa sensación nauseabunda que, acababa de descubrir, había quedado grabada a fuego en mi memoria. Cincuenta años después recordaba perfectamente y con todo detalle el insoportable olor a podrido de antaño que ya no estaba ahí.

Me puse a pensar, entonces, en qué le ocurriría a un niño que hoy, en pleno año 2015, se viera obligado a realizar viajes frecuentes por la ruta 188 y, apenas cruzada la intersección con avenida Helguera (y algunos cientos de metros en sentido hacia el norte) percibiera el penetrante olor propio de la cloaca a cielo abierto que transcurre por ese sector de nuestra ciudad.

Imaginaba que quizás esa sensación quedaría grabada en su memoria, como quedó la del Riachuelo en la mía cinco décadas atrás; y que probablemente en el futuro, siendo el niño ya adulto, se acordará de nosotros cada vez que alguna emanación nauseabunda, surgida de mierda estancada, acerque el nombre de Rojas a su mente.

MT

Gear SA

Clyfer