Caso, un intendente que "va a la plata". ¡Habíamos entendido mal!

Cuando estaba en campaña electoral, e inclusive siendo Intendente electo, Martín caso reiteró muchas veces que para gobernar iba a necesitar "un equipo de lujo" y que el eje de su accionar estaría puesto en "ir a la plata".

Esta nota es una autocrítica. En aquel momento, el periodismo en pleno entendió mal las expresiones de Caso y utilizó mayúsculas para las palabras "La" y "Plata", pensando -erróneamente- que el mandatario se refería a la ciudad capital de la Provincia de Buenos Aires.

Con muy buenas intenciones pero mucha ingenuidad, los medios de comunicación construyeron una fantasía: si el Intendente iba a basar su acción de gobierno en "ir a La Plata" es porque pensaba gestionar innumerables obras para Rojas; y si necesitaba "un equipo de lujo", no podía ser por otra cosa que para tener gente de confianza en la que depositar las responsabilidades de gobierno mientras estaba ausente.

Esta visión fantasiosa llevó a todo tipo de contradicciones y decepciones. ¿Cómo podía ser... en qué cabeza cabía... qué sucedió para que si el Intendente permanentemente "va a La Plata", siga sin terminarse la ruta 45, Rojas sea prácticamente el único distrito que en cuatro años no vio erigirse una sola vivienda, y las promesas de parque industrial, de avenida costanera, de terminal de ómnibus en la ruta, de pavimentos, de obras que otrora fueron prometidas, hoy no sean ni siquiera recuerdos?

¡Craso error! La culpa es nuestra. La explicación está en la interpretación equivocada del periodismo. Porque cuando las expresiones son reinterpretadas, y se comprende lo que el Intendente realmente dijo, ocurre lo mismo que cuando la pieza faltante es colocada en su lugar en el rompecabezas; ahí la luz reemplaza a la oscuridad, todo cobra sentido en un instante: Martín Caso no dijo que iría "a La Plata"... sino "a la plata". Y el "lujo" del equipo alude a su alta eficiencia recaudatoria.

Así aparece la lógica en todo su esplendor. Se entiende, entonces, por qué prácticamente todas las medidas de gobierno han tenido como objetivo la recaudación. Se comprende por qué las primeras decisiones fueron aumentar un 400 por ciento el costo de la colonia de vacaciones, y arancelar las carreras universitarias que dicta la UTN (iniciativa frustrada por el Concejo Deliberante). Se entiende el por qué del aumento de la alícuota de la Tasa de Seguridad e Higiene (un valor que se ajusta solo con la inflación ya que depende del ingreso); el por qué del incremento brutal del Fondo de Obras; el gravamen (ilegal, porque un Municipio no puede cobrar impuestos) a la energía eléctrica que resultó generalizado, a contramano del congelamiento de tarifas dispuesto a nivel nacional y provincial para promover la producción.

También se comprende, dentro de esta lógica de "ir a la plata", los intentos que de a poco se van concretando de instalar radares en la ruta, fotomultas en el centro... el cobro de aportes partidarios a los empleados municipales ingresados durante el mandato... los negocios hechos con dinero de los trabajadores en connivencia con mutuales... la desafectación de los recursos provenientes de la Tasa Vial... la demora en la presentación del Presupuesto para poder disponer libremente de los adelantos de coparticipación... la negativa a usar para educación el dinero del Fondo Educativo... la venta de terrenos municipales sin la correspondiente (y anunciada) utilización de los fondos para reponerlos... etc... etc...

El accionar del gobierno municipal actual podría haber sido muy fácilmente previsto si allá por el 2011 los periodistas hubiéramos entendido que Martín Caso no hablaba de "La Plata" sino de "la plata".

Aunque hay que reconocer que alguna responsabilidad le cabe. Si no hubiese sido tan prolijo desde lo expresivo; tan meticuloso en la elección adecuada de las palabras; si hubiera optado por utilizar frases más populares, en lunfardo, por ejemplo; si en lugar de "ir a la plata" hubiera dicho "como Intendente voy a ir a los mangos, papá... a la moneda", entonces el error, probablemente, no habría sido cometido.

Pero es inútil llorar sobre la leche derramada; o sobre los pesos despilfarrados que hoy forman parte de la "caja" de Encuentro por Rojas en el Frente Renovador. El error fue cometido; los ríos de tinta en dirección equivocada, corrieron; muchísimas palabras vanas fueron dichas; y todo en función de no haber podido comprender cabalmente, en el momento adecuado, que Martín Caso no pensaba ir "a La Plata" sino "a la plata".

Aunque es probable que el periodismo -y la comunidad toda- haya preferido autoengañarse en función de no perder la fe; esa que en otros lugares es capaz de mover montañas (aunque en Rojas ni siquiera ha sido capaz de tapar los baches de las calles). Quizás nos haya traicionado nuestro optimismo histórico, nuestras ganas de que las cosas mejoren; porque la esperanza... es lo último que se perdió.

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