El servicio policial en el fútbol

Aunque no les corresponda patear la pelotita ni dirigir a un equipo, un elemento imprescindible para el desarrollo de los equipos futbolísticos es la seguridad. Traducido: sin Policía no hay partido oficial posible porque el reglamento así lo exige, y está bien para actuar en caso de algún hecho reñido con la seguridad.

Pero a la hora de designar a los uniformados debe aplicarse el sentido común y establecer pautas básicas, teniendo en cuenta las características de la Liga en que estamos inmersos, la “belicosidad” de los simpatizantes y el grado de riesgo que cada partido puede tener, que en general en nuestra ciudad es poco menos que nulo ya que, remitiéndonos a las estadísticas, fueron poquísimos los episodios de violencia en la historia del deporte popular en nuestro pago chico.

Luego del lamentable episodio ocurrido días atrás cuando fue agredido un árbitro por parte de un jugador de Colonial de Ferré, desde la Comisaría local se informó que aumentaría la cantidad de personal designado para las próximas noches del Nocturno. La jornada siguiente se jugó sin personal policial pero para las semifinales se dispuso, como corresponde, contar con la Policía.

Claro que el tema no fue sencillo porque primero se asignaron 20 efectivos y finalmente fueron 12 los que concurrieron al estadio de Newbery, una cifra excesiva para la trascendencia de los partidos que se jugaban, una suerte de amistosos con un marco legal ya que son solamente compromisos preparatorios, sin valor para la pelea por el título rojense de este año.

La cuestión, creemos, pasa por sentarse a la mesa y llegar a un acuerdo. Dirigentes liguistas, funcionarios municipales y autoridades policiales deberían seguir dialogando para no hacer de este tema una cuestión insufrible a lo largo de todo el año ya que se sabe que las arcas de los clubes están flacas y no es saludable sobrecargar los gastos con un servicio policial exagerado.

Entendemos que debería existir una reglamentación provincial -si hay alguna, no la conocemos- donde se determine cuál es el mínimo de policías que se deben destinar a cada cancha porque parece que esta historia depende del criterio de comisario ya que mientras en algunas partes van 3, en otras son 4 y en otras más. Es verdad que el jefe policial es el que debería entender más sobre las cuestiones de seguridad pero tratándose de un espectáculo deportivo, que tiene alta connotación social, debería tener voz y voto en el tema el intendente o quien éste designe y el titular liguista, tres actores principales del espectáculo del fútbol.

Realizar de vez en cuando algún encuentro entre estas tres partes sería a todas luces positivo, para evaluar la marcha del torneo y decidir entre todos cuántos efectivos deben ir a cada estadio. Si todo va bien, sin episodios desagradables, mantener los históricos 4 que siempre han sido asignados y si hay presunción de posibles incidentes (un partido de alto riesgo, por decirlo de alguna manera) disponer una cantidad mayor.

Se nos ocurre que así este sería un tema que se podría encaminar de la mejor manera, sin malestar de parte de nadie, sin determinaciones arbitrarias, consensuando para hacer que el servicio policial no represente una carga para los clubes.

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