La muerte de Irma Oger, una gran pérdida para la cultura rojense

Una gran pérdida para la cultura rojense significó el fallecimiento de la escritora, periodista y dirigente agropecuaria Irma Nery Oger, ocurrido el pasado jueves, 11 de diciembre de 2014, en el hospital Unzué.

Es que la tarea desarrollada por la extinta en múltiples ámbitos de la vida pública de Rojas dejó sus frutos, y eso es un logro que no muchos pueden exhibir.

Sus primeras incursiones en el periodismo fueron en "Chispa" y "La Voz de Rojas", medios en los que no se limitó a reflejar los sucesos propios de la época, sino que lo hizo a la luz de una interpretación aguda, y en el marco de un proceso histórico dinámico.

Precisamente, la historia fue una de sus pasiones; pese a que se reconocía como una "aficionada", porque consideraba que "muchas veces escucho decir que soy historiadora... pero no lo soy. La historia es una ciencia que debe ser estudiada como corresponde. Yo soy una simple aficionada, y he hecho algunas mini investigaciones, sobre todo con "Tuto" Rodríguez. Investigábamos sobre entidades de Rojas, personas, colectividades, todo eso. A mí me gustaba escribir siempre alguna cosita, todo sencillito", solía decir. Lo cual habla también de su modestia.

Muchos de sus relatos fueron publicados en los medios en que trabajó; más tarde otros los rescataron, y doce de ellos forman parte de la página web
Historias de Rojas, editada por Mario Aguer y coordinada por el doctor Ariel Labrada hasta muy poco antes de su fallecimiento, acaecido el 24 de julio pasado.

Como escritora, dejó tres libros: el primero, de poesías y cuentos; un segundo de pura poesía, y el último, titulado “Relatos de amor”. En ese rol obtuvo el primer premio en el II Certamen Literario Regional de Cuento y Poesía (Salto, 2006), y también una distinción de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires.

Su labor en el gremialismo agrario también merece ser destacada, ya que es obvio que se trata de algo históricamente reservado a los hombres; e Irma fue una de las primeras mujeres en incorporarse.

Su rol de productora tiene orígenes muy humildes. Su padre, Pablo Oger, y su madre Antonia Juana Martínez llegaron desde Navarra, como vulgarmente se dice, "con una mano atrás y otra adelante". Pablo fue peón, puestero, vendedor de marlos, hasta que en un momento pudo comprar un pequeño campo y unas vacas, transformándose en lechero.

Allí nació Irma, que más tarde se casaría con otro chacarero, Roque Parisi, el padre de sus tres hijos, ya fallecido.

Así fue como Irma Oger se convirtió en productora, y poco después se afiliaba a la Federación Agraria Argentina. "En una época iba siempre a las asambleas. He sido delegada en las comarcales, y también en el Congreso que se hace en la ciudad de Rosario, varias veces, hasta la época del golpe militar. A partir de entonces no se podía ir a ninguna asamblea, porque al lado tenías un policía que anotaba todo lo que decías. En Rosario había que buscar lugares para reunirse, porque no se podía en cualquier parte, no te lo permitían. Yo tenía mucho miedo, no militaba en nada, y además tenía tres hijos. La mayor ya estaba en Buenos Aires estudiando, y me daba mucho miedo, era una cosa horrible. Además, la política económica de Martínez de Hoz casi nos hizo desaparecer. Si no se iba cuando se fue, desaparecíamos. Por eso, si bien he seguido siendo socia, participo mucho menos. Creo que hay muchas discrepancias que no debería haber, cosas con las que no estoy de acuerdo, y como no quiero tener problemas con la gente, prefiero que decidan los jóvenes en qué mundo van a vivir", afirmaba hace unos pocos años.

La Biblioteca Pública Municipal la tuvo como una de sus principales colaboradoras, y permanentemente participó de las actividades organizadas por la institución. Se recuerda su paso por un grupo de lectura formado hacia principios de este siglo, responsable de una de las publicaciones culturales de más alta calidad que haya conocido la ciudad. "Tiempo perdido", cuyas más de cien ediciones fueron publicadas como suplemento por el diario "La Voz de Rojas".

Hoy, que vivimos una época plenamente distinta, cuando la mirada aguda sobre la realidad, la preocupación por escribir bien, la valorización del pensamiento y la producción orientada hacia las nuevas generaciones son cada vez menos tenidas en cuenta, no cabe sino concluir que la desaparición física de Irma Oger ha representado una pérdida inestimable para nuestra comunidad.

No se trata de echar una inútil mirada ética sobre el devenir de la historia; esto es, de tratar de determinar si una época fue mejor o peor que otra. Tal cosa sería un juego vano. No obstante, aún reconociendo el valor de mucho de lo actual, debemos admitir que también hay mucho que va desapareciendo y es irrecuperable. Las personas como Irma son un clarísimo ejemplo.

Gear SA

Clyfer