Algunas consideraciones sobre el Seis Ligas...

El de ayer fue un domingo atípico, de esos que ocurren de vez en cuando por distintas razones: porque el mal tiempo impidió jugar los partidos o porque estamos metidos en una competencia donde se juega todos los días, desconociendo el precepto básico de la esencia del fútbol amateur. Es cierto y comprensible que algunos clubes que están en el Seis Ligas están en una competencia superior (Federal B) pero habría que encontrar la forma de que por unos poquitos (tres), el resto (más de cuarenta) deba acomodarse muchas veces a competir un lunes, martes, miércoles o cualquier día que no sea el domingo.

Y muchas veces esta cuestión atenta contra la justicia deportiva porque, como en el caso de Carabelas, deberá salir a alquilar otra cancha para hacer las veces de local en la final ante Newbery de Junín ya que el partido se programó para el miércoles 26, a las 21.30 horas, y como el estadio de los carabelenses no tiene luz artificial, es imposible hacer de local en el Miguel Cudós hijo. Para el equipo de la localidad significará tener que abandonar un reducto donde este año ha ganado la gran mayoría de sus partidos, tener que pagar alquiler, perder a seguramente unos cuantos hinchas que no podrían trasladarse hasta nuestra ciudad y otros puntos negativos, con el único aliciente de que, al jugarse en Rojas, seguramente serán unos cuantos los simpatizantes de otros clubes que aprovecharán la posibilidad de ver la final a unas cuadras de sus hogares.

De por sí la etapa integrada del Seis Ligas es deficitaria para la economía de los clubes, algo que nadie puede negar ya que basta con ir a la cancha para darse cuenta. Mientras en el torneo local los aficionados suman muchos, cuando viene algún equipos de la región el sector visitante está vacío, o casi, con lo cual a las instituciones se les hace complicado afrontar los gastos, y lo mismo ocurre en otros reductos de las demás ligas, con lo cual no se entiende por qué insistir tanto en una instancia conjunta tan larga, que parece más un estandarte que enarbolan algunos dirigentes -no de los clubes- a la hora de "hacer bandera" con el campeonato regional "más grande del país" que el producto de un análisis concienzudo de las ventajas y desventajas de dedicarle seis meses a jugar con los vecinos y apenas poco más de tres hojas del almanaque a los certámenes de cada liga, donde, al menos por lo que se ve en estos pagos, los números cierran mucho mejor.

Si bien existe un aspecto reglamentario que otorga a los clubes que juegan en otro torneo de mayor relevancia la posibilidad de pedir un plazo de no menos de 48 horas para cumplir con sus compromisos en el Seis Ligas, debería buscarse la manera de establecer la forma en que esos equipos afronten ambos campeonatos a la vez, a lo sumo jugando el sábado, día más razonable que, por ejemplo, un miércoles, donde la mayoría trabaja y se le hace difícil acomodar sus cosas para jugar, arbitrar o simplemente ir a la cancha a disfrutar del partido, mucho más si hay que trasladarse unos cuantos kilómetros.

El Seis Ligas debe seguir mejorando y los representantes de los clubes son los máximos responsables de conseguirlo, dándole mandato a los dirigentes liguistas para que hagan su voluntad (al decir "su" nos referimos a la de las entidades afiliadas, que quede claro), sacándole poder a dos o tres que deciden todo de modo casi omnipotente y luchando para que se haga la voluntad de los verdaderos protagonistas de este deporte.

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