Cambiando la historia por una historieta

Cuando Francis Fukuyama publicó, en 1992, su libro "El fin de la historia y el último hombre" seguramente no imaginó que, aún refutadas sus teorías por otros pensadores y por la propia historia (que sobradamente demostró que seguía viva), discípulos suyos iban a sobrevivir en una remota comarca de la pampa húmeda, en el sur de América del Sur.

El hecho es que esa pequeña comarca existe, y es ésta en la que los rojenses vivimos. Esta que de a poco, y como quien no quiere la cosa, va dejando de lado la historia y reemplazando a la realidad por el simulacro que tan clara (y equivocadamente) planteó la teoría filosófica, política y económica de la posmodernidad.

Alguien podría pensar que esta columna se dedica exclusivamente a buscarle el pelo al huevo; pero estaría equivocado. En esta modernidad del Siglo XXI, lo simbólico ha cobrado una importancia inusitada, al punto que no sólo la historia y la "realidad", sino inclusive la política y la economía están fuertemente signadas por lo intangible.

"Está claro que en lo que ha dado en llamarse "capitalismo tardío", que es la fase de desarrollo y acumulación capitalista que se ha dado en el último cuarto de siglo, se ha producido una muy profunda transformación de las fuerzas productivas, algunas de cuyas formas se han convertido en dominantes, como la informática y los medios de comunicación de masas; esto es: ciertas formas que implican producción de imágenes intangibles, imágenes desmaterializadas. Desde este punto de vista hoy podemos decir que toda la industria es simbólica y está atravesada por la lógica de estas imágenes intangibles y por cierta forma de comprimir el tiempo", nos dice el sociólogo Eduardo Grüner al destacar la importancia superlativa de lo simbólico en la actualidad.

Demostrada así la importancia de lo simbólico, se hace evidente la necesidad de su manejo responsable. Sin embargo, y congruente con aquellos marcos teóricos que plantearon la supremacía del simulacro, en nuestro pago chico todo apunta, si no a terminar, por lo menos a olvidar la historia, llevándola a un segundo plano.

La ex plaza Manuel Belgrano ya es la Plaza Mafalda; la plazoleta Güemes pronto será la Plazoleta Hijitus. La placita de Larguirucho (la de skate) aún no tenía nombre. En algún momento alguien propondrá bajar a San Martín y montar a Patoruzú en el caballo del monumento. Y así siguiendo, hasta que quienes suelen ser acusados de intentar imponer un relato en lugar de la realidad, hayan logrado reemplazar la historia por una historieta, y a los próceres por personajes. (¿Movidos, quizás, por un secreto deseo de llegar al bronce?)


ACLARACION AÑADIDA LUEGO DE LAS REPERCUSIONES:

Antes de que alguien llame a conferencia de prensa para aclarar que no piensan cambiar nombres, queremos explicar que no existe un proyecto oficial, burocrático, para que el Concejo Deliberante apruebe una ordenanza, cosas por el estilo. No. Es mucho peor que eso: se trata de promover el cambio de nombre en la propia conciencia de la comunidad, colocando llamativas imágenes de los personajes en lugares que antaño recordaban a próceres de la historia.

¿Cómo opera esto? Por ejemplo, generando conversaciones por el estilo de:

-¿Te venís el sábado a tomar unos mates a casa?
-Dale. ¿Dónde vivías vos?
-¿Viste la placita de Mafalda? Una cuadra para el lado de la ruta 45. Si no la encontrás preguntá, todos saben.
-(El sábado) Nene, ¿Dónde queda la plaza de Mafalda?
-Acá a la vuelta, señor. De la esquina, una cuadra a la izquierda.
-Muchas gracias.

Ok. Para tres personas ya es la "placita de Mafalda". Así llegará el día en que la Municipalidad, haciéndose eco del nombre que realmente usan los vecinos, no tendrá más remedio que motorizar el cambio.

¿Y Belgrano? Bien, gracias... En lugar de ser homenajeado el 20 de junio en SU plaza, en acto oficial donde se recuerde por qué es un prócer nacional... los funcionarios irán a sentarse en primera fila de un acto escolar cualquiera, un día laborable a las 9 de la mañana, para que les saquen fotos y así salir en los diarios.

De esta manera se enmarcan en la visión filosófica de Fukuyama: si la historia terminó, y esto que vivimos hoy es lo máximo a lo que podemos aspirar (una economía globalizada de mercado), entonces, ¿para qué recordar tiempos pasados que ya no significan nada? Divirtámonos con Manolito...

Gear SA

Clyfer