El ruido y la ignorancia, una combinación peligrosa

El diseño y fabricación de equipos amplificadores de sonido cada vez más potentes y perfectos ha crecido con mucha mayor rapidez que el conocimiento sobre su uso adecuado. Hoy, la ignorancia de quienes venden los servicios de "sonido", sumada a la de quienes los contratan y también a la de quienes deberían controlarlos han configurado una combinación por demás peligrosa para la salud.

El uso de estos equipos, por su peligrosidad, debería estar en manos de gente capacitada para ello. Sin embargo, hoy parece natural que cualquiera que disponga del dinero necesario los adquiera y se ponga a vender el servicio de "sonido" sin acreditar conocimiento alguno y, lo que es igual de peligroso, sin que quienes compran tales servicios lo exijan. (Mañana me compro un bisturí, me pongo un quirófano y me lleno de plata operando. No soy médico, pero qué importa...).

Los argumentos con que se justifican los distintos modos de uso de estos equipos (lo cual generalmente sucede en ambientes cerrados, lo cual es más peligroso aún) sería sumamente gracioso, si no fuera trágico: "subilo que no se escucha", "bajalo un poco que no se puede hablar", "si lo bajo no baila nadie", "está fuerte"... conceptos obviamente anticientíficos, valores de medida ausente, que remiten a los de una tribu primitiva, aún no descubierta por la civilización, tratando de determinar para qué sirve el control remoto de un televisor que llegó flotando por el mar.

La realidad es que la ciencia pudo determinar hace mucho tiempo cuáles son los límites de ruido que puede soportar el oído humano, y la tecnología hizo lo suyo fabricando los dispositivos que permiten medir tales niveles y manejarlos muy fácilmente.

Esto es totalmente ignorado en nuestra ciudad. Los vendedores de "sonido" trabajan obedeciendo únicamente a su antojo; quienes los contratan parecen suponer que estos mercaderes "saben" y entonces no opinan; los inspectores que deberían controlar la situación tampoco saben de qué se trata, o están ocupados en otra cosa... y así es como las personas se ven sometidas a niveles de ruido excesivos durante largos períodos de tiempo, lo cual les produce daños (muchas veces irreparables) en su sistema auditivo.

En algunas oportunidades estos temas han sido objeto de debate, pero no a partir de una preocupación siempre inexistente por la salud de quienes sufren en el interior de los locales, sino luego de las quejas que, con toda razon, efectúan los vecinos, víctimas de incalificables molestias. Es natural: la contaminación sonora no figura entre las que preocupan al ciudadano rojense. Ni siquiera en esos casos se ha llegado a nada, más allá de alguna brevísima etapa de control de niveles de sonido en las veredas.

Los niveles inconcebibles de ignorancia sobre estos temas quedan en evidencia cuando se advierten cuáles son las "soluciones" propuestas: ¡¡¡se procura instalar aislaciones sonoras en los locales, a fin de evitar que el ruido salga al exterior!!! ¿Y los que están adentro?

Los altos niveles de ruido a los que se ven sometidos centenares de vecinos cada fin de semana no son el único problema evitable que afecta a la salud. Está claro que a la sociedad tampoco le importan las graves consecuencias que producen los accidentes de tránsito: la violación de las normas ni siquiera es percibida como un problema. Ni le preocupan los daños provocados por el alto consumo de alcohol (y en menor medida, drogas) por parte de los jóvenes, pese a que las estadísticas indican que uno de cada tres adolescentes consumidores será afectado por el alcoholismo en su adultez.

En realidad, no es fácil saber qué le importa a la sociedad rojense, si es que le importara algo. En todo caso, está claro que no son estos temas vinculados a la salud, cosas que prefiere ignorar. Y la ignorancia mata, claro...


MATERIAL DE CONSULTA:

Trauma acústico: pérdida auditiva en adolescentes (Healthy Children).

El trauma acústico (Medline Plus).

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