Tránsito: Educando al soberano

El conocimiento sobre las reglamentaciones del tránsito es algo que, cabría suponer, todos los conductores poseen. Sin embargo, si uno observa las calles de Rojas debería concluir que tal afirmación es un error, y que muy pocos de quienes circulan al mando de un vehículo saben cómo hacerlo. O lo saben pero hacen las cosas mal a propósito, que es la misma cosa.

Antes de dar algunas pautas hay que hacer una aclaración: si a cada ciudadano hubiera que explicarle los motivos, las fundamentaciones teóricas, la realidad sobre la que se pretende operar y el modo en que se busca hacerlo con la sanción de cada ley, entraríamos en un estado de gimnasia dialéctica permanente que no nos dejaria tiempo ni siquiera para cumplir con nuestras necesidades más básicas, como alimentarnos o ir al baño. Por ende, se pretende que, aún sin comprender por qué, o qué se busca, cada uno respete las reglamentaciones. Esto es: si querés conocer el por qué de determinada ley, bárbaro: leé, preguntá, informate, aprendé. Pero primero cumplila.

Algunas pautas sobre las normas de tránsito:

-Las balizas no garantizan impunidad para dejar el vehículo en cualquier lugar. Son un elemento útil para que los demás conductores adviertan que te vas a detener por un motivo excepcional: un embotellamiento, un control policial, un accidente, un problema mecánico... cualquier imprevisto que te obligue a parar. Pero estacionar en lugares prohibidos está, como la palabra lo indica, prohibido; y el uso de balizas no cambia esa realidad. Si estacionaste en doble fila, te cabe una multa y que la autoridad secuestre y retire el vehículo del lugar indebido, por más luces titilantes que tenga.

-Las motos y las bicicletas también son vehículos, y quedan comprendidas dentro de las reglamentaciones. Por ende, deben circular en los sentidos autorizados en cada calle (manos), respetar las prioridades de paso (debe avanzar el que asoma por la derecha en una bocacalle), y respetar todas las señales de tránsito como cualquier otro vehículo. Esas lucecitas de colores que prenden y apagan en algunas esquinas no son arbolitos de Navidad; son semáforos. Si está prendida la roja, pará.

-Los límites de velocidad fueron fijados porque se sabe que el riesgo de accidentes no aumenta con la velocidad, sino con la diferencia de velocidades entre los distintos vehículos. Esto queda clarísimo en las autopistas, donde todos van a más de 100 Km/h y sin embargo la cantidad de accidentes es muchísimo menor que en cualquier calle o avenida. Por eso es que se han fijado estos límites, para que en determinado lugar todos circulen a velocidades parecidas:
Calles: Máxima 40 Km/h. Mínima 20 Km/h.
Avenidas: Máxima 60 Km/h. Mínima 30 Km/h.
Violar tales límites de velocidad, por encima o por debajo, es FALTA GRAVE y, en caso de reincidencia, es causal de la pérdida de la licencia de conducir. Por ello, si vas por la avenida 25 de Mayo a 10 y te pasa una moto a 50, no lo putees: el motociclista está haciendo lo correcto; el infractor sos vos.

-La Ley de Tránsito establece que en todo el territorio de la Nación el estacionamiento es obligatorio sobre el lado derecho de la calle. Esto fue ratificado por la reglamentación provincial. Los concejos deliberantes tienen la facultad de establecer excepciones, que no son leyes sino justamente eso: "excepciones". La propia ley obliga a los municipios a SEÑALIZAR tales excepciones, a fin de que los conductores adviertan que en determinado lugar las cosas son diferentes a lo que manda la ley. Por ende: en cualquier calle o avenida de Rojas está permitido estacionar del lado derecho, excepto en los lugares donde está EXPRESAMENTE prohibido. Y también, en cualquier calle o avenida de Rojas está prohibido estacionar del lado izquierdo, excepto en aquellos lugares donde algún cartel indica que está permitido. Así debe actuarse. Cualquier otro comportamiento es infracción, más allá de que los inspectores (que en muchos casos también parecen desconocer la Ley) no lo sancionen.

-La cantidad de accidentes fatales producidos en los últimos tiempos debería llamar la atención de los motociclistas, alertándolos sobre que el uso del casco no es sólo un acto en cumplimiento de la ley sino, sobre todo, una decisión en defensa propia. Sin embargo, infinidad de personas andan en moto a cabeza descubierta, llevando inclusive chicos y superpoblando con hasta tres, cuatro o cinco ocupantes vehículos que han sido diseñados para transportar, como mucho, a dos. "Qué querés que haga" no es un argumento apto para convencer a nadie, y mucho menos a las leyes de la física, que contrariamente a las de tránsito, son implacables: si chocás sin casco hay una alta probabilidad de que te partas el cráneo; o el de tu acompañante. ¿Saliste sin casco? Está bien, se entiende, tenés que ir a ganarte la vida... aunque lo que en realidad estás haciendo es jugarte la vida. Y la podés perder, claro...

-En las bocacalles, cuando dos vehículos "asoman" simultáneamente, tiene prioridad de paso el que lo hace por la derecha. Por ello, el que viene por la izquierda debe detenerse, y el otro, DEBE AVANZAR. No es correcto que te detengas si venís por la derecha (excepto, claro, que el otro sea un animal, desconozca la regla y no frene). Muchos conductores, aún habiéndose detenido el que viene por la izquierda, también paran y comienza un extraño e incomprensible intercambio en lenguaje de señas, presumiblemente para ver quién pasa primero. Esto no es correcto. Las leyes que hay que cumplir mientras se conduce son las del tránsito, no las de la urbanidad. Si venís por la derecha y te detenés, no estás siendo más caballero; estás obstruyendo la circulación.

Es válido destacar una iniciativa de la Municipalidad: las charlas sobre educación vial que se realizan obligatoriamente para quienes han sido sancionados por alguna contravención, o bien están gestionando su licencia de conducir. Se trata de una experiencia sumamente útil, porque más allá del conocimiento que indudablemente aportan, configuran una "operación nocturna sobre la conciencia" (al decir de Pedro García Olivo), promoviendo conductas colectivas no conscientes que exceden a las decisiones racionales, en sentido positivo.

Los problemas del tránsito urbano han crecido de manera exponencial en los últimos años, de la mano del incremento también acelerado del parque automotor. No es lo mismo mantener una circulación ordenada cuando en una ciudad como Rojas hay 500 motos, como hace diez o quince años, que cuando andan 5000 como ahora. Lo mismo ocurre con los autos.

Se trata, entonces, de tomar conciencia sobre asuntos esenciales: en un pueblo donde tanta preocupación parece haber por la inseguridad, se hace necesario llamar la atención sobre que 25 personas por día mueren en la Argentina en episodios de tránsito que no son "accidentes", en cuanto se producen como fruto de violaciones a las reglas.

En Rojas, es evidente que mientras no existen casos de homicidio en ocasión de robo, muchas personas han muerto en "accidentes". A todas luces queda claro, entonces, que resulta muchísimo más peligroso un infractor de tránsito que un "pibe chorro". Esos jóvenes estigmatizados a partir de su pobreza pueden llegar a ser peligrosos para tu billetera; pero el que a bordo de su auto o camioneta pasa un semáforo en rojo, te puede matar. Si vamos a hablar de inseguridad, tomemos conciencia sobre que cumplir con las leyes no sólo es obligación, es una necesidad; y midamos cada cosa con la vara que corresponde.

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