La mano intencional

Si bien generalmente utilizamos nuestras editoriales para referirnos a la actualidad deportiva local y los hechos que esta genera, en esta ocasión utilizaremos este espacio para brindar nuestra apreciación acerca de lo que debe ser el punto más álgido del reglamento del fútbol: la mano intencional (sobre todo si es penal).

Sobran los ejemplos para llegar a la conclusión de que no existe uniformidad de criterios de los árbitros para analizar este hecho del juego y mientras para algunos una pelota que rebota en un brazo es producto de la casualidad, para otros merece ser sancionado, situación que se da, desde nuestro humilde entender, porque las reglas ponen a los jueces en situaciones de semidioses.

Si un futbolista toca el balón con el brazo o la mano sólo él sabe si quiso o no hacerlo, con lo cual difícilmente otra persona estaría en condiciones de determinar las intenciones del jugador. Es cierto que algunas veces parece o es evidente que el objetivo es desviar la redonda para evitar un gol pero en tantas o más veces las acciones son producto de la velocidad de las acciones, del impulso del cuerpo al intentar cortar un centro o rechazar, o de la casualidad.

Mucho se ha hablado y se seguirá hablando hasta que la International Board tome cartas en el asunto, siendo lo más probable que pasen todavía decenas de años hasta que se modernice esta regla. Como ejemplo basta con la reciente instalación de cámaras para saber si la pelota traspasa la línea, un “adelanto” minúsculo en tiempos donde la tecnología podría aportar muchísimos elementos más para hacer más justas las determinaciones de los árbitros.

Nuestra propuesta es (aunque dudamos que alguien de AFA o FIFA llegue a enterarse) que se cobre cada vez que el balón le da en el brazo a un jugador. Como en el básquet, donde si la pelota rebota en el pie, se detiene el juego y repone el equipo contrario. Claro que la dureza de la pena es muy distinta en este caso porque mientras en el baloncesto la cosa termina en un saque de costado, en el fútbol una mano puede ser un penal y un penal puede ser un gol que defina un partido donde los veintidós protagonistas no han encontrado durante noventa minutos la manera de vulnerar la valla rival.

De esta manera, creemos que la situación sería más justa porque al fútbol se juega con los pies (obviamente sin tener en cuenta a los arqueros y a otra ridícula regla que es sacar los laterales con la mano, como si en el mismo básquet los laterales se hicieran pateando la pelota).

Mano o brazo, tiro libre para el equipo contrario.

Así, nos olvidaremos si hubo intención, si el defensor se quiso cubrir la cara y la redonda le dio en el brazo o si el futbolista se cayó y cuando intentaba levantarse, para lo cual es necesario apoyar las manos en el piso, el delantero shoteó y el balón dio en el brazo de su contricante.

Si hay mano, el árbitro debería cobrar siempre, dejando de cumplir el rol de Dios en la cancha. Y listo.

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