Sensaciones...

Pasaron varias horas de la final del Mundial y aún no logro descifrar la sensación que me invade después de haber visto una definición en la cual nuestro seleccionado estuvo muy cerca de la gloria pero terminó perdiendo en el alargue luego de haber dejado todo en la cancha.

No sé si es bronca porque pasaron 24 años para volver a ver al elenco nacional en el partido decisivo de la Copa del Mundo y cuando llegó el momento, el premio mayor se escurrió entre las manos cuando parecía cerca de lograrse.

No sé si es resignación porque últimamente los alemanes nos tienen de hijos y a pesar de los merecientos, tampoco esta vez conseguimos doblegarlos. Los penales de 2006, la goleada de 2010 y esta caída cuando quedaba poco tiempo para el cierre, son una tripleta imposible de digerir.

No sé si es felicidad porque sería raro explicar cómo uno puede estar contento después de una derrota. Es cierto que un Mundial es un certamen especial, donde llegar a la final es un gran mérito (si no que lo digan Inglaterra, Italia, Holanda y Brasil, que no pudieron estar) pero salir segundo indudablemente me gusta muchísimo menos que dar la vuelta olímpica.

Tal vez esta sensación sea una mezcla de todo lo expuesto pero no termino de definirla...

De lo sí estoy seguro es de que nuestros jugadores dejaron todo y jugar el partido como debe jugarse una final, luchando de principio a fin, y que si no ganaron es porque esta vez falló la definición... Qué se la va a hacer, cuando la pelota no va para el lado del arco, no hay caso...

Estoy convencido que por este camino, la ruta hacia la Copa del Mundo va a hacerse más transitable y es más probable que no pasen otras dos décadas y media sin ver a la selección en la final...

Y también nada me hacer dudar que el árbitro italiano nos robó la gran chance de alcanzar la gloria al hacerse el distraído e interpretar que lo que era penal fue infraccion del delantero. Eso fue penal acá, en Tailandia y la Cochinchina, se lo discuto a cualquiera con reglamento en mano, cuyo texto no reproduciré (resumiendo: es uso desmedida de la fuerza) porque a esta altura no vale la pena. Es como decir que quería jugar un numerito a la quiniela, me olvidé de pasar por la agencia y salió a cabeza. El árbitro después perdonó a dos de los nuestros que merecían tarjeta pero esa historia no hubiera existido si marcaba penal y Argentina lo convertía. Y no quiero seguir hablando del penal y del árbitro porque temo perder la compostura y decirle “Nicola y a la re...”

Qué le vamos a hacer. Estoy orgulloso del equipo, nos regaló una actuación muy buena ante un rival del que todos decían que nos iba a golear y que sudó la gota gorda para sacar esa pequeña diferencia, pero esta sensación rara no me la saca nadie.

Pienso que con el correr del tiempo empezaré a sentirme mejor pero por ahora no quiero que nadie me hable de una pelota de fútbol por unos cuantos días...

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