En la sede del Mundial se habla otro idioma...

Finalmente la pelota ha empezado a rodar en los estadios de Brasil. Comenzó el Mundial, la gran fiesta del fútbol que se celebra cada cuatro años y que pone en juego la copa más preciada por todos, esa que por estos pagos hace casi tres décadas disfrutamos y de la cual no hemos estado ni cerca en los mundiales que siguieron al de México 86.

Para conocer las noticias, oír reportajes, conocer estadísticas, analizar tácticas y estrategias, hay abundancia, por no decir saturación, de programas de radio y televisión, y miles de páginas que le dedican los diarios a lo que parece ser el único tema del momento. Con algunas excepciones, la realidad parece pasar por la redonda y durante un mes la inflación, la inseguridad y la educación pasarán a ser cosas “secundarias”, como si todo se tratara de saber si Messi juega bien y si la selección gana sus partidos.

Por lo tanto, no abundaremos en detalles acerca de nuestra opinión sobre la exclusión de Banega y de la decisión de Sabella de poner cinco defensores ante un rival de tercer nivel. Tan convencidos estamos que no es oportuno agregar una crítica que escribimos esta editorial el sábado y no le agregamos nada nuevo de lo que pudo haber pasado ayer, en el debut de nuestro equipo, porque nuestros lectores seguramente ya estarán atiborrados de información.

Hablando de cobertura, es gracioso, por no decir paupérrima, la (no) preparación de muchos colegas que han tenido la suerte de viajar a tierras brasileñas. Es común pensar que el portugués es muy parecido al español y, entonces, a la gran mayoría no le ocurrió al menos hacer un cursito rápido para manejarse mejor con el idioma y traducir lo que no se entiende cuando le hacen notas a un brasileño.

Un notero “dialogaba” con un grupo de policías en la puerta del hotel donde se aloja el combinado argentino y al primero le preguntó si estaba “tudo bom”. El uniformado respondió: “tudo bem”. Pasó al segundo con la misma pregunta y la misma respuesta: bom y bem. Ni cuando llegó el quinto policía el periodista se avivó de cambiar y al menos aplicar lo que debería haber aprendido. Para el notero era “bom” y para los nativos del lugar, “bem”.

Pequeño ejemplo de la poca preparación de los encargados de brindar la información, quienes buscan entablar diálogos en un “portuñol” básico, mezcla de porteño, gaucho y pueblo originario que conduce a trabalenguas terribles e imposibles de comprender.

Nuestra sugerencia sería tomar unas clases aceleradas para estar más empapados de la lengua del vecino país o bien entrevistar solamente a colombianos, uruguayos, ecuatorianos y chilenos, con quienes será más probable que la charla sea entendible para quienes estamos del otro lado de la tele...

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