Déficits de la infraestructura deportiva rojense (segunda parte)

Hace una semana habíamos comenzado a analizar la realidad de la infraestructura con que las disciplinas deportivas cuentan – o no – en nuestro medio, tema que, creemos, da para unas cuantas editoriales en nuestro portal pero que iremos resumiendo para no aburrir a nuestros fieles lectores.

En la anterior hablábamos del natatorio climatizado, posibilidad que avanzó hace algunos años en el Club Sportivo pero que quedó paralizada. Otro tema muy importante es el gimnasio cubierto, polideportivo, estadio cerrado o como quiera llamarse, el cual sólo estuvo en la imaginación de algunos pero para el cual jamás se dio un paso significativo.

Parece difícil de creer que en más de tres décadas de democracia el polideportivo no haya pasado de ser una idea, una expresión de deseos que solo una vez tuvo algún atisbo de empezar a hacerse realidad cuando durante el gobierno municipal del Frente para la Victoria se anunció la llegada de un anticipo de 100 mil pesos para comenzar.

Nunca quedó claro si el dinero llegó o fue una de tantas promesas que suelen hacer los gobernadores o presidentes a muchos intendentes y que, en la práctica, son palabras y no precisamente dinero real. Lo cierto es que hubo algún proyecto, alguna intención pero nunca se llegó a comprar ni siquiera un ladrillo.

Hacer un polideportivo no es tarea sencilla porque su costo es de varios millones de pesos pero si no arrancamos alguna vez por algo, jamás se podrá vislumbrar alguna esperanza de tenerlo. En este tiempo, por ejemplo, Colón logró tener dos instalaciones del tipo que pedimos para Rojas. Sí. Dos. Y por acá, nada.

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