La desaparición del Coro de Jóvenes, otra frustración que debería evitarse

Ya oficializada la noticia de la desaparición del Coro de Jóvenes en nuestra ciudad, no cabe más que hacer un llamado a quienes tienen la posibilidad de revertir esta situación para que lo hagan, permitiendo así que Rojas no sume una nueva frustración a este complicado comienzo de tercer milenio.

La renuncia de Juan Antonio Rodríguez puede haber tomado desprevenidos a muchos, pero hay que reconocer que es razonable, e inclusive previsible, pensar que luego de más de treinta y cinco años de trabajo "ad honorem", su retiro es algo justo y habría terminado produciéndose más tarde o más temprano. Sobre todo sabiendo el significado que tiene esa expresión en la Argentina: "ad honorem": "poniendo plata de tu bolsillo".

La necesidad de que el Coro de Jóvenes siga existiendo se manifiesta de varias maneras, todas perfectamente justificadas y atendibles.

Por una parte está el perfil cultural que, en la región y la provincia, siempre ha tenido Rojas. El Coro de Jóvenes fue uno de los elementos centrales de ese perfil, ya que por su calidad siempre fue reconocido a todo nivel.

Otro motivo es el de proveerle a la juventud de Rojas un espacio descubridor de vocaciones. El gusto por determinada actividad no se descubre sino practicándola, y para ello es preciso que existan los espacios adecuados. Sin Coro de Jóvenes, quienes tienen vocación por el canto pero no lo saben, no lo descubrirán hasta que, si tienen suerte, se vayan de Rojas luego de haber malgastado los primeros dieciocho años de sus vidas. Y cabe la posibilidad de que no lo logren jamás, sumándose a la larga fila de fracasados que transitarán por este mundo "ganándose la vida" haciendo lo que no les gusta o los hace sufrir.

También debe considerarse que no son tantos en Rojas los entes capaces de generar productos serios, de verdadero valor. Este pueblo, como tantos, se caracteriza por ofrecer múltiples posibilidades para realizar actividades de todo tipo, pero la gran mayoría de ellas son simulacros, fruto de las ganas más que del saber o del talento. No es que se critique desde esta página a quien canta, o practica un deporte, o pinta, o hace cualquier otra cosa por el puro gusto de hacerlo. Para nada. Es totalmente lícito y saludable hacer lo que a uno le gusta, y como le gusta. Pero convengamos en que cuando hablamos de vocaciones, de desarrollo personal en el marco de determinada disciplina, entonces es necesario apartarnos del voluntarismo y concentrarnos no sólo en hacer las cosas, sino en hacerlas bien. Y el Coro de Jóvenes ha cumplido esa función durante casi cuatro décadas.

El rol de formación de coreutas para el Coro de Adultos de la ACR tampoco es desdeñable. Sabido es que la agrupación que dirige Alberto Perassolo también apunta a la calidad; que permanentemente está capacitándose, viajando, incorporando nuevo material a su repertorio... y todo esto se ha visto facilitado por el trabajo previo realizado por Juan Antonio Rodríguez al frente del Coro de Jóvenes.

El retiro de Rodríguez debería haber prendido ya las luces de alerta entre quienes manejan los asuntos del arte y la cultura en nuestra ciudad. Si no es posible reemplazarlo con alguien de Rojas, entonces será preciso buscar a un director foráneo que venga y se ponga al frente. Esto por supuesto que tiene un costo, posiblemente muy elevado para una institución como la Agrupación Coral; pero no si se de aportes privados se trata. Inclusive sería irrelevante para la Municipalidad.

Hay cosas que todos quisiéramos ver concretadas, pero no se puede. En este caso, si no se hace es porque no se quiere. O porque no se entiende de qué se trata. O porque no importa sumarle a Rojas una nueva frustración.

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