Ruta 188: Si vamos a reclamar, pidamos lo realmente necesario

Por estos días ha renacido una vieja discusión, que recurrentemente aparece y desaparece de la agenda pública: la de la seguridad vial en el tramo urbano de la ruta 188.

El Portal de Rojas publicó un editorial hace varios meses, en concordancia con otra de las esporádicas apariciones del tema en la atención pública, afirmando que lo que hace falta para mejorar la seguridad en ese tramo de ruta son obras de infraestructura, y no controles ni sanciones.

Algunos de tales argumentos fueron tomados por concejales de la Unión Cívica Radical, que los leyeron en una sesión del Concejo Deliberante en la que fue tratado un reclamo de vecinos, precisamente para mejorar la seguridad en el sector.

Por supuesto que quienes hacemos El Portal de Rojas nos sentimos honrados y agradecidos por tal distinción, pero nos vemos en la obligación de aclarar que no se han entendido bien los conceptos. Por lo menos, los vecinos firmantes del reclamo no lo han hecho.

Es menester aclarar que los ciudadanos no tienen ninguna obligación de conocer aspectos técnicos sobre aquello que reclaman. Cuando advierten un problema, se dirigen a las autoridades para que implementen una solución, y no es preciso que comprendan mediante qué técnicas, qué obras o qué decisiones políticas se logra el fin deseado.

Pero lo concreto es que en este reclamo puntual se habla de semáforos, de reductores de velocidad, y en algunos caso se han visto opiniones en redes sociales ¡que llegan a proponer lomos de burro! Pues bien: todo eso es una locura.

LA BASE DE LA SOLUCION

No es complicándole la vida a quienes viajan por la 188 como se resolverá el problema de la inseguridad vial, sino ejecutando las obras de infraestructura que permitan separar el tránsito urbano lento del interurbano rápido que circula por la ruta nacional.

Está claro que mucho más efectivo que los semáforos, e inclusive que los lomos de burro, sería sembrar la rotonda de clavos miguelito, o bien colocar francotiradores estratégicamente ubicados para asesinar a los conductores que parezca que vienen ligero.

Humoradas aparte, y en la convicción de que la verdadera solución consiste en separar el tránsito rápido del lento, algunas de las obras que hacen falta para mejorar sustancialmente la seguridad en el tramo urbano de la 188 son:

-Calles colectoras a ambos lados para uso del tránsito lento urbano. Del lado de la ciudad hay lugar de sobra para ello, y si del otro lado faltara, podría utilizarse una calle interior, que pase por detrás de las estaciones de servicio y establecimientos industriales y comerciales allí existentes.

-Dos rotondas ubicadas en los accesos por avenidas Bicentenario y Helguera, que operarán también como únicos sitios habilitados para cruzar la ruta.

-Un muro central que actúe como impedimento físico para el cruce de la ruta por lugares no autorizados (las dos rotondas).

-Barandas (guard rails) a ambos lados para impedir entradas y salidas, y por supuesto, no estará permitido el estacionamiento en las banquinas. El ingreso y egreso debe realizarse exclusivamente en las rotondas.

-Si las doce cuadras (rojenses) de distancia que quedarían entre ambas rotondas son demasiadas para quienes necesitan cruzar a pie, debería construirse un puente peatonal a mitad de camino.

Una infraestructura vial de este tipo no es una utopía; es la que existe, por ejemplo, en la ruta 7, tramos urbanos de las ciudades de Carmen de Areco y San Andrés de Giles. Valen como muestra, porque las rotondas operan como reguladoras impidiendo las velocidades suicidas, pero no demoran como un semáforo ni destruyen los vehículos como los lomos de burro. Y quien va en bicicleta a comprar el pan, puede hacerlo por la colectora sin necesidad de subirse a una ruta nacional.

Por qué en la ruta 7 las cosas se hacen bien y en la 188 mal, o no se hacen, es algo que sería muy bueno saber. No está claro, pero las diferencias son evidentes. Sin ir más lejos, durante las repavimentaciones realizadas en ambas, en la 7 se colocó señalización transitoria. Aquí no, y eso provocó varios accidentes graves y por lo menos un muerto.

La realidad es que las obras son imprescindibles, y a lograrlas deberían dirigirse los reclamos de todos; porque para esto no existen diferencias políticas, ni sociales, ni de ninguna otra naturaleza. El riesgo es para todos, y también es común el interés en que lleguen las verdaderas soluciones.

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