Corazón de campeón...

Pocas veces más sencillo escribirse una editorial como las de este domingo, cuando no quedan dudas sobre el tema a abordar: El Huracán campeón. Porque si bien cada vez acarrea algunos hechos deportivos, no falta fin de semana donde cuesta un poco encontrar un motivo destacado para darle el teclado para elaborar algún comentario...

Terminó el fútbol de primera división de la Liga de Rojas y en lo más alto el nombre es repetido pero no por ello menos importante que otra vez. Al contrario, cada vez más debe resaltarse lo de los aurinegros porque siguen demostrado, temporada a temporada, que son el mejor elenco de nuestro medio en los últimos años.

2007, 2009, 2011, 2012 y ahora 2013. Cinco títulos locales en siete años, a los cuales debe agregarse un 4 Ligas cuando se jugaba el certamen regional con Salto, Colón y Pergamino, es decir que los simpatizantes del club de Barrio Belgrano se la vienen pasando de festejo en festejo, casi todos los años, disfrutando de lo que es, por lejos, el mejor momento deportivo en la historia de la entidad.

El sábado, en el estadio de Argentino, el plantel huracanense escribió
otra página de su rica historia al doblegar en la definición por penales a Newbery y de esa forma sumar el octavo logro desde su fundación. Con humildad, sacrificio, pocos recursos económicos pero mucho esfuerzo y amor por la camiseta, el elenco aurinegro demostró porque es el mejor.

Luego de haberse enfrentado en dos ocasiones en las que se registraron sendos empates, ambos equipos volvían a encontrarse para dirimir el campeonato de la temporada y más allá de que habían sido empates los compromisos anteriores, en los pronósticos Newbery llega mejor por seguir en competencia en el 6 Ligas y tener su plantel más completo que El Huracán, eliminado temprano en el certamen de la región y con poco rodaje en los últimos dos meses.

El gol de Torres antes del primer cuarto de hora pareció darle tranquilidad a los de Barrio Progreso, que no pasaron demasiados sobresaltos en lo que quedó de ese primer tiempo y hasta tuvieron una clara oportunidad en el comienzo del segundo cuando el arquero Speroni se lució al tapar un cabezazo de Suárez pero después todo cambiaría.

Apareció el alma de El Huracán, ese espíritu indomable de un plantel que a pesar de haber ganado mucho sigue hambriento de títulos y que tras un año de sobresaltos, con cambio de técnico incluído, no estaba en su mejor forma para esta finalísima.

Desde ese momento el Globo literalmente borró de la cancha a los rojinegros, que se limitaron a refugiarse cerca de su área y no supieron hacer relucir sus recursos (que tienen) para equilibrar el trámite, donde El Huracán fue dueño total.

Y como suele ocurrir en estas finales, no importa mucho cómo llega cada uno, qué nombres están en la cancha sino la voluntad de querer más y la cuestión para más que nada por la actitud, rubro en el cual el equipo aurinegro fue mucho más. Incluso del lado del perdedor se notaron discusiones (la más notoria entre su entrenador y uno de sus dirigidos cuando fue reemplazado) y un clima que no era el mejor, lo que potenció a los de Barrio Belgrano, que se dieron cuenta que era su gran oportunidad de revertir la historia.

Tardó en llegar el empate pero se produjo a unos diez minutos del final a través de Daniel Fioravanti, uno de los jugadores emblema de esta época del globito, que metió un golazo para hacer justicia y llevar la cuestión a los penales, en los cuales los del Tula Speroni tuvieron más puntería y se quedaron con el campeonato.

El pueblo aurinegro lo celebró muchísimo, como era lógico, no paró de cantar, de abrazarse con los jugadores, de dar rienda suelta a la alegría luego de un año no tan sencillo donde, a pesar de todo, la historia se vio coronada nada menos que con el título.

El Huracán campeón. Un título que se viene reiterando en muchas ocasiones en estos años y tras el cual hay un plantel formado por jugadores locales, la mayoría del club, trabajo, empeño y muchas ganas de seguir haciendo historia...

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