El fútbol, la tecnología y el reglamento...

Si en algo se diferencia el fútbol de otros deportes es el lento, por no decir nulo, adecuamiento de sus reglas a la “nueva” forma de jugar, como si hacer alguna modificación fuera un pecado imperdonable.

El básquetbol, el voleibol, el tenis, el hockey y el rugby, por nombrar a algunos de los más populares, continuamente llevan adelante cambios en sus reglas, buscando darle agilidad al juego y, sobre todo, reducir al mínimo el número de errores arbitrales, incorporando la tecnología para definir situaciones claves en un partido, aceptando que un juez puede equivocarse, como ser humano que es, y esa falla puede ser revertida a través del uso de las cámaras.

El “ojo del águila” es un elemento interesante que permite a deportistas o entrenadores tener la chance de revisar alguna jugada y hacer más justo el resultado final, si bien nunca se está exento de alguna equivocación que beneficie sin razón a alguno de los protagonistas. El rugby tiene un árbitro de TV que opina cuando el juez principal se lo pide, el básquet ha ido achicando el tiempo de posesión para lograr mayor ritmo y estirando la línea de 3 puntos para no hacer tan tentadores los disparos de larga distancia y volcar más el juego a las cercanías del canasto, y como esos ejemplos hay otros que podrían enumerarse para reflejar la intención de muchas federaciones deportivas de mejorar su “producto”.

El fútbol avanza a paso lento, confundiendo el folclore con lo que debería ser, excusa con la cual muchos afirman que si un colegiado cobra un penal que no fue u omite uno que sí se produjo, o da un gol cuando la pelota no entró, son situaciones que agregan emociones y polémica, cuando en realidad se tratan solamente de acciones donde un equipo es perjudicado y que no deberían suceder.

Es cierto que en el ámbito doméstico, donde reina el amateurismo o una suerte de “miniprofesionalismo” porque algunos jugadores cobran algunos viáticos por sus servicios (que, obviamente, no alcanzan para vivir y solo para sumar un ingreso extra), incorporar la tecnología es poco menos que impracticable, aunque en lo que sí la International Board podría empezar a fijarse es en corregir algunas reglas y no pensar que todo pasa por limitar a los arqueros (con la regla de 6 segundos que nadie cumple, no pudiendo levantar la pelota una vez que la tiene en sus manos o prohibiéndosele que la tome cuando recibe un pase de un compañero).

Se nos ocurren algunas ideas tales como permitir asistir a un futbolista lesionado mientras sigue el juego (como sucede en el rugby) y de esa forma eliminar el falso “fair play” donde un equipo detiene un ataque para que atiendan a un contrincante y después le devuelven la pelota a cien metros de donde estaba la jugada. O bien que se pueda parar las acciones pero con tiro libre o lateral a favor del que tiene el balón desde el lugar donde estaba cuando el árbitro pita, manteniendo la posesión como ocurre en el básquetbol.

Otra ocurrencia que tal suene algo loca es la eterna historia de la invasión de área en los penales. Habría que hacer algo parecido como el corner corto del hockey, aunque en este caso solamente con ejecutante y arquero mano a mano, con el resto de los jugadores en mitad de cancha y pudiendo correr hacia el área recién cuando el árbitro da la orden para disparar. Así, difícilmente algún defensor o atacante pueda llegar a intervenir y la cuestión se definiría entre un futbolista por cada bando.

Se nos ocurren otras propuestas (tiempo neto, por ejemplo) que en una próxima editorial desarrollaremos, con el deseo de que el fútbol, como otros deportes, vaya modernizando su arcaico reglamento...

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