Recuento de votos: lo que está en juego es la voluntad popular, no intereses partidarios

Que la Junta Electoral de la Provincia de Buenos Aires revise con atención el resultado de las elecciones de Rojas es un imperativo, y no en función de interés partidario alguno, sino porque lo que está en juego es nada más y nada menos que la voluntad popular.

No es común que una elección donde votan más de 16.000 personas termine definiéndose por un margen tan ajustado como la de Rojas, en la que según el escrutinio provisorio, el Frente Renovador aventajó al Frente Progresista por unos 20 votos.

En la inmensa mayoría de los casos, las diferencias entre ganadores y perdedores son superiores, y eso convierte en irrelevante al margen de error que siempre existe en todo escrutinio provisorio.

Todo recuento de votos, al ser realizado por seres humanos, contiene algunos errores, más allá de la buena predisposición, la atención y la conciencia con las que se realiza. Claro que en el marco de diferencias de cierta magnitud, tales errores carecen de toda importancia.

En el caso de Rojas las cosas son distintas, porque ante una diferencia tan exigua, unos pocos votos mal contados, o mal registrados, son importantes. Un "7" parecido a un "1" en un solo certificado electoral puede tornarse significativo.

Esta necesidad de prestar mayor atención al recuento de votos de la elección rojense no tiene nada que ver con intereses partidarios. Es evidente que, en una actitud razonable, esperable, lógica, que forma parte del normal juego democrático, el gobierno se aferra al resultado del escrutinio provisorio, mientras el Frente Progresista presta atención a posibles errores en el recuento.

Esto no tiene nada de malo, al contrario: raro sería que no ocurriera.

Pero más allá de esto, el rol de la Junta Electoral, que es arbitral y no defensor de interés partidario alguno, debe ser el de garantizar el respeto a la voluntad popular.

Las reglas de nuestra democracia establecen que un solo voto de diferencia en favor de un partido por sobre otro, lo convierte en ganador. Esto es lo que la Junta Electoral deberá tener en cuenta para prestar atención al escrutinio rojense, determinando cuáles son los errores del recuento provisorio (que siempre los hay), y cuál es el efecto de su corrección. Porque una vez saldados tales errores, tanto cabe esperar un crecimiento del Frente Progresista como un estiramiento de la ventaja del Frente Renovador.

Tal es lo que ocurrió, por ejemplo, en las últimas elecciones presidenciales en Venezuela: luego de que la oposición derrotada exigiera el recuento de votos, fueron encontrados algunos errores que determinaron una mayor ventaja final para el presidente electo Nicolás Maduro. O en nuestro país, en 2011, momento en que el escrutinio definitivo dejó claro que Cristina Fernández de Kirchner no había obtenido el 54% sino el 55,1% de los votos.

Pero más allá de especulaciones, hay un hecho concreto: las elecciones en Rojas se definieron por un margen tan estrecho que puede ser comparable al del error esperado en el escrutinio provisorio, por lo que se impone un recuento con mayor atención; no en defensa de interés partidario alguno sino, como se ha dicho, para garantizar que se cumpla cabalmente la voluntad popular.

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