El apenas perceptible pero evidente retorno de la violencia política

El atentado cometido contra la quinta del candidato frenteprogresista Claudio Rossi podría ser considerado como un hecho aislado, pero sólo si se admite que el universo comienza en el puente del Club de Pescadores y termina en la rotonda. Si convenimos en que es más grande que eso, entonces hay que mirarlo con otros ojos.

El atentado contra la quinta de Rossi es un indicio. Sumado a otros indicios no necesariamente iguales, pero de la misma naturaleza violenta, entonces lo que empieza a armarse es un rompecabezas aterrador.

El atentado contra Rossi es de una gravedad, podríamos decir, simbólica. No produjo daños personales, y los materiales no fueron de gran magnitud. Pero no es algo para tomarse a la ligera, porque sumado al resto de los indicios entonces se torna realmente grave, como se verá:

-Hace algunos días fue asesinado a tiros en el partido bonaerense de Vicente López un muchacho que estaba pegando carteles proselitistas de una fuerza política. Sus amigos denunciaron (y luego la investigación corroboró) que el ataque partió de una camioneta al servicio de un partido opositor al de la víctima. Seis balazos.

-En Jujuy hubo un ataque con varios disparos contra Milagro Sala. La dirigente social no sufrió daños, pero dos de quienes estaban con ella resultaron heridos, uno de suma gravedad.

-En la ruta 31, entre Carabelas y Rojas, fue destruida toda la publicidad proselitista, excepto la de un partido. Los autores fueron integrantes de una patota que llegó como comitiva de un intendente y candidato a diputado nacional que visitó Rojas hace algunos días. En nuestra ciudad, aún en épocas de enfrentamientos políticos fuertes, nunca había pasado algo así.

Todos estos indicios, más los que seguramente existen fuera del conocimiento de este columnista, significan nada más y nada menos que el inicio del retorno de la violencia política a la Argentina. País al que Rojas pertenece.

A esta altura es necesario aclarar que todo lo antedicho no implica involucrar a ningún rojense, ni atribuirle responsabilidad alguna en este hecho poco evidente pero muy preocupante.

No es el gobierno de Rojas, ni los partidos opositores, y ni siquiera los patoteros que llegaron con el candidato, ni el candidato mismo, el responsable de esta situación naciente.

Lo que vemos son instrumentos; el origen de esta violencia política aún embrionaria pero creciente está detrás, invisible, imperceptible, poderoso. Como estuvo detrás de Uriburu, de Isaac Rojas, de Aramburu, de Videla y de Massera.

Por eso es inútil tratar de entender una cuestión compleja analizando únicamente datos locales. El incendio en la quinta de Rossi seguramente tiene autores materiales e intelectuales... posiblemente cercanos a los que en su momento decidieron un ataque a huevazos y tomatazos en el Concejo Deliberante, o un "apriete" al ex intendente Quiri para que renunciara. "Posiblemente" dice. Posibilidad. Puede ser, y también puede no ser. De cualquier manera, con esto tampoco alcanza para comprender lo que está empezando a suceder en toda su magnitud.

Aunque quizás lo más grave no sea la violencia en sí misma, hoy pequeña pero en pleno proceso de crecimiento, sino el peligro de que comience a naturalizarse, a ser mirada e ignorada como un elemento más de la vida cotidiana, como algo "normal".

Si pensamos que el muerto de Vicente López, por ser integrante de la hinchada de un club de fútbol, fue baleado en un "enfrentamiento entre barrabravas"; si suponemos que Milagro Sala fue atacada "por una interna de la Tupac Amaru"; si empezamos ya mismo, cuando la violencia apenas empieza a nacer, a hacernos los boludos y tratar de autoconvencernos de que en realidad hay una explicación particular para cada hecho violento, negándonos a advertir que forman parte de un fenómeno más amplio y tenebroso... si no vemos porque no queremos ver... entonces estaremos condenados a repetir la historia. Porque la violencia política no existe sin complicidad social.

Si la dejamos crecer, cuando la violencia se naturalice empezaremos a justificar la existencia de cada víctima. "Algo habrá hecho." Hasta que nos toque a nosotros. Será ése el momento en que los demás dictaminarán qué habrá sido lo que "hemos hecho". Pero ya será demasiado tarde...

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